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Comentando
A la reconquista de la gloria española
La
estrategia de José María Aznar para que España
juegue con los grandes deleita al país más
grande de todos, pero pone en aprietos a los no tan grandes
en Europa y América Latina.
Relajado, seguro de sí mismo, pisando fuerte, José
María Aznar explica su visión del mundo y de España
durante un desayuno en su honor a su paso por Los Ángeles,
California. Su mirada, con esos ojos negros, grandes, redondos es
intensa, y el tono deliberadamente bajo de su voz obliga a sus interlocutores
a redoblar la atención.
Sus respuestas son pausadas. Parecería como si aprovechara
las preguntas para repetir ideas largamente meditadas y ya probadas
en el fragor de los debates políticos.
No ofrece disculpas por su decisión de apoyar a George W.
Bush en su aventura contra Sadam Hussein. Y aunque admite que en
España hay un sentimiento contra la guerra y contra la intervención,
sostiene que los líderes no toman decisiones trascendentales
leyendo encuestas.
Su temprana decisión de no buscar un tercer período
como Presidente del Gobierno español le da una libertad de
acción envidiable. Pero sus radicales pronunciamientos han
colocado a otros países europeos, como Francia y Alemania,
e iberoamericanos como Brasil, México o Chile en una posición
muy incómoda frente a Estados Unidos. Y justo en el momento
en el que George W. Bush ha dicho que en la guerra contra el terrorismo
no hay neutralidad posible, estás conmigo o estás
contra mí.
Hoy, Aznar no tiene que darle cuentas a nadie y quizá por
ello ha decidido dictar cátedra. Europa, dice
Aznar, debe definirse junto a Estados Unidos. No puede definirse
negativamente, porque no es un contra poder... Europa sólo
será fuerte con la alianza atlántica... Lo ocurrido
en Iraq es apenas la primera prueba para la alianza atlántica.
Y más vendrá. Habrá más desafíos
con posible disensión pero valdría tenerla unidos
políticamente y en términos de seguridad.
¿Y Francia qué dice? ¿Y Alemania? ¿Y
en América Latina, será que sólo queda alinearse
a Estados Unidos como lo han hecho Colombia o El Salvador?
Es evidente que Aznar tiene sus razones para darle su apoyo incondicional
al concepto de la guerra preventiva estadounidense. En 1995, Aznar
apenas escapó con vida de un atentado terrorista, una experiencia
que fortaleció su convicción de que no se puede
negociar con los terroristas. ¿Pero qué pasa
con aquellos países que no han sufrido este tipo de experiencias
o cuya opinión pública se oponga a participar en una
guerra?
España está obligada a corresponder por el tratado
de cooperación contra el terrorismo, pactado con George W.
Bush durante su visita a España en el verano de 2001. Lo
que dijo que haría, lo hizo, explica Aznar refiriéndose
a Bush y a la cooperación estadounidense en la lucha contra
el terrorismo de la ETA. También es cierto que el atentado
terrorista del 11 de septiembre hizo que la visión
estratégica del mundo cambiara, como explica el Presidente
del Gobierno español.
Esto, sin embargo, no obliga a ningún país a apoyar
a Estados Unidos en sus decisiones unilaterales y arbitrarias, basadas
en nexos terroristas nunca establecidos.
Otro factor que mueve a Aznar es el sueño de recuperar la
grandeza española perdida. Durante los siglos XIX y
XX, explica Aznar, mientras que el Reino Unido mantenía
una fuerte presencia internacional, España desapareció
del escenario mundial. Ahora está en la primera línea
y su reaparición implica responsabilidad.
Curiosamente, a pesar del impresionante éxito de la economía
española, al tiempo que se lanza a recuperar viejas glorias
imperiales, España sigue siendo uno de los países
que más ayuda económica recibe de la Unión
Europea.
El día en que los contribuyentes alemanes y franceses se
cansen de construir carreteras en España, el sueño
imperial de Aznar se puede venir abajo y otra vez, como hace un
poco más de medio siglo, los españoles tendrán
que esperar para darle la bienvenida a Mr. Marshall.
*Miembro del consejo editorial de Los Angeles
Times.
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