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La nota del día
Criticar lo inmoral no es “difamar”

Muy mal estamos, cuando una gremial de periodistas no encuentra forma distinta de contestar a la crítica, que insultando a quien se las hace.

Por lo visto y oído somos, aquí, en EL DIARIO DE HOY, los aguafiestas: protestar por lo inmoral de pedir a la Asamblea una asignación presupuestaria de casi setecientos mil dólares para la “caja mutual de periodistas”, se considera por los de APES una “campaña de difamación”. Inclusive uno de sus voceros dijo que “mentíamos” al señalar que APES era la beneficiaria, blandiendo un legajo de papeles frente a las cámaras pero sin demostrar nada.

En su totalidad, el proyecto es parcial hacia la APES. En el artículo 10, se nombra como directores a dos representantes de la APES. En otro artículo se habla de organizaciones nacionales de periodistas acreditadas legalmente hasta la fecha: que sepamos no hay ninguna otra que tenga los más de setenta y cinco miembros que se necesitan para ser reconocida como tal, requisito que no se exige a la APES.

Del cuerpo de directores de la Caja, es que se nombran los presidentes, vicepresidentes y secretarios; lo que a fin de cuentas recae en socios de APES, con sus respectivas dietas. El presidente de la Caja además recibirá un sueldo para dedicarse a tiempo completo. La burocracia se rellena con un gerente y los necesarios subgerentes. La Caja, por lo demás, no tiene forma de cobrar cuotas en mora, ni responden los directivos por una bancarrota. El Consejo Directivo nombra al auditor, lo que, dada su poca idoneidad en tales menesteres, abre puertas a las picardías.

Lo medular del asunto es, sin asomo de duda, lo inmoral de que periodistas anden pidiendo dinero a los diputados en beneficio propio. Es inmoral porque muchos periodistas dan cobertura a lo que sucede en la Asamblea, hacen entrevistas a los diputados, informan sobre los partidos políticos y conocen de las actividades personales de ellos.

Gritan a Pedro para que entienda Juan

Piden dinero y se exponen que a la corta o la larga les pasen factura.
Más importante todavía es que el periodista siempre llena una función fiscalizadora de los poderes públicos, por lo que debe cuidarse muchísimo de no caer en conflictos de interés. Los periodistas son el contrapoder, no “el cuarto poder”, lo que les obliga a mantenerse de vigías, de fiscales, de centinelas a favor de la libertad y el bien general. El vigilante que se deja sobornar o pide regalías se descalifica de inmediato. No pueden los periodistas andar pidiendo dinero y al mismo tiempo ser independientes.

La amoralidad de los directivos de la APES se pone en evidencia con el solo hecho de que ni siquiera se dan cuenta de lo repugnante de su conducta. Pero además cometen otro pecado capital para un periodista: son absolutamente intolerantes ante la crítica, como lo demuestran al decir que oponerse a una chanchada es “difamar” y “hacer campañas”. Lo procedente es responder a los argumentos con otros argumentos, aunque no encontramos qué puede justificar pedir dineros públicos para su provecho privado.

Muy mal estamos, cuando una gremial de periodistas no encuentra forma distinta de contestar a la crítica, que insultando a quien se las hace. Pero en el caso de APES, es claro que quieren que otros entiendan que oponerse a sus pretensiones los expone a críticas y difamaciones de la peor especie. Esos “otros” son los diputados y partidos que no voten a favor del soborno colectivo.

 

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