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Con
los ojos puestos en los pobres
Humberto
Rivera es un ecuatoriano de nacimiento, pero salvadoreño
de corazón. La mayor parte de su vida la ha dedicado a la
realización de obras humanitarias en beneficio de los pobres.
Hace 55 años, la ciudad de Riobamba, Ecuador, vio nacer
a Humberto Rivera Bauz, quien años más tarde se convertiría
en uno de los hombres más bondadosos de esa nación.
Y es que al parecer él vino a este mundo para cumplir con
una misión: entregarse y servir a los demás, sobre
todo a los desprotegidos.
A lo largo de su vida, ese don lo ha manifestado en cada una de
sus obras humanitarias, la mayoría realizadas en tierras
salvadoreñas.
En nuestro país, sus primeras obras de servicio las llevó
a cabo en la organización Fe y Alegría; posteriormente,
en 1991, decide fundar la Asociación para el Desarrollo Humano
(ADHU) donde funge como director.
Para fundar esta asociación utilicé los ahorros
de muchos años. También tuve el apoyo de algunos amigos.
El objetivo de ADHU es promover el desarrollo humano con una visión
integral en favor de los sectores más desprotegidos del país,
dice el licenciado Humberto Rivera.
Gracias a esa organización, miles de campesinos salvadoreños
se han beneficiado con programas y proyectos educativos, de salud,
culturales y de saneamiento ambiental.
Hoy en día, el señor Rivera dirige esta nueva obra
y lo hace combinando su carácter afable con su espíritu
de fortaleza.
En tierra fértil
En 1970 vino por primera vez a El Salvador para apoyar la obra de
Fe y Alegría, que recién había sido fundada
por el padre Joaquín López y López.
En esa ocasión permanecí en El Salvador cuatro
meses. Luego regresé a Ecuador, ahí continué
trabajando para la obra, expresa el señor Rivera.
Cinco años después (en 1975) vuelve a nuestro país
a petición de Fe y Alegría. Ese mismo año une
su vida a la de Fátima Bajaña, con quien procrea cuatro
hijos.
Dios quería que siguiera trabajando en una tierra fértil
y sólida como El Salvador y que aportara a ella mis conocimientos
y mi amor, manifiesta don Humberto.
Desde su regreso, dedica su tiempo y su dedicación en bien
de la educación popular; también decide estudiar en
la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas
(UCA).
Pero el trabajo de Humberto es detenido por la difícil situación
que vivía el país a principios de la década
de los 80; es por ello que viaja a Guatemala y permanece ahí
cuatro años, continuando su trabajo de promoción social
por los más pobres de ese país.
Justicia y equidad
Pero el destino y el deseo de seguir ayudando a los pobres lo traen
una vez más a El Salvador. En 1984 vuelve a pisar suelo salvadoreño
y junto a su familia continúa la noble causa. En esta oportunidad
se le da el cargo de director general de Fe y Alegría de
El Salvador.
Mi trabajo estuvo enfocado en la recaudación de fondos
para la organización y en fortalecer el espíritu de
trabajo de las personas para orientarlas a una nueva vida con justicia
y equidad, manifiesta.
En 1990 abandona la obra de Fe y Alegría y un año
más tarde funda ADHU.
El licenciado Rivera se siente satisfecho con el trabajo realizado
a lo largo de 30 años, y está decidido a continuar
con su obra de amor. Gracias a su esfuerzo y dedicación muchos
salvadoreños se han educado, superado y convertido en entes
productivos.
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Premio
al esfuerzo
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La
Asociación para el Desarrollo Humano, que dirige el señor
Rivera, enfoca sus esfuerzos en la educación, la salud,
el medio ambiente y en promover nuevas fuentes de trabajo. Su
esfuerzo ha sido premiado en varias ocasiones.
Esta asociación fue premiada en el 2000 por la
Organización Panamericana para la Salud por ser la mejor
organización no gubernamental (ONG) en Latinoamérica
que promueve el desarrollo y la salud comunitaria.
En el 2002, el FONAES le otorgó el premio a la
mejor ONG de medio ambiente.
Desde su fundación ha realizado 48 proyectos en
78 comunidades de cuatro departamentos.
Muchos de estos proyectos se han llevado a cabo con la
colaboración de otros organismos.
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