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Encuentro

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Era nuestro tercer día en la montaña. Al amanecer, encontramos huellas y rastros de animal cerca de la casucha en que nos habíamos refugiado.

—No son de otro animal...—, dijo R., observando los rastros. Es eso, la bestia que ha venido. Lo que escuchamos anoche no era el viento huracanado, tratando de abrir la puerta ni las ventanas. Ni resoplando con su aliento en las hendiduras y agujeros, sino eso. Debe andar cerca. Sabe que estamos aquí. Nos vino a buscar. Mejor dicho, vino a buscar la vida, cuerpos.

Nos entró un deseo inesperado de buscarle. De encontrarnos. Al fin subir a la cumbre siempre implica cortar y vencer los miles de miedos y temores que oprimen el corazón.

Buscar a la bestia, o a la que fuera, significaba en el fondo ir al encuentro de eso que vivía en lo más profundo de nuestro ser...

Podría ser un animal perdido de su hábitat, asediado por el frío, el hambre y la soledad. Habría buscado refugio en el bosque de los árboles milenarios. Posiblemente había llegado huyendo de algún lugar, de donde lo habían expulsado, como ocurre muchas veces con el mismo hombre.

Siempre, como el que huye se vuelve fiera, los animales atacan. Tendría hambre. Miedo. Se sentiría extranjero en un lugar que no era de él.

Aquello está encerrado ahí, dentro de ti. Con el hocico babeante. Y tratará de salir por cualquier medio o por cualquier miedo.
Porque siempre hay un temor fuerte en el alma que le hace salir, buscar su libertad.


Día a Día

En esa leyenda sobre “la magnífica educación de Cuba”, se disimula un hecho importantísimo: que tradicionalmente Cuba siempre tuvo una excelente educación y un excelente sistema de salud.

Nada de eso fue invento o logro de Castro. Más bien, las supuestas excelencias de hoy son lo que queda de las glorias pasadas, cuando la Universidad de La Habana fue un faro de ilustración y sabiduría en América. Agréguese a esto que a finales del Siglo XIX, el médico cubano Carlos Finlay descubrió la causa de la fiebre amarilla. Durante el castrismo no han descubierto nada importante, aunque viven anunciando toda clase de conquistas que nadie ve por ninguna parte.

¡Gran educación y gran salud en la Cuba de Castro! Prostitutas sanas e ilustradas como las que históricamente las hubo en Grecia y son las geishas del Japón, especie esta última que se está extinguiendo.
 

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