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La nota del día
Cada marca tiene su dueño
A Mc Donalds le perjudica que alimentos que juzga de inferior
calidad, preparados en un ambiente que también estima de
inferior condición a lo que exige, se vendan con su marca.
El martes pasado, el juez Salvador Cano removió los rótulos
de la multinacional Mc Donalds, que una compañía
estaba usando ilegalmente desde hace largo tiempo. Con esto se llega
al final de un proceso que ha causado problemas graves al país
y estaba a punto de perjudicar nuestras relaciones con Estados Unidos.
El principio vulnerado es muy sencillo: nadie puede usar marcas,
patentes, nombres de fábrica o la imagen ajena, a menos que
de manera legal esté autorizado. Un fabricante japonés
de automóviles no puede usar el nombre y los emblemas del
Pontiac de General Motors, excepto cuando ha llegado a un acuerdo
con la empresa dueña de la marca. Esto vale en especial para
productos y servicios de alcance mundial, aun cuando en los trópicos
hay vivos que patentan para sí, marcas y emblemas que son
propiedad de otros.
Las razones de esto son evidentes e indiscutibles. La primordial
tiene que ver con los derechos de propiedad intelectual, ahora más
valiosa incluso que la propiedad física de bienes raíces,
ya que concebiblemente los dueños de una gran marca de alimentos
no necesitan contar con líneas físicas de producción.
Muchos equipos son hechos por ensambladores, que utilizan componentes
fabricados por cien distintas empresas en los cinco continentes.
Lo que en verdad vale, repetimos, es la marca, a su vez símbolo
de garantía y confiabilidad.
Al inicio de los años de la gran demencia, la pandilla en
el poder no sólo robó bancos y fincas, sino marcas
y distintivos. Los bancos estatizados continuaron con los nombres
con que habían labrado su prestigio, pero en manos de desvergonzados;
en cuanto a las marcas de café, con las que El Salvador había
ganado la confianza de importadores europeos, éstas simplemente
murieron. Pasamos de vender café de calidad a vender café
a granel.
Mc Donalds retiró la franquicia que un negociante local
tuvo por dos razones fundamentales: la primera, que estaba en su
soberano derecho de hacerlo; la segunda, porque el concesionario
no llenaba los estándares de calidad de la multinacional.
A Mc Donalds le perjudica que alimentos que juzga de inferior
calidad, preparados en un ambiente que también estima de
inferior condición a lo que exige, se vendan con su marca.
Mucha inmundicia alrededor del caso
En el mundo se dieron muchos casos parecidos al que comentamos,
al tomar fuerza el proceso de globalización de la economía.
Lo que resulta en extremo raro es que un negocio se aferre a una
marca que no le pertenece, y monte juicios que duran años.
En México, lo decimos a guisa de ejemplo, operaron almacenes
de lujo con el nombre Gucci sin tener nada que ver con la firma
italiana. Cuando Gucci requirió su marca, la obtuvo sin mayor
dificultad; los dueños de esos negocios mejicanos son personas
decentes.
Hay un hecho adicional que se debe consignar: cada vez que publicamos
noticias relacionadas con el caso, cada paso en este pasmoso proceso,
desata un diluvio de asquerosos escritos anónimos contra
este diario, sus editores, jueces, magistrados, publicistas y cuanta
persona resulta involucrada. Ese sólo hecho indica la clase
de sucias maniobras, presiones, oscuras influencias y actos delictivos
que giran alrededor del asunto.
El país camina en medio de lodazales y porquería humana.
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