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Pandillero preso por homicidio

Sonsonate. La tercera parte de su vida ha pertenecido a la mara 18. Hoy enfrenta cargos por un homicidio que niega haber cometido, pero testigos lo involucran.

Érika Prado
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Ni modo, ya no hay vuelta atrás. Es lo que piensa Wilfredo Coronado, de 18 años, un integrante de la mara 18, quien fue detenido por la PNC por resistencia al arresto y a quien identificaron luego como reclamado por un homicidio.

A Coronado lo conocen como “La tortuga” y es pandillero desde los 12 años.

Él justifica su vida actual con la falta de cariño y comprensión en su hogar.

“Mi madre me regañaba cuando salía sin permiso”, manifiesta.

Lo detuvieron en el caserío El Castaño, de Nahulingo y trató de impedirlo, pero no logró burlar a los agentes. Ya preso, establecieron su relación con el homicidio de Juan Carlos Soriano Ortega, de 17 años, un miembro de la mara Salvatrucha, con la que la “Dieciocho” mantiene una rivalidad permanente.

El crimen ocurrió el 7 de julio cuando Soriano, junto a varios niños jugaba con una piscucha en la cancha de la colonia Lisy Josefina, en Sonsonate.

Ahí llegaron dos hombres y hablaron con él. Soriano corrió y le dispararon. Gravemente herido, el “salvatrucho” caminó hacia su casa, pero fue alcanzado y uno de los atacantes le disparó a la cabeza. También lesionaron a una mujer que se encontraba en el sitio.

Hay varias personas que señalan a “La tortuga”, como uno de los atacantes.

Lágrimas

Coronado estaba ayer en la PNC antes de ser puesto a la orden del Juzgado de Paz de Sonsonate. Lloraba al reiterar que no tuvo nada que ver en el homicidio de Soriano, a quien dijo que había conocido, pero que ignoraba que fuera “salvatrucho”.

No es de la acción criminal de lo que se arrepiente, sino de ser acusado, según él, injustamente.
Hace un año mataron a su hermano menor, al parecer por diferencias entre pandilleros. Desde entonces, admite que ha querido vengarlo. Pero no lo ha logrado.

En el caso del que se le acusa, pesan sobre él los señalamientos de varios testigos que dicen haberlo identificado.

También será evidencia en el proceso, la identificación de los calibres de las balas encontradas al cadáver, una era 45 y la otra 25 mm. Esto indica que los dos atacantes dispararon al joven.
 

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