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Juego de un instante

“La argolla de la calesa” es un espectáculo que fusiona el movimiento y la actuación con las vivencias de nuestra infancia, perdidas en la memoria

Gesell N. Tobías
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
La obra nos recuerda los días en que preferíamos el algodón de azúcar a un almuerzo. Foto EDH

El escenario no era más que un pequeño carrusel giratorio para niños, de los que hay en algunos parques.

Luego entraron a escena tres niñas y un niño, por cierto, muy juguetones. Fue entonces cuando la duda comenzó a rondar la cabeza de muchos de nosotros. ¡Qué gran polémica! ¿Cómo clasificar la obra? ¿Es danza o teatro? Para calmar la ansiedad a una pronta respuesta optamos por una salida triunfal: “Es ¡danzateatro!”.

En realidad era la propuesta más considerable. Pero al hablar con Cecilia Dougherty, bailarina del espectáculo, nos despejó las dudas: “que si es danza o que no llena los requisitos para ser teatro, ¡no nos importa! Lo que sí nos importa es que el público se la pase bien con nosotros”.

Por su parte, Claudia Herrera, bailarina y actriz de este montaje, nos ayudó un poco más: “no sabemos qué es en realidad, para los actores es danza y para los bailarines es teatro. Realmente es un lenguaje expresivo, es movimiento, es imagen. No nos interesan las especificaciones”, aseguró Claudia.

Bulla en el silencio


Aunque la idea es que la compañía chapina “La bulla danza teatro” haga bulla, es un tipo de bulla silenciosa, la obra no tiene lenguaje oral, pero sí corporal.

Se trata de un lenguaje expresivo donde lo primordial son la imagen, las emociones y la energía que producen aquellos juegos infantiles que disfrutamos tanto alguna vez.

La obra presenta diversas situaciones que abren una ventana a la memoria emotiva y nos transportan a nuestros juegos, peleas y llantos de cuando éramos físicamente niños. Este montaje, que dura una hora, arrancó sonrisas de muchos “mayorsitos” que sin duda se vieron reflejados en una que otra maldad de las que hacíamos cuando cipotes.

Dentro de la puesta en escena se incluye a un músico, quien se encarga de la ambientación con una serie de mezclas y sonidos electrónicos.

Ahora sí podemos aclarar: no es teatro ni danza, es bulla e imaginación.

 

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