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Opinando
¿Le ayudo a decir la verdad, Schafik?

Lafitte Fernández*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Haga una inversión en Cuba. Le aparecerán los socios que manejarán el 51% por negocio. La mayoría de ellos son militares puestos por Castro que no se cansan nunca de pedir mordidas.

Desde hace algunos días escucho cómo Schafik Handal se pavonea con el hecho de que Cuba posee más inversión extranjera que la que recibe El Salvador.

El problema es que Schafik sólo narra una parte del cuento. La versión completa de esa inversión, lo único que provoca es una profunda pena por lo que sucede en ese país.

Es importante conocer lo que Schafik no le dice a nadie: que el mayor porcentaje de inversión que llega a Cuba se asienta en la industria turística. Pero, eso ocurre, no sólo porque la isla es un país bellísimo y los cubanos son personas vivaces, extraordinarias y muy calurosas.

Es grotesco escribirlo pero es la verdad. Existe una poderosa razón para que llegue tanta inversión turística a Cuba: esa isla se ha convertido en el más grande prostíbulo de América Latina.

Es probable que Schafik sólo lea Granma, el diario oficial cubano, y que alardee con tantas mentiras que se publican ahí. Quizá Fidel, su amigo, lo engañe cada vez que viaja a curarse a esa isla.

Pero, las promesas de Fidel de construir un “hombre nuevo”, y no sé cuántas tonterías más, lo único que ha producido es un gran burdel.

Quizá sea importante enviarle a Schafik los últimos estudios que se han realizado entre turistas europeos, canadienses y latinoamericanos que viajan a Cuba.

En esos exámenes podrá conocer que al menos siete de cada 10 personas que vacacionan en Cuba llegan a ese país a buscar sexo, a hacer turismo sexual “con todas sus variantes”.

Ese es el resultado de la “meca” ideológica que construyó Fidel: una sociedad que vive de recibir dólares de todos aquellos que llegan a acostarse con sus mujeres o a buscar machos bien parecidos.

Y si no lo cree, Schafik debe leer la edición dominical del periódico español “El Mundo” publicada hace apenas dos días.

En esa edición podrá aprender algo sorprendente de una sociedad en permanente quiebra moral.
Resulta que, cada año, viajan, a América Latina, entre 30 mil y 35 mil españoles con “el único fin de mantener relaciones sexuales con niños”.

¿Saben cuál es el lugar preferido por los españoles pedófilos? La misma Cuba que le saca todas las envidias juntas a Schafik.

Todavía recuerdo la ocasión en que miré, en el aeropuerto de Munich, cuando unas cien mujeres alemanas, de todas las edades, abordaban un avión especialmente fletado. Estaban vestidas con pantalones cortos, sombreros de paja y blusas estampadas con flores, a pesar del durísimo invierno.

La conmoción era tal que le pregunté a un personero de una aerolínea alemana sobre el destino de la nave. Con una sonrisa ramplona, el hombre me dijo que todas ellas viajaban a Cuba.

“Cada año las agencias de viajes contratan nuestros aviones para llevar mujeres en busca de sexo a Cuba. Dicen que ahí encuentran hombres que las satisfacen”, dijo riéndose ese hombre. Y, cuidado, que ahí habían mujeres más viejas que mi abuela.

En otra ocasión llegué a la embajada de México, en La Habana, a sacar una visa de entrada a ese país.
En la segunda planta de la enorme residencia donde funciona esa sede diplomática miré algo que me dejó perplejo: más de medio centenar de ancianos y ancianas mexicanas participaban en una ceremonia matrimonial colectiva. Se casaron con hombres y mujeres que no sobrepasaban los 22 años.

Nunca he visto algo más demencial en mi vida. Muchos de esos mexicanos todavía deben caminar, por las calles de México, con sus corazones maltrechos.

Aquello no era más que un engaño: tanto los hombres como las mujeres cubanas lo único que querían era salir huyendo de esa isla.

Qué pena, de verdad, que se utilice aquí el ejemplo de las inversiones en Cuba sin decirle a los salvadoreños la verdadera razón de la llegada de ese tipo de capitales. Hay que tener una buena dosis de escrúpulos para analizar esas inversiones.

Pero, hay algo más que Schafik no le dice a nadie: que el monto de las inversiones ha decrecido, sustancialmente, en Cuba, en los últimos años.

También oculta el hecho de que 175 de 578 inversiones que no fueron a parar a la “industria turística” terminaron largándose de Cuba.

Es decir, el fracaso de las inversiones que no se relacionen con el sexo es casi del 90 por ciento, de acuerdo con las cifras de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).

Cuba tiene un sistema jurídico para atraer inversiones bastante particular. Para hacerlo, se deben constituir “empresas nacionales” en las que, de forma forzada, dar cabida, en las más importantes decisiones, a funcionarios que trabajan para Fidel.

¿Y saben quiénes son testaferros de Fidel que deben tener un sitio en las compañías? La mayoría de ellos son altos oficiales de las Fuerzas Armadas que se transforman en verdaderos caciques capitalistas y a quienes debe dárseles altísimas mordidas, debajo de la mesa, para saciar sus apetitos personales.

Bien lo dice un amigo mío, que lo único que se está formando ahí es una casta de “barones criollos de orden feudal”.

Como si eso fuese poco, los trabajadores cubanos que laboran en esas empresas de inversión no tienen ninguna protección legal. Lo que hace el inversionistas es pedirle trabajadores al Estado.

Una vez que Fidel Castro aprueba el listado de trabajadores, le pasa al gobierno una nómina en dólares. El régimen le paga a los obreros en pesos cubanos.

Los salarios mensuales oscilan entre 120 y 400 pesos. Es decir, la mayoría gana menos de 6 dólares mensuales (sí, 6 dólares). A los mejor pagados, a quienes les va mejor, les entregan 20 dólares al mes.
El artículo 19 de la Ley de Inversión extranjera establece un impuesto del 11% por la “utilización de la fuerza de trabajo”.

Eso confirma, en forma impúdica, que Castro considera al obrero cubano como una mercancía que le pertenece y venden a su gusto.

Y si el trabajador no le gusta lo que hace, o quiere contratar directamente con el empresario extranjero, lo único que le espera es el garrote o la cárcel por “desadaptado”.

¿Y el sindicato? Pidamosle a Schafik que nos explique por qué en Cuba no pueden existir, a pesar de que en los países democráticos los utilizan las izquierdas como banderas políticas.

Además de todo eso, la inversión extranjera –y por eso muchos empresarios se han largado de ahí– está a merced de Fidel Castro.

Lo primero que debe hacerse es crear una “corporación mixta” donde la parte extranjera toma el 49% de la participación y el régimen de Fidel Castro el 51% restante.

De acuerdo con eso, los achichintles de Castro toman el control absoluto del negocio.

En otras palabras, son los “gerentes” de la gran industria de los burdeles.

Y cuando se le ocurra al régimen, como sucedió con los dueños de los hoteles Cohíba y Habana Rivera, ambos construidos en los 90 en La Habana, acusan a los socios de cualquier cosa.

Los pobres empresarios no tienen más opción que salir corriendo de ahí por el riesgo de ser encarcelados. Prefieren perder todo y marcharse.

Cuidado, Schafik, no se llene tanto la boca con Cuba. Cuídese porque se puede atragantar de tanto falso orgullo. Nada es más fácil para un político que hacer creer a los hombres lo que no es, ni será jamás.
* Gerente de Redacción

 

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