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Cosas de nuestras tierras
Hoy quitan la impunidad al hondureño, y al nicaragüense,
¿Cuándo?
Cosas
estamos viendo, Sancho amigo, que harán fablar hasta las
mismas piedras. Que el Divino Salvador del Mundo nos proteja de
tanta impunidad.
Siempre y cuando arribamos a mi ciudad natal, Managua, lo primero
que hacemos, luego de saludar a familiares y amigos, es ponernos
al tanto de lo que allí acontece.
Y es así como hemos seguido, paso paso, el aguacero de denuncias
que, con sus correspondientes e irrecusables pruebas, han caído
sobre la cabeza del robusto reo Arnoldo Alemán Lacayo, ex
Presidente de Nicaragua, ex Presidente de la Asamblea Legislativa.
Presidente del Partido Liberal arnoldista y honorable
miembro del Parlamento Centroamericano (Parlacen), que se niega
rotundamente, alegando esto o aquello, a despojarlo de la impunidad
de que goza como parlamentario, incluso pide su libertad.
Entre las varias travesuras de las que se acusa al reo
Alemán Lacayo, una es la de haberse enriquecido desmesuradamente,
a costa del erario nacional, vale decir a costa del pueblo nicaragüense,
otra de haber usado la tarjeta de crédito de Casa Presidencial,
para andar, él, su distinguida y aún guapa esposa
y un séquito de palaciegos, por todos los lugares más
lujosos de la Tierra, dilapidando en comilonas, joyas y hospedajes
en hoteles cinco estrellas, la bicoca de dos millones de dólares.
Como si la cosa no fuese de por sí suficiente, se le está
investigando, con pruebas que le hacen culpable del lavado de, cerca
o lejos, de cien millones de dólares, lo que unido a los
cien que se llevó del erario nacional y minucias
por el estilo, cual es ser propietario de más de cincuenta
casas de lujo, fincas y haciendas, todo lo cual hace a este mediano
productor de café, uno de los hombres más adinerados
del Istmo.
En su meteórico ascenso en la ordalía de robos, no
estuvo solo, uno de sus más conspicuos testaferros es el
reo Byron Jerez, quien, al igual que muchos sandinistas, se arrimó
a Alemán, cuando llevaba una mano adelante y la otra atrás,
convirtiéndose, de la noche a la mañana, en otro de
los millonarios que han surgido como hongos en la desventurada Nicaragua.
Byron Jerez, por un verdadero milagro, guarda prisión en
la cárcel modelo de Tipitapa.
La defensa que le hace al reo Alemán Lacayo el Parlacen,
se deben, según los ingenuos, entre los que me cuento yo,
a que sus miembros, ocupados en encontrar la felicidad de los pueblos
de Centroamérica, no han tenido tiempo ni tan siquiera de
leer los titulares de los diarios de Nicaragua, y los mal intencionados,
entre los que no estoy yo, dicen que tal defensa se debe a que ellos
han traído a colación aquella sabia regla que dice:
Hoy por ti, mañana por mí.
La noticia que nos ha servido de pretexto para escribir este artículo
es la aparecida en EL DIARIO DE HOY, página 25, del sábado
28 de junio, en donde a grandes titulares se nos informa que al
representante en el Parlacen por parte de Honduras, el narcotraficante
César Augusto Díaz Flores, quien protagonizara bochornoso
espectáculo en la frontera costarricense-nicaragüense,
liándose a balazos con las autoridades aduaneras de Costa
Rica y siendo apresado en el lado nicaragüense, con un pequeño
alijo que en el mercado estadounidense el mayor para
comerciar las drogas en el mundo vale la bicoca de cuatro
millones de dólares, se le había suprimido la inmunidad,
que él creyó, al igual que muchos otros, era sinónimo
de impunidad, dejándolo así a merced de la justicia
de Nicaragua, la cual, además, bien le puede acusar de coyote,
pues trataba de hacer pasar en su lujosa camioneta con placas del
Parlacen, a dos ciudadanos chinos, a quienes, con toda seguridad,
debió de haber cobrado sus buenos centavitos, en dólares,
por supuesto, y no en quetzales o Lempiras.
El rigor con que ha reaccionado Parlacen con su honorable colega,
don César Augusto, hace que entre los nicaragüenses
nazca la esperanza de que algún día, enterados los
señores del Parlacen de quién es su honorable
colega, hagan lo mismo que con el hondureño y le supriman
de una vez por todas, y sin andar buscando pretexto, la inmunidad
que don Arnoldo ha convertido en impunidad.
Hoy, Parlacen suprime la impunidad, perdón, la inmunidad
a su colega hondureño, quien además tiene cuentas
con la justicia de su país, pero y al nicaragüense don
Arnoldo, nos preguntamos: ¿Cuándo?
Cosas estamos viendo, Sancho amigo, que harán fablar hasta
las mismas piedras. Que el Divino Salvador del Mundo nos proteja
de tanta impunidad.
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