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Palabras
El duro oficio de vivir
El
novelista chileno Jenaro Prieto, en su obra Un muerto de mal
criterio, escribe este diálogo:
¿Su oficio?
¿Qué es esto? pregunta con inquietud.
¿En qué trabajaba, en qué se ganaba usted
la vida?
La vida no se gana, se defiende...
En verdad, la vida se defiende cada día, se lucha tenaz por
ella.
Es Carlyle, en Pasado y presente, quien escribe: ¡Bienaventurado
aquel que ha encontrado su trabajo! ¡Que no pida más
felicidad!.
Ello nos reafirma lo hermoso que es encontrar la misión nuestra
en la vida: aquel oficio que nos realice, que sea nuestra expresión.
Diariamente la gente lucha en las calles, en las fábricas,
en las oficinas, en los campos de batalla por la vida. Vivir, pues,
es un oficio. Un duro oficio, que implica lucha, es cierto, pero
hermoso.
Hermoso es vivir y luchar por la vida. Los insectos trabajan para
sus pueblos subterráneos; los enfermos, luchando ante la
muerte; los bebés, luchando ante la vida que empieza; los
artistas, los que luchan en la guerra; los médicos, los panaderos
y tantos más ¡cómo luchan por la vida! Con amor,
fiereza, con las más indomables fuerzas vitales cada quien
se aferra a la vida, y esa lucha sublimizada se convierte
en melodía. La dulce y exaltada melodía de vivir.
El himno triunfal de la vida.
La evidencia de esa lucha tenaz la tenemos novela a la vista. Aun
el muerto que aparece en la novela de Jenaro Prieto afirma esa lucha.
Día a Día
No es ningún misterio por qué hay grandes empresas:
son grandes pues sólo así pueden satisfacer las grandes
necesidades de la población, con un alto grado de calidad
y a buenos precios. Abastecer a un pueblo entero de ropa, refrescos,
periódicos, materiales de construcción, medicinas,
etc., exige de grandes instalaciones y numeroso personal que en
su mayoría es especializado. Lo que además es muy
importante es que en gran parte las ganancias de estas empresas
se reinvierten, pues la competencia tanto interna como externa obliga
a la permanente renovación y reingeniería para no
quedarse atrás y lo más grave, transformarse primero
en pequeña empresa y luego en ex empresa.
La crítica contra la gran empresa surge de la mentalidad
de cantinero: ven a los empresarios divertirse, pero no los ven
trabajar.
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