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El Salvador en perspectiva
Armas nucleares en manos de terroristas

Mario Rosenthal*
El Diario de Hoy
E-mail: mrelsalv@navegante.com.sv

Sólo el futuro revelará el desenlace de este momento, que sin duda es uno de los más críticos del proceso civilizador.

Si un terrorista posee armas de destrucción masiva, es más que seguro que las usará sin importarle las consecuencias de las represalias, como lo han comprobado los ataques suicidas, aseguran los estrategas americanos y británicos.

Esto justificó la guerra contra Iraq -aunque no se hallaron armas de destrucción masiva- y justificaría una guerra contra Corea del Norte. Está plenamente comprobado que Sadam Hussein se había esforzado por lograr capacidad nuclear. El dictador coreano se ha jactado de tener armas nucleares y ha seguido procesando materiales para construir más. Es conocido que la fuente más importante de dinero duro de Corea del Norte es la venta de materiales nucleares a otros países.
El ex secretario de Defensa de Estados Unidos William Perry declaró recientemente, en una entrevista televisada, que no teme un ataque frontal nuclear de Corea del Norte, sino a la introducción de un arma nuclear o una cantidad de plutonio en de Estados Unidos por parte de uno de los grupos fanáticos enemigos.

Perry dice que una cantidad de plutonio de peso insignificante y de un tamaño que no exceda el de una pelota de baloncesto, sería suficiente para hacer varias bombas atómicas. Preguntó que, si se introducen toneladas de cocaína anualmente a Estados Unidos y con todo el dinero y facilidades que tienen los terroristas y los malvados dispuestos a venderse, entonces cómo se podría evitar. La conclusión es que la única defensa es no dar al enemigo acceso a materiales nucleares, aunque sea a costa de una guerra.

Al Presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y al Primer Ministro de Gran Bretaña, Tony Blair, se les acusa de haber mentido y falsificado información para justificar la guerra que redujo Iraq a escombros y que destruyó el sangriento régimen. Aparte de su amenaza a la paz del mundo, se ha descubierto evidencia de campamentos de exterminio y fosas comunes con miles de ejecutados a sangre fría que compiten con los horrores del holocausto de Hitler. Se ha comprobado que el sistema de Hussein para quedarse en el poder era exterminar a la oposición.

El argumento de que la guerra se justificaba porque Hussein tenía o fabricaba armas nucleares se ha desbaratado puesto que no se han descubierto pruebas. No obstante la posibilidad de la existencia de armas químicas y biológicas se mantiene por su poco volumen y facilidad de esconderlas. También el propio Hussein, aunque al principio negó haber producido el agente letal de gas VX, tuvo que retractarse cuando cantidades importantes fueron descubiertas por inspectores de las Naciones Unidas.

La necesidad de justificar la guerra con pruebas palpables para salvar al mundo de la amenaza de un cataclismo terrorista y liberar a Iraq de las garras de un comprobado criminal ha puesto en aprietos a George Bush y Tony Blair. No basta que se trataba de un reconocido abusador de los derechos humanos, que había sometido a su país a un régimen despótico y sanguinario durante cuarenta años y que había mostrado ser capaz de usar la violencia cuando invadió a Kuwait y provocó la Guerra del Golfo. También se necesitaba la aprobación doméstica e internacional.
Es muy posible que la recompensa que recibirán los dos valientes dirigentes mundiales, George Bush y Tony Blair, por liberar al mundo de Hussein será que sus enemigos políticos aprovecharán para removerlos del poder por haber mentido y exagerado el peligro inmediato, para lanzarse a una guerra para prevenir consecuencias aún peores.

Sólo el futuro revelará el desenlace de este momento, que sin duda es uno de los más críticos del proceso civilizador que la humanidad ha emprendido, pero tenemos la plena seguridad de que lo superaremos, igual que todas las demás crisis de nuestra agitada y tormentosa historia que parecían insuperables.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

 

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