| |

Tema del momento
¿Dónde está la obra?
La
APES ha confundido su papel. Ha pretendido convertirse en un tribunal
que determina qué es ético y qué no.
El éxito de un profesional se mide por la calidad de su obra.
Un médico se siente orgulloso de las vidas que ha salvado;
un delantero de fútbol, de sus goles. Un arquitecto sentirá
profunda satisfacción porque sus diseños se materializan
en armoniosas construcciones. Un maestro carpintero se deleitará
en pulir la madera que en sus manos se transforma en una pieza hermosa
y útil.
La calidad profesional no está validada por una hoja de vida
y ni siquiera por las recomendaciones de terceros. Está validada
por la obra realizada. De nada sirve que un general luzca brillantes
estrellas, botas lustradas o que se la pase hablando sobre la disciplina
militar si, al final, fue un cobarde en la batalla. Miguel Induráin
fue grande por haber ganado media docena de veces la vuelta a Francia,
no por pasar hablando de la teoría del equilibrio.
De un periodista, uno espera que escriba noticias, tome fotografías,
haga entrevistas, elabore grandes reportajes. Dependerá del
talento y la dedicación del periodista que su obra tenga
calidad. Pero en todo caso habrá una obra que juzgar. Lo
incomprensible es que un periodista que se precie de tal no tenga
ninguna obra.
Y lo más triste: que para encubrir la esterilidad se la haya
pasado sermoneando sobre el bien y el mal.
Me parece que es muy saludable que nuestras escuelas de periodismo
hagan énfasis en la cuestión ética en el desempeño
de la profesión. Casi todas las carreras, o todas, incluyen
en el pénsum la asignatura ética profesional como
requisito de graduación. Esto es así, porque el comportamiento
ético debe ser parte inherente en el desempeño no
sólo de un profesional, sino de toda persona.
La ética profesional, sin lugar a dudas, es parte del ejercicio
profesional, pero no es toda la profesión. Hay teoría
que aprender, destrezas que adquirir, práctica que realizar.
¿Cómo se puede juzgar desde el punto de vista de la
ética un trabajo si no existe tal trabajo profesional? Y
eso es lo preocupante en el caso de algunas nuestras escuelas de
periodismo. Todo el énfasis parece estar volcado en la cuestión
ética y muy poco al arte de escribir y hablar bien.
La Asociación de Periodistas de El Salvador, APES, es un
fiel producto de esa tendencia. Muy poco se habla allí de
temas relacionados con las técnicas modernas para la elaboración
de noticiarios de radio o de televisión, o de la incidencia
que tienen los asombrosos avances tecnológicos en el proceso
de investigación periodística.
Tampoco hay, en el local de la APES, obras que contengan grandes
reportajes (como los de Norman Mailer) o volúmenes de entrevistas
(como las de Oriana Falacci), para que los jóvenes periodistas
y estudiantes amplíen sus marcos de referencia. En cambio,
se vive hablando y debatiendo, en el vacío, sobre la cuestión
ética. La APES ha confundido su papel. Ha pretendido convertirse
en una especie de tribunal que determina qué es ético
y qué no. A veces pareciera que es una asociación
de religiosos y no de periodistas.
Y lo están haciendo, a mi juicio, bastante mal. Sus resoluciones
son patéticas. El caso de Generacción
es un ejemplo que brilla como un sol. Si el famoso programa no fue
transmitido el día señalado, luego de una presión
de un líder político, es porque hubo censura previa.
En todo caso, eso es lo que había que aclarar. Pero no. Los
miembros de la mencionada asociación se entrevistaron con
los directores y dueños del canal, nada más. Y sobre
esa base emitieron una resolución.
La resolución terminó siendo un rapapolvo contra Carlos
Hermann Bruch, el censurado. En esta ocasión, la APES actuó
totalmente en contra de lo que pregona. Como se diría en
la jerga sindical: actuaron a favor de la patronal. A Carlos Hermann
ni siquiera le pidieron su opinión.
En otras ocasiones, cuando camarógrafos de TCS han sido agredidos
físicamente, la resolución señala de manera
blanda al agresor y reconviene a la víctima para que no vuelva
a provocar esas situaciones. ¡Caracoles! Es como regañar
al violador y también a la violada por usar faldas cortas.
Pero es que también los enfoques sobre la ética misma
que tiene la APES son bastantes confusos.
Para David Rivas, un típico miembro de esa asociación,
el que un periodista acepte una invitación, con gastos pagados,
para cubrir un evento del Presidente es un hecho que está
reñido con la ética. Pero no lo está el ir
a pedirle a ese mismo Presidente seis millones de morlacos
para fundar una caja mutual que beneficie a los periodistas. El
peor de los maniqueísmos enlatado al vacío.
Para la APES, es poco ético que un periodista de radio sea
asesor en comunicaciones de la Policía Nacional Civil, pero
no lo es el que otro periodista en funciones sea precandidato presidencial
de un partido político. Es poco ético simpatizar con
la derecha, pero es una virtud simpatizar con la izquierda.
Hay una actitud de fingida valentía en la denuncia de agresiones
contra la prensa en el país, sobre todo relacionada con la
pauta publicitaria del gobierno (al final siempre el pleito es por
el pistillo gubernamental), y un vergonzoso silencio ante los brutales
atropellos contra libertad de expresión en Cuba y Venezuela.
Los argumentos de la APES son tan flojos que lo único que
se les ocurrió a sus connotados miembros, ante los señalamientos
críticos de un periodista de extensa y cualificada obra,
es hacer alusiones a su nacionalidad. El más triste de los
recursos: apelar a la xenofobia.
Personalmente, creo que el mejor comportamiento ético en
cualquier profesión es ser consecuentes con los propios principios,
rebelarse contra la mediocridad y construir un legado. Me pregunto,
¿dónde está la obra de muchos periodistas que
se la viven pontificando sobre el bien y el mal?
*Columnista de El Diario de Hoy.
|
|