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Breve análisis
La amenaza del cambio

Raúl M. Alas*
El Diario de Hoy
rsiman@elsalvador.com

No cabe duda de que este nuevo proceso electoral constituye una prueba de fuego para El Salvador

Entendamos de una vez que las personas que viven con VIH merecen todo nuestro apoyo y respeto, y que tienen mucho que enseñarnos.

Entendamos de una vez que las personas que viven con VIH merecen todo nuestro apoyo y respeto, y que tienen mucho que enseñarnos

El ambiente electoral salvadoreño aumenta de temperatura cada día. La mera posibilidad de una alternancia política en el próximo gobierno ha encendido todas las alarmas, activado la maquinaria defensiva de la derecha y desatado el inevitable miedo a la incertidumbre que todavía genera la izquierda en El Salvador. Es como si de repente la amenaza de un cataclismo político se estuviera cerniendo sigilosamente sobre nuestro país.

Faltan varios meses para que empiece de forma oficial la campaña proselitista y el termómetro ya registra un “subidón” que hace prever una acalorada contienda. Este período es, a todas luces, la antesala de un duelo ideológico desde la opinión pública. Los partidos están a punto de definir a su candidato presidencial y la competencia interpartidista se anuncia feroz con los actores en juego. El recelo político también es protagonista en esta ocasión y vale la pena reflexionar al respecto.

Una de las causas de este temor la encontramos en los resultados de las pasadas elecciones, que han hecho abrigar esperanzas al principal partido de oposición de llevarse el “premio mayor” en las presidenciales. Sin embargo, el detonante de esta crispación ha sido el cuestionado discurso del polémico Schafik Handal, durante la toma de posesión de la actual junta directiva de la Asamblea Legislativa, cuyas oscuras intenciones han significado una llamada de atención para propios y extraños.

Las primeras en poner el grito en el cielo han sido las tribunas de opinión de los medios de comunicación, que se resisten a la idea de un eventual gobierno que transforme al país en un satélite de la dictadura cubana. La empresa privada también ha dejado entrever su inquietud ante ese discurso, que supone poner en riesgo alianzas estratégicas con socios internacionales y vulnera elementales principios de libertad empresarial. Incluso, un alto funcionario norteamericano ha manifestado su preocupación ante las reiteradas declaraciones anti-americanas de la dirigencia del FMLN.

En esta tesitura, el partido ARENA obtiene ventaja de esta coyuntura provocada a partir del programa político de la izquierda radical. De momento y aunque el flamante candidato presidencial sea Tony Saca, el mejor candidato que tiene ARENA para ganar las elecciones es el mismísimo Schafik.

La explicación es sencilla. Todos sabemos que la personalidad explosiva de Handal genera anticuerpos en varios sectores de la sociedad salvadoreña, en especial por sus exabruptos verbales y su actitud visceral al encarar cualquier debate y, por lo tanto, su imagen colérica y su arraigada militancia comunista le harían presa fácil durante la campaña electoral. De seguro, recobrará vigencia el conocido eslogan arenero de “patria sí, comunismo no”, que, dadas las circunstancias, equivale al discurso bipolar de siempre.

A mi juicio, ante un panorama tan polarizante como el que se vislumbra, obtener la victoria en las elecciones no le resultará tan complicado a ARENA. Sin embargo, ganar no lo es todo, pues no resuelve el problema de fondo que es reinventarse como partido y evolucionar acorde a la situación actual del país. Si no procede con audacia, más temprano que tarde, la alternancia será una realidad e inevitablemente llegarán al poder contendientes de peligrosa calaña. Las razones sobran: cansancio popular, curiosidad por lo desconocido y, ante todo, el desgaste natural de varios gobiernos consecutivos del mismo partido.

No nos engañemos, aunque el FMLN pierda el próximo año, no se puede ocultar que su actual dirigencia ha purgado a los elementos renovadores del propio partido y hábilmente ha introducido sus propias piezas dentro de la estructura social y política del país: salud, educación, justicia, Asamblea Legislativa y alcaldías. Esto significa que, aún sin tener el poder Ejecutivo en sus manos, ya gobiernan a su manera parte de los entresijos que pueden mover o estancar a nuestra sociedad.

En cierta forma, también el PCN se ha convertido en un elemento incómodo para las aspiraciones de un posible cuarto período de ARENA. De hecho, sus controvertidas posiciones han hecho temer lo peor a sus habituales socios políticos. El viejo partido de derecha se “cotiza” alto en este año electoral, porque cuenta con un crédito que ha conseguido a fuerza de bailar al mejor son y de hacer política en perjuicio de sus propios principios ideológicos. Quizá por eso es fácil advertir que este partido sabe quién es el mejor postor, y no es precisamente el FMLN.

No cabe duda de que este nuevo proceso electoral constituye una prueba de fuego para El Salvador. El problema no es la alternancia, al contrario, ésta se presupone en una democracia consolidada. El meollo del asunto es el temor al cambio radical de un sistema económico, social y político, que aun con sus imperfecciones y desigualdades sigue siendo potencialmente funcional para el país.

Si el actual partido de gobierno quiere seguir subsistiendo como opción, debe distinguir en el centro político al rival adecuado con el que pueda competir sin poner en peligro los incipientes valores democráticos de la nación.

Por eso es oportuno que surja pronto una iniciativa política que aglutine a múltiples colectivos de la sociedad salvadoreña, defienda propuestas sensatas y tome el relevo a ARENA en futuros comicios. El poder político, al fin y al cabo, no debe servir para apabullar al rival, sino para buscar equilibrios que garanticen una transición sin miedos y sin traumas.
*Doctorando en Comunicación Pública de la Universidad de Navarra, España.

 

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