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Una
mujer recorre América montada en un caballo
El
viaje se inició en Argentina hace un año. Quiere llegar
a Estados Unidos.
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Reyna Durán(der.)
observa a María Delmi vendiéndole un refresco
a Marianne Du Toit, montada en su yegua Mise.
Foto EDH
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La extraña imagen llama la atención de cualquiera.
A la orilla de la carretera, muy cerca del puente Quebrada Seca,
en San Vicente, aparece una desconocida, quien cabalga una yegua
a paso lento. Les sigue un caballo, exhausto.
Muchos la observan con curiosidad; otros, con temor. ¿Quién
es?
Al acercársele, la mujer levanta un poco el sombrero que
la protege del inclemente sol del mediodía e inmediatamente,
queda al descubierto un rostro blanco, empapado de sudor. Sus ojos
son de azul claro.
Luego del saludo, sonríe y se presenta: su nombre es Marianne
Du Toit, de 32 años. Nació en Sudáfrica, pero
vive en Irlanda.
Antes de que cualquiera le pregunte ¿qué hace
por estas calurosas tierras?, ella se adelanta: pretende recorrer
toda América Latina, montada en una yegua o a caballo, según
la bestia de turno.
El viaje inició en Argentina hace un año y ha recorrido
Bolivia, Brasil, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Nicaragua,
Honduras y El Salvador.
Entró en el país el lunes 21 de julio por la frontera
de El Amatillo, en La Unión. A media semana, estuvo en San
Miguel. Ayer, a paso lento, se dirigía hacia San Rafael Cedros,
en Cuscatlán.
Mañana, domingo, podría llegar a San Salvador. Descansará
aquí una semana y continuará su viaje.
Su espíritu inquieto, aventurero, contrasta con el trato,
suave y pausado.
Marianne confiesa que la travesía le ha servido para conocer
aún más las condiciones de pobreza en la que viven
miles de latinoamericanos.
Y aunque toda la región está muy afectada por la inseguridad
y la delincuencia, a ella no le ha pasado nada en ninguna de las
naciones visitadas.
En sus alforjas sólo lleva lo necesario, un par de mudas,
accesorios para el aseo personal, una tienda de campaña,
un libro y una cámara fotográfica.
El viaje no sólo servirá para cumplir un deseo, sino
también para recaudar fondos, con los que quiere construir
un centro que atienda a niños discapacitados en Irlanda.
Se despide y sigue su marcha, cuesta arriba, rumbo norte.
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