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Teatro
inmigrante
El
Nica es una historia convertida en monólogo por el
grupo de teatro La Polea. La obra puede hacer brotar las lágrimas
y dar paso a una prolongada risa en solo cuestión de minutos.
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José Mejiya,interpretado
por César Meléndez, es la historia de un inmigrante
nicaragüense. Foto EDH
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José Mejiya Espinoza cruzó una noche el río
San Juan para buscar un mejor futuro en Costa Rica, pues la condiciones
en Managua, Nicaragua, no fueron las mejores para él y su
familia.
Después de experimentar variados sufrimientos, desde la humillación
hasta el hambre, el chocho cuenta ahora su historia
en las tablas del teatro adonde sea invitado.
El Nica Mejiya desarrolla un monólogo de dos
horas y 30 minutos, con el que introduce a la audiencia en la historia
de muchos nicaragüenses en busca de trabajo en su vecino país.
Pero este discurso no es dirigido al público, sino a Jesucristo,
quien es su único amigo en tierras extrañas.
Desde luego, Jesucristo no es un ser inanimado, aunque se mantenga
inmóvil en su crucifijo, sino que José Mejiya le da
vida para desahogarse con Él narrando sus experiencias personales.
Puesta en escena
Una mesa con la imagen de Jesucristo crucificado, algunos sobres
para cartas, un catre, un telón que simula una pared con
recortes de periódicos.
Pocos recursos, pero una excelente obra, en la que el actor y director
nicaragüense César Meléndez desarrolla una historia
que también padeció: la inmigración nicaragüense
a Costa Rica.
La obra, además de un sencillo montaje, recoge elementos
como el argumento de la historia, transiciones de la drama a la
comedia, maquillaje, improvisación, entre otros aspectos,
que al final desembocaron en una ovación por parte del público,
que se prolongó por varios minutos.
Lastimosamente, El Nica, presentada por la compañía
de teatro La Polea, concluyó ayer su participación
en la XI edición del Festival Centroamericano de Teatro.
Sin embargo, el consuelo lo marcarán las obras que están
por presentarse.
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