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El escultor de los santos

Instalado en su pequeño taller de escultura y pintura en Ataco, Ahuachapán, Miguel Jiménez Hernández, de 53 años, es uno de los pocos artesanos que aún trabajan la madera.

Ricardo Guevara
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com

Fotos EDH/Arely Umanzor

En un mesón de láminas y bahareque, ubicado en una de las calles empedradas de Concepción de Ataco, se encuentra el taller de escultura y pintura “Guadalupana”, de don Miguel Jiménez.

Don Miguel es un hombre de piel trigueña, cabello negro y ojos oscuros, quien ha dedicado toda su vida a trabajar en la imagenería.

Sus inicios en esta actividad se remontan a la infancia, cuando su padre, un reconocido artesano de Ataco, le empezó a enseñar, lo mismo que a sus hermanos el oficio de la escultura, actividad con la cual se han ganado la vida desde entonces.

Ahora su taller funciona en su pequeño cuarto, ubicado a la orilla de la calle El Comercio en el barrio El Centro, en el que se pueden observar trozos de madera de cedro y de nogal listos para ser moldeados por el hábil artesano.

En el interior del taller se hallan cuadros religiosos e imágenes de madera a medio tallar, sin faltar el peculiar olor a madera en cada uno de los rincones de la habitación.

Artesano por excelencia

Trabajar y dar forma a la madera no es una tarea fácil, ya que se deben tratar de plasmar muchos detalles finos y tratar de que un objeto inanimado parezca casi real.

Imágenes de San Miguel Arcángel, de la Virgen María, de San José, de San Martín de Porras y de la Virgen del Rosario son algunas de las que ha tallado a mano este artesano.

“Yo no utilizo ningún tipo de maquinaria industrial. Todas mis herramientas son manuales, ya que así se puede lograr mejores detalles y se trabaja de forma más personalizada”, afirma don Miguel, quien recibe pedidos de varios lugares del país. Incluso iglesias de Guatemala cuentan con algunas de sus obras.

La especialidad del artesano son las imágenes religiosas; sin embargo, también ha fabricado artículos que no son de índole católica.

El tiempo de fabricación de una de estas obras es variable, ya que de acuerdo a su tamaño y complejidad puede oscilar entre uno hasta seis meses.

A través de sus manos callosas, pero habilidosas con la madera, se han forjado innumerables figuras de santos, máscaras típicas que utilizan los historiantes e incluso urnas para el santo entierro.
El costo de las obras pude variar, de acuerdo a la imagen, tamaño y los detalles, desde los quinientos hasta los cinco mil colones.

¿Quiere una escultura?
Si está interesado en conocer un poco más sobre este artesano o desea encargar una escultura, puede visitarlo en la calle El Comercio, barrio El Centro, o comunicarse a los teléfonos 450-5278 y 843-9394 con Miguel Jiménez Hernández.
La ciudad del encanto
Ataco significa “lugar de elevados manantiales”, y como la mayoría de las poblaciones de la zona occidental del país, tiene como patrimonio principal el cultivo del café.
Celebra sus fiestas patronales del 9 al 15 de diciembre, en honor de la Inmaculada Virgen de Concepción.
Esta ciudad está ubicada a 1,250 metros sobre el nivel del mar. El título de villa le fue concedido el 11 de mayo de 1911, pero por no haberse publicado en decreto legislativo de esa fecha fue ratificado una vez más el 11 de abril de 1913.
El título de ciudad lo recibió en 1999.



 

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