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Comentario de la semana
El debate sobre Iraq
Estas
dos personas (Uday y Qusay) encabezaron un régimen responsable
de torturar y asesinar a miles y miles de inocentes iraquíes.
Tony Blair,
Primer Ministro británico.
Washington, D.C.- Uday y Qusay Hussein, herederos de las atrocidades
de su padre, fueron, en vida, los dos miembros más temidos
del depuesto régimen iraquí.
Superados únicamente por Sadam, el carnicero mayor.
Sus muertes dieron lugar a que en un resplandeciente día
en esta bella ciudad, afirmara el Presidente estadounidense George
W. Bush (sobre el régimen de Sadam) (que) ya no está
y no volverá.
Para Bush, el éxito de ese operativo militar constituyó
una importante victoria política en momentos que se le ha
venido cuestionando su preparación para ir a
la guerra, específicamente la cita de la compra de uranio
en África utilizada en su Discurso ante la nación,
el pasado mes de enero, de la cual el propio vocero presidencial
reconoció hace un par de semanas que había sido errónea.
En todo caso, la Casa Blanca había decidido ya -antes de
la muerte de Uday y Qusay- dar a conocer un informe parcial de inteligencia,
que, además de las horrendas aspiraciones del régimen
de Sadam, muestra vacíos y pifias en el monitoreo de las
actividades de al Qaeda, organización terrorista de alcance
global que inició actividades contra los Estados Unidos hará
unos ocho años.
En este contexto apareció el martes por la noche, en Larry
King Live, el ex Presidente estadounidense Bill Clinton, quien
además de decir que todo el mundo comete errores cuando
se convierte en Presidente, especificó que el
asunto (el punto de debate) sobre el cual debemos ahora enfocarnos
es en qué es lo que debemos hacer en este momento (en Iraq).
En el fondo, además de defender su récord, la interpretación
política de lo dicho por Clinton es que estaría aconsejando
a los aspirantes a la nominación presidencial del Partido
Demócrata que las críticas a Bush sobre Iraq los está
tirando mucho hacia la izquierda, fuera del sentir mayoritario,
que continúa apoyando a la coalición que derrocó
a Hussein.
Por su parte, el Vicepresidente Cheney, en una inusual presentación
pública este pasado jueves en el American Enterprise Institute,
acusó a los críticos de la política hacia Iraq
de ignorar años y años de información clasificada
sobre el peligro que representaba el régimen de Hussein.
Pero no se quedó ahí
En lo que el periódico The Washington Times denominó
una letanía de hechos sobre el programa de armas
de destrucción masiva de Iraq, el Vicepresidente dijo que
la mayoría de agencias estadounidenses concordaba en que
los elementos claves del programa iraquí de armas biológicas
se encontraba activo, más avanzado de lo que estaba
antes de la Guerra del Golfo, en 1991.
Doce años de diplomacia, más de una docena de
resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, cientos de inspectores
de Naciones Unidas en Iraq y hasta ataques precisos contra instalaciones
militares iraquíes fallaron en lograr el objetivo:
que cumpliera Hussein las resoluciones de la ONU, dijo Cheney.
Además, precisó que a fines del año pasado
el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad (15
a 0) una resolución, advirtiendo a Sadam de serias
consecuencias si no cumplía total e inmediatamente
con las resoluciones de la comunidad internacional. Al final, dijo,
el Presidente Bush le dio a Sadam y a sus hijos 48 horas para abandonar
Iraq. Su decisión de desafiar al mundo fue en esencia
la última que hizo como dictador de ese país.
Viendo en Larry King Live, el miércoles por la noche, al
embajador Paul Bremen, administrador en Iraq, a la pregunta de Larry
sobre qué era lo que más lo había impresionado
de su vivencia en Iraq, dijo: El increíble daño
a la economía durante los 35 años de Sadam en el poder.
En cuanto al uso de la vastedad de recursos con que contó
el régimen: armas y jugosas cuentas en bancos en el exterior.
Y pensar que hay quienes, en el trópico, se siguen oponiendo
a lo que será el nuevo Iraq.
*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de
Hoy.
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