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Tema del momento
Sobredosis de televisión
Por
ello es que en los países totalitarios no hay libertad de
prensa. No soportan a los medios independientes.
Las veces que tuve la oportunidad de ver el programa de Carlos
Hermann Bruch, me pareció romo, ríspido y ácido.
Abundante en descalificaciones y en ataques directos. En alguna
ocasión hubo alusiones poco cariñosas hacia mí.
En suma, Generacción era un conjunto de cosas
que me caen en el caracol del ombligo.
Además, con Carlos Hermann he tenido una relación
de choque, a veces cara a cara, otras por teléfono y la última
fue un rifi rafa por correo electrónico, a raíz
de una de mis columnas. Pero había, estoy seguro, muchísimas
personas que disfrutaban con esa televisiva limonada sin azúcar.
Hay a quienes les gusta Animal Planet, otros prefieren los noticieros
locales y hay partidarios, sin duda alguna, de Noches de clímax.
Hoy en día hay, como en la canción de Soda Stéreo,
sobra dosis de televisión, pero qué bueno. De todo
hay en el supermercado del Señor.
De eso se trata la democracia, imperfecto sistema, pero hasta ahora
el mejor invento de la humanidad para hacer convivir en relativa
armonía al bichito humano y sus múltiples preferencias.
Por ello es que el disenso es el rasgo característico de
la democracia. Son esas múltiples diferencias y nuestro derecho
a expresarlas en todos los planos, ya sea a la hora de emitir nuestro
voto, o a la hora de decidir qué periódico vamos a
leer o qué desodorante vamos a comprar, el corazón
del sistema de libertades: democracia política y economía
de mercado. Una cosa implica la otra.
El programa Generacción, con todo y sus ganchos
al hígado, era una clara muestra de lo saludable de nuestra
democracia. Si no te gustaba, pues no lo sintonizabas y se acabó.
En la trama que ha salido a luz pública sobre los sucesos
que desembocaron en la suspensión del programa, hay tres
elementos preocupantes. Primero, que el precandidato del FMLN se
haya molestado porque los invitados al programa le hicieron preguntas
que no le gustaron. Segundo, que el mismo señor haya presionado
para que el vídeo no fuera sacado al aire.
Y un tercer elemento es que, en efecto, el programa no fue transmitido.
Las razones por las cuales los directores del canal tomaron tal
decisión, sinceramente, no están claras. Si el motivo
fue porque Carlos Hermann dijo cosas que ofendieron a alguien o
porque no coincidía con la línea editorial del medio,
hace rato que hubiesen quitado el programa. En cada uno de esos
programas siempre había alguien que salía, como mínimo,
con un rayón.
Pienso que un dueño o un gerente de redacción tiene
todo el derecho del mundo de poner en su sitio, o en la calle, a
un periodista que no cumple con los principios éticos y editoriales
del medio para el que trabaja. Eso no está en discusión.
Lo que preocupa acá es la actitud de un partido político
que recurrentemente entorpece la labor de los periodistas, los calumnia,
los incluye en listas negras y hasta los ataca físicamente.
Esa fobia a la prensa independiente y al disenso ¿es cosa
del carácter del precandidato como han venido diciendo algunos
analistas políticos? No, señores. Para
nada. Es la naturaleza del escorpión. El control total de
la prensa es un componente estratégico en una sociedad socialista
marxista. El socialismo parte del hecho de que todos somos y debemos
ser iguales, y que un ente superior llamado vanguardia está
destinado por la historia a administrar esa igualdad.
Es el consenso obligatorio. El alineamiento de todo ser humano con
los altos y humanistas propósitos de la luminosa vanguardia.
El que no se alinea, o al menos no lo finge, es un gusano, traidor,
vendido, que merece la cárcel o acaso el paredón.
Revolución o muerte, socialismo o muerte, no hay tu tía.
Por ello es que en los países totalitarios no hay libertad
de prensa. No soportan a los medios independientes. Los censuran,
los clausuran, los dinamitan. Hablar de medios independientes o
de libertad de expresión ante los totalitarios es como enseñarle
agua bendita y ajo crudo al conde Drácula.
Las agresiones hacia la prensa en nuestro país no son el
resultado del carácter iracundo de un dirigente político.
No hay que ser injustos. Es la expresión de la visión
de mundo de una organización revolucionaria que, con mucho
esfuerzo y la ayuda de algunos tontos, pretende ganar las elecciones
el próximo año.
El socialismo marxista es un sistema que se basa en mitos y dogmas
de cómo debe ser la sociedad, y no en la naturaleza humana.
La verdad absoluta está en manos de la vanguardia, es decir,
la dirección del partido. Allí están los hombres
y mujeres más capaces y más abnegados y, por supuesto,
los que mejor conocen la verdad. Todo lo demás es inmundicia
burguesa.
Es por ello que, muy por encima del disenso, está la sabiduría
del secretario general o del líder histórico. Cuestionarlo
es un delito que en países como Cuba se paga con la cárcel
o con la vida. Las noticias no existen, a menos que las autorice
la vanguardia. Las únicas opiniones que pueden circular son
las de la vanguardia.
La democracia, en cambio, es el festín de la espontaneidad
humana, de sus grandezas y miserias, de sus aciertos y errores,
pero, sobre todo, es el reino de la tolerancia. Casi nunca estoy
de acuerdo con las opiniones de Carlos Hermann, y, por otro lado,
Generacción me caía como un tropezón
en ayunas, pero acá lo que está en discusión
no son mis gustos personales ni mis rutinas mañaneras, sino
el derecho de decir lo que pensamos y las amenazas reales que se
ciernen sobre ese derecho.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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