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Cosas de nuestras tierras
Hoy quitan la “impunidad” al hondureño, y al nicaragüense, ¿Cuándo?

Manuel J. Aguilar Trujillo*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Cosas estamos viendo, Sancho amigo, que harán fablar hasta las mismas piedras. Que el Divino Salvador del Mundo nos proteja de tanta impunidad.

Siempre y cuando arribamos a mi ciudad natal, Managua, lo primero que hacemos, luego de saludar a familiares y amigos, es ponernos al tanto de lo que allí acontece.

Y es así como hemos seguido, paso paso, el aguacero de denuncias que, con sus correspondientes e irrecusables pruebas, han caído sobre la cabeza del robusto reo Arnoldo Alemán Lacayo, ex Presidente de Nicaragua, ex Presidente de la Asamblea Legislativa. Presidente del Partido Liberal arnoldista y “honorable” miembro del Parlamento Centroamericano (Parlacen), que se niega rotundamente, alegando esto o aquello, a despojarlo de la “impunidad” de que goza como parlamentario, incluso pide su libertad.

Entre las varias “travesuras” de las que se acusa al reo Alemán Lacayo, una es la de haberse enriquecido desmesuradamente, a costa del erario nacional, vale decir a costa del pueblo nicaragüense, otra de haber usado la tarjeta de crédito de Casa Presidencial, para andar, él, su distinguida y aún guapa esposa y un séquito de palaciegos, por todos los lugares más lujosos de la Tierra, dilapidando en comilonas, joyas y hospedajes en hoteles cinco estrellas, la bicoca de dos millones de dólares.

Como si la cosa no fuese de por sí suficiente, se le está investigando, con pruebas que le hacen culpable del lavado de, cerca o lejos, de cien millones de dólares, lo que unido a los cien que se llevó del erario nacional y “minucias” por el estilo, cual es ser propietario de más de cincuenta casas de lujo, fincas y haciendas, todo lo cual hace a este mediano productor de café, uno de los hombres más adinerados del Istmo.

En su meteórico ascenso en la ordalía de robos, no estuvo solo, uno de sus más conspicuos testaferros es el reo Byron Jerez, quien, al igual que muchos sandinistas, se arrimó a Alemán, cuando llevaba una mano adelante y la otra atrás, convirtiéndose, de la noche a la mañana, en otro de los millonarios que han surgido como hongos en la desventurada Nicaragua. Byron Jerez, por un verdadero milagro, guarda prisión en la cárcel modelo de Tipitapa.

La defensa que le hace al reo Alemán Lacayo el Parlacen, se deben, según los ingenuos, entre los que me cuento yo, a que sus miembros, ocupados en encontrar la felicidad de los pueblos de Centroamérica, no han tenido tiempo ni tan siquiera de leer los titulares de los diarios de Nicaragua, y los mal intencionados, entre los que no estoy yo, dicen que tal defensa se debe a que ellos han traído a colación aquella sabia regla que dice: “Hoy por ti, mañana por mí”.

La noticia que nos ha servido de pretexto para escribir este artículo es la aparecida en EL DIARIO DE HOY, página 25, del sábado 28 de junio, en donde a grandes titulares se nos informa que al representante en el Parlacen por parte de Honduras, el narcotraficante César Augusto Díaz Flores, quien protagonizara bochornoso espectáculo en la frontera costarricense-nicaragüense, liándose a balazos con las autoridades aduaneras de Costa Rica y siendo apresado en el lado nicaragüense, con un “pequeño alijo” que en el mercado estadounidense —el mayor para comerciar las drogas en el mundo— vale la bicoca de cuatro millones de dólares, se le había suprimido la inmunidad, que él creyó, al igual que muchos otros, era sinónimo de impunidad, dejándolo así a merced de la justicia de Nicaragua, la cual, además, bien le puede acusar de coyote, pues trataba de hacer pasar en su lujosa camioneta con placas del Parlacen, a dos ciudadanos chinos, a quienes, con toda seguridad, debió de haber cobrado sus buenos centavitos, en dólares, por supuesto, y no en quetzales o Lempiras.

El rigor con que ha reaccionado Parlacen con su honorable colega, don César Augusto, hace que entre los nicaragüenses nazca la esperanza de que algún día, enterados los señores del Parlacen de quién es su “honorable colega, hagan lo mismo que con el hondureño y le supriman de una vez por todas, y sin andar buscando pretexto, la inmunidad que don Arnoldo ha convertido en impunidad.

Hoy, Parlacen suprime la impunidad, perdón, la inmunidad a su colega hondureño, quien además tiene cuentas con la justicia de su país, pero y al nicaragüense don Arnoldo, nos preguntamos: ¿Cuándo?

Cosas estamos viendo, Sancho amigo, que harán fablar hasta las mismas piedras. Que el Divino Salvador del Mundo nos proteja de tanta impunidad.

 

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