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Rolando por ahí
De “neoverbos” y otras palabrejas

Entre periodistas hay aquí una liberal tendencia a hacer verbos de sustantivos y adjetivos lo cual es práctica lícita, toda vez que se guarden ciertas reservas, sobre todo estéticas.

Por Rolando Monterrosa
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com

Así, en noticias judiciales tropezamos con términos como “judicializar”, lo cual significa que las pruebas y diligencias aplicadas a un sujeto han sido registradas o de algún modo procesadas a través de un juzgado.

También se habla de “individualizar” el grado de participación que una persona ha tenido al cometerse un delito en forma colectiva.

Este verbo es particularmente útil para los litigantes en crímenes perpetrados por bandas, a la hora en que “individualizan” la medida de responsabilidad que tuvo el descuartizador de mujeres, que si bien no las mató, se ocupó en cambio de separar las cabezas de los cuerpos. Pero también vemos “neoverbos” generados mayoritariamente por quienes más contribuyen a este tipo de enriquecimiento del idioma: los economistas. A ellos se les debe, me dice el estimado colega español, José Iglesias (sin ningún parentesco con Julio ni Enrique) una exquisita pieza de filología:

“eficientizar” –o como decimos los profanos–, “volver más eficiente” algo. Este verbo se emplea en calidad de transitivo, ya que la acción del que habla recae sobre otra persona o cosa. Hace poco escuché decir a un sesudo disertante: “Eficientizaremos la administración con un programa de reingeniería total”.

En modo imperativo se conjugaría: “eficientiza tú” o “eficientad vosotros”, lo cual para algunos es agente hermoseador del discurso. Ayer nada menos, en un diario de la tarde me encontré la joyita siguiente: “... explica las razones que la obligaron a clandestinizarse”. No pude menos que conjugar mentalmente: “Yo me clandestinizo, él se clandestiniza, ellos se clandestinizan” y así sucesivamente. Es preciso admitir, sin embargo, que hay cierta gracia y musicalidad rapera en estos “neovocablos”.

Aunque si la tendencia se mantiene estos engendros pueden llegar a cobrar carta de validez por aquello del uso inveterado de las palabras, que es como se ha formado gran parte de nuestro rico idioma.

No olvidemos que palabrejas de raigambre villana como “catizumbada, chilate, chele, pacho” y muchas más figuran ahora a la par de otras de mayor abolengo, en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. rolando@elsalvador.com

 
 

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