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A la reconquista de la gloria española

Sergio Muñoz Bata*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La estrategia de José María Aznar para que España “juegue con los grandes” deleita al país más grande de todos, pero pone en aprietos a los “no tan grandes” en Europa y América Latina.

Relajado, seguro de sí mismo, pisando fuerte, José María Aznar explica su visión del mundo y de España durante un desayuno en su honor a su paso por Los Ángeles, California. Su mirada, con esos ojos negros, grandes, redondos es intensa, y el tono deliberadamente bajo de su voz obliga a sus interlocutores a redoblar la atención.

Sus respuestas son pausadas. Parecería como si aprovechara las preguntas para repetir ideas largamente meditadas y ya probadas en el fragor de los debates políticos.

No ofrece disculpas por su decisión de apoyar a George W. Bush en su aventura contra Sadam Hussein. Y aunque admite que en España hay un sentimiento contra la guerra y contra la intervención, sostiene que los líderes no toman decisiones trascendentales leyendo encuestas.

Su temprana decisión de no buscar un tercer período como Presidente del Gobierno español le da una libertad de acción envidiable. Pero sus radicales pronunciamientos han colocado a otros países europeos, como Francia y Alemania, e iberoamericanos como Brasil, México o Chile en una posición muy incómoda frente a Estados Unidos. Y justo en el momento en el que George W. Bush ha dicho que en la guerra contra el terrorismo no hay neutralidad posible, “estás conmigo o estás contra mí”.

Hoy, Aznar no tiene que darle cuentas a nadie y quizá por ello ha decidido dictar cátedra. “Europa”, dice Aznar, “debe definirse junto a Estados Unidos. No puede definirse negativamente, porque no es un contra poder... Europa sólo será fuerte con la alianza atlántica... Lo ocurrido en Iraq es apenas la primera prueba para la alianza atlántica. Y más vendrá. Habrá más desafíos con posible disensión pero valdría tenerla unidos políticamente y en términos de seguridad”.

¿Y Francia qué dice? ¿Y Alemania? ¿Y en América Latina, será que sólo queda alinearse a Estados Unidos como lo han hecho Colombia o El Salvador?

Es evidente que Aznar tiene sus razones para darle su apoyo incondicional al concepto de la guerra preventiva estadounidense. En 1995, Aznar apenas escapó con vida de un atentado terrorista, una experiencia que fortaleció su convicción de que “no se puede negociar con los terroristas”. ¿Pero qué pasa con aquellos países que no han sufrido este tipo de experiencias o cuya opinión pública se oponga a participar en una guerra?

España está obligada a corresponder por el tratado de cooperación contra el terrorismo, pactado con George W. Bush durante su visita a España en el verano de 2001. “Lo que dijo que haría, lo hizo”, explica Aznar refiriéndose a Bush y a la cooperación estadounidense en la lucha contra el terrorismo de la ETA. También es cierto que el atentado terrorista del 11 de septiembre hizo que “la visión estratégica del mundo cambiara”, como explica el Presidente del Gobierno español.

Esto, sin embargo, no obliga a ningún país a apoyar a Estados Unidos en sus decisiones unilaterales y arbitrarias, basadas en nexos terroristas nunca establecidos.

Otro factor que mueve a Aznar es el sueño de recuperar la grandeza española perdida. “Durante los siglos XIX y XX”, explica Aznar, “mientras que el Reino Unido mantenía una fuerte presencia internacional, España desapareció del escenario mundial. Ahora está en la primera línea y su reaparición implica responsabilidad”.

Curiosamente, a pesar del impresionante éxito de la economía española, al tiempo que se lanza a recuperar viejas glorias imperiales, España sigue siendo uno de los países que más ayuda económica recibe de la Unión Europea.

El día en que los contribuyentes alemanes y franceses se cansen de construir carreteras en España, el sueño imperial de Aznar se puede venir abajo y otra vez, como hace un poco más de medio siglo, los españoles tendrán que esperar para darle la bienvenida a Mr. Marshall.

*Miembro del consejo editorial de Los Angeles Times.

 

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