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El
escultor de los santos
Instalado
en su pequeño taller de escultura y pintura en Ataco, Ahuachapán,
Miguel Jiménez Hernández, de 53 años, es uno
de los pocos artesanos que aún trabajan la madera.
En un mesón de láminas y bahareque, ubicado en una
de las calles empedradas de Concepción de Ataco, se encuentra
el taller de escultura y pintura Guadalupana, de don
Miguel Jiménez.
Don Miguel es un hombre de piel trigueña, cabello negro y
ojos oscuros, quien ha dedicado toda su vida a trabajar en la imagenería.
Sus inicios en esta actividad se remontan a la infancia, cuando
su padre, un reconocido artesano de Ataco, le empezó a enseñar,
lo mismo que a sus hermanos el oficio de la escultura, actividad
con la cual se han ganado la vida desde entonces.
Ahora su taller funciona en su pequeño cuarto, ubicado a
la orilla de la calle El Comercio en el barrio El Centro, en el
que se pueden observar trozos de madera de cedro y de nogal listos
para ser moldeados por el hábil artesano.
En el interior del taller se hallan cuadros religiosos e imágenes
de madera a medio tallar, sin faltar el peculiar olor a madera en
cada uno de los rincones de la habitación.
Artesano por excelencia
Trabajar y dar forma a la madera no es una tarea fácil, ya
que se deben tratar de plasmar muchos detalles finos y tratar de
que un objeto inanimado parezca casi real.
Imágenes de San Miguel Arcángel, de la Virgen María,
de San José, de San Martín de Porras y de la Virgen
del Rosario son algunas de las que ha tallado a mano este artesano.
Yo no utilizo ningún tipo de maquinaria industrial.
Todas mis herramientas son manuales, ya que así se puede
lograr mejores detalles y se trabaja de forma más personalizada,
afirma don Miguel, quien recibe pedidos de varios lugares del país.
Incluso iglesias de Guatemala cuentan con algunas de sus obras.
La especialidad del artesano son las imágenes religiosas;
sin embargo, también ha fabricado artículos que no
son de índole católica.
El tiempo de fabricación de una de estas obras es variable,
ya que de acuerdo a su tamaño y complejidad puede oscilar
entre uno hasta seis meses.
A través de sus manos callosas, pero habilidosas con la madera,
se han forjado innumerables figuras de santos, máscaras típicas
que utilizan los historiantes e incluso urnas para el santo entierro.
El costo de las obras pude variar, de acuerdo a la imagen, tamaño
y los detalles, desde los quinientos hasta los cinco mil colones.
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¿Quiere una escultura?
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Si está interesado
en conocer un poco más sobre este artesano o desea encargar
una escultura, puede visitarlo en la calle El Comercio, barrio
El Centro, o comunicarse a los teléfonos 450-5278 y 843-9394
con Miguel Jiménez Hernández.
La ciudad del encanto
Ataco significa lugar de elevados manantiales, y
como la mayoría de las poblaciones de la zona occidental
del país, tiene como patrimonio principal el cultivo
del café.
Celebra sus fiestas patronales del 9 al 15 de diciembre, en
honor de la Inmaculada Virgen de Concepción.
Esta ciudad está ubicada a 1,250 metros sobre el nivel
del mar. El título de villa le fue concedido el 11 de
mayo de 1911, pero por no haberse publicado en decreto legislativo
de esa fecha fue ratificado una vez más el 11 de abril
de 1913.
El título de ciudad lo recibió en 1999. |
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