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Palabras
El duro oficio de vivir

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

El novelista chileno Jenaro Prieto, en su obra “Un muerto de mal criterio”, escribe este diálogo:

—“¿Su oficio?
—¿Qué es esto?— pregunta con inquietud.
—¿En qué trabajaba, en qué se ganaba usted la vida?
—La vida no se gana, se defiende...”
En verdad, la vida se defiende cada día, se lucha tenaz por ella.
Es Carlyle, en “Pasado y presente”, quien escribe: “¡Bienaventurado aquel que ha encontrado su trabajo! ¡Que no pida más felicidad!”.

Ello nos reafirma lo hermoso que es encontrar la misión nuestra en la vida: aquel oficio que nos realice, que sea nuestra expresión.

Diariamente la gente lucha en las calles, en las fábricas, en las oficinas, en los campos de batalla por la vida. Vivir, pues, es un oficio. Un duro oficio, que implica lucha, es cierto, pero hermoso.

Hermoso es vivir y luchar por la vida. Los insectos trabajan para sus pueblos subterráneos; los enfermos, luchando ante la muerte; los bebés, luchando ante la vida que empieza; los artistas, los que luchan en la guerra; los médicos, los panaderos y tantos más ¡cómo luchan por la vida! Con amor, fiereza, con las más indomables fuerzas vitales cada quien se aferra a la vida, y esa lucha —sublimizada— se convierte en melodía. La dulce y exaltada melodía de vivir. El himno triunfal de la vida.

La evidencia de esa lucha tenaz la tenemos novela a la vista. Aun el muerto que aparece en la novela de Jenaro Prieto afirma esa lucha.


Día a Día

No es ningún misterio por qué hay grandes empresas: son grandes pues sólo así pueden satisfacer las grandes necesidades de la población, con un alto grado de calidad y a buenos precios. Abastecer a un pueblo entero de ropa, refrescos, periódicos, materiales de construcción, medicinas, etc., exige de grandes instalaciones y numeroso personal que en su mayoría es especializado. Lo que además es muy importante es que en gran parte las ganancias de estas empresas se reinvierten, pues la competencia tanto interna como externa obliga a la permanente renovación y reingeniería para no quedarse atrás y lo más grave, transformarse primero en pequeña empresa y luego en ex empresa.

La crítica contra la gran empresa surge de la mentalidad de cantinero: ven a los empresarios divertirse, pero no los ven trabajar.

 

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