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La nota del día
Mucho progresamos en medio siglo

Tenemos más y mejores carreteras, menos pobres, excelentes comunicaciones y maravillosas perspectivas.

En su tan reveladora intervención del domingo en el programa “Generacción”, el diputado Schafik Handal recordó lo que era viajar hace cincuenta años a Usulután: un largo trayecto en tren que tomaba medio día. En ese entonces no habían carreteras, no existían líneas de buses y muy pocas personas eran dueñas de automóviles.

El testimonio es importantísimo viniendo de donde viene. Es enorme el progreso que ha tenido El Salvador en estos últimos cincuenta años. Y es enorme muy a pesar de la serie de calamidades que hemos sufrido como nación. El listado de las amarguras es extenso:

—las estupideces del Directorio Cívico Militar y de la Alianza para el Progreso de John Kennedy;
—la agitación comunista de esos años, que fue un freno a la inversión nacional. En 1970 aparecen los primeros grupos terroristas, que emprenden una ola de secuestros contra miembros del sector productivo;
—la crisis petrolera de los setenta;

—los desórdenes callejeros y la agitación urbana se suman al terrorismo. Quema de buses, toma de fábricas, asesinatos, entre ellos el embajador de Sudáfrica y el encargado de negocios de Suiza;

—el golpe de Estado que propició el carterismo norteamericano. Se constituye una Junta con activistas de izquierda, que paraliza la economía;

—se consolidan los democristianos en el poder y da inicio la década de la gran demencia con Napoleón Duarte;

—el robo de tierras, sistema financiero y las exportaciones, que llevan al país a la bancarrota;

—se desata la agresión enloquecida del comunismo sobre El Salvador. Se destruye mucha de la infraestructura, incluyendo puentes, ingenios, beneficios, escuelas, alcaldías y redes de distribución eléctrica;
—las varias ofensivas contra la población: ametrallamientos a votantes, siguen las quemas de buses, matanza de vacas, quema de sembrados, etc. El turismo desaparece a causa de la violencia “revolucionaria”;

—en medio de las negociaciones para la paz, los comunistas lanzan por la espalda la ofensiva de noviembre de 1989 y se desploma el Muro de Berlín;

—el desastre del “Mitch”. Antes se dio el terremoto de 1986. Los democristianos se apropian de la ayuda recibida;

—las torpezas de los acuerdos de paz. Siguen los secuestros perpetrados por los grupos que negociaron la paz;

Pudo superarse la destrucción despiadada

—el alza de los precios del petróleo y la baja en los precios de nuestras exportaciones;
—se desata el terrorismo mundial, con los ataques a Nueva York y Washington. Siguen atrocidades en África, Indonesia, Rusia, países árabes;

—La crisis económica;

—los dos terremotos;

—la guerra en Afganistán y posteriormente la guerra en Iraq, que profundizan la crisis económica mundial.

Con semejante serie de catástrofes, ataques, violencia colectiva, colosales idioteces y crisis de alcance mundial, cualquier país estaría en el suelo, en la mayor tristeza. Y sería aún más profunda si la tercera parte de la población y un alto porcentaje de sus técnicos y trabajadores calificados emigran a otra parte.
Pero El Salvador ha logrado reconstruir la despiadada destrucción de la guerrilla y del duartismo, superar las consecuencias de catástrofes, sobreponerse a las crisis mundiales, lograr estabilidad económica, contar con una moneda fuerte y seguir creciendo. Tenemos más y mejores carreteras, menos pobres, excelentes comunicaciones y maravillosas perspectivas.

 

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