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Tema del momento
Sobredosis de televisión

Marvin Galeas*
El Diario de Hoy
marvinn@integra.com.sv

Por ello es que en los países totalitarios no hay libertad de prensa. No soportan a los medios independientes.

Las veces que tuve la oportunidad de ver el programa de Carlos Hermann Bruch, me pareció romo, ríspido y ácido.

Abundante en descalificaciones y en ataques directos. En alguna ocasión hubo alusiones poco cariñosas hacia mí. En suma, “Generacción” era un conjunto de cosas que me caen en el caracol del ombligo.

Además, con Carlos Hermann he tenido una relación de choque, a veces cara a cara, otras por teléfono y la última fue un “rifi rafa” por correo electrónico, a raíz de una de mis columnas. Pero había, estoy seguro, muchísimas personas que disfrutaban con esa televisiva limonada sin azúcar. Hay a quienes les gusta Animal Planet, otros prefieren los noticieros locales y hay partidarios, sin duda alguna, de “Noches de clímax”. Hoy en día hay, como en la canción de Soda Stéreo, sobra dosis de televisión, pero qué bueno. De todo hay en el supermercado del Señor.

De eso se trata la democracia, imperfecto sistema, pero hasta ahora el mejor invento de la humanidad para hacer convivir en relativa armonía al bichito humano y sus múltiples preferencias. Por ello es que el disenso es el rasgo característico de la democracia. Son esas múltiples diferencias y nuestro derecho a expresarlas en todos los planos, ya sea a la hora de emitir nuestro voto, o a la hora de decidir qué periódico vamos a leer o qué desodorante vamos a comprar, el corazón del sistema de libertades: democracia política y economía de mercado. Una cosa implica la otra.

El programa “Generacción”, con todo y sus ganchos al hígado, era una clara muestra de lo saludable de nuestra democracia. Si no te gustaba, pues no lo sintonizabas y se acabó. En la trama que ha salido a luz pública sobre los sucesos que desembocaron en la suspensión del programa, hay tres elementos preocupantes. Primero, que el precandidato del FMLN se haya molestado porque los invitados al programa le hicieron preguntas que no le gustaron. Segundo, que el mismo señor haya presionado para que el vídeo no fuera sacado al aire.

Y un tercer elemento es que, en efecto, el programa no fue transmitido. Las razones por las cuales los directores del canal tomaron tal decisión, sinceramente, no están claras. Si el motivo fue porque Carlos Hermann dijo cosas que ofendieron a alguien o porque no coincidía con la línea editorial del medio, hace rato que hubiesen quitado el programa. En cada uno de esos programas siempre había alguien que salía, como mínimo, con un rayón.

Pienso que un dueño o un gerente de redacción tiene todo el derecho del mundo de poner en su sitio, o en la calle, a un periodista que no cumple con los principios éticos y editoriales del medio para el que trabaja. Eso no está en discusión. Lo que preocupa acá es la actitud de un partido político que recurrentemente entorpece la labor de los periodistas, los calumnia, los incluye en listas negras y hasta los ataca físicamente.

Esa fobia a la prensa independiente y al disenso ¿es cosa del carácter del precandidato como han venido diciendo algunos “analistas políticos”? No, señores. Para nada. Es la naturaleza del escorpión. El control total de la prensa es un componente estratégico en una sociedad socialista marxista. El socialismo parte del hecho de que todos somos y debemos ser iguales, y que un ente superior llamado vanguardia está destinado por la historia a administrar esa igualdad.

Es el consenso obligatorio. El alineamiento de todo ser humano con los altos y humanistas propósitos de la luminosa vanguardia. El que no se alinea, o al menos no lo finge, es un gusano, traidor, vendido, que merece la cárcel o acaso el paredón. Revolución o muerte, socialismo o muerte, no hay tu tía.

Por ello es que en los países totalitarios no hay libertad de prensa. No soportan a los medios independientes. Los censuran, los clausuran, los dinamitan. Hablar de medios independientes o de libertad de expresión ante los totalitarios es como enseñarle agua bendita y ajo crudo al conde Drácula.

Las agresiones hacia la prensa en nuestro país no son el resultado del carácter iracundo de un dirigente político. No hay que ser injustos. Es la expresión de la visión de mundo de una organización revolucionaria que, con mucho esfuerzo y la ayuda de algunos tontos, pretende ganar las elecciones el próximo año.

El socialismo marxista es un sistema que se basa en mitos y dogmas de cómo debe ser la sociedad, y no en la naturaleza humana. La verdad absoluta está en manos de la vanguardia, es decir, la dirección del partido. Allí están los hombres y mujeres más capaces y más abnegados y, por supuesto, los que mejor conocen la verdad. Todo lo demás es inmundicia burguesa.

Es por ello que, muy por encima del disenso, está la sabiduría del secretario general o del líder histórico. Cuestionarlo es un delito que en países como Cuba se paga con la cárcel o con la vida. Las noticias no existen, a menos que las autorice la vanguardia. Las únicas opiniones que pueden circular son las de la vanguardia.

La democracia, en cambio, es el festín de la espontaneidad humana, de sus grandezas y miserias, de sus aciertos y errores, pero, sobre todo, es el reino de la tolerancia. Casi nunca estoy de acuerdo con las opiniones de Carlos Hermann, y, por otro lado, “Generacción” me caía como un tropezón en ayunas, pero acá lo que está en discusión no son mis gustos personales ni mis rutinas mañaneras, sino el derecho de decir lo que pensamos y las amenazas reales que se ciernen sobre ese derecho.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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