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Breve análisis
La amenaza del cambio
No cabe duda de que este nuevo proceso electoral constituye una
prueba de fuego para El Salvador
Entendamos de una vez que las personas que viven con VIH merecen
todo nuestro apoyo y respeto, y que tienen mucho que enseñarnos.
Entendamos de una vez que las personas que viven con VIH merecen
todo nuestro apoyo y respeto, y que tienen mucho que enseñarnos
El ambiente electoral salvadoreño aumenta de temperatura
cada día. La mera posibilidad de una alternancia política
en el próximo gobierno ha encendido todas las alarmas, activado
la maquinaria defensiva de la derecha y desatado el inevitable miedo
a la incertidumbre que todavía genera la izquierda en El
Salvador. Es como si de repente la amenaza de un cataclismo político
se estuviera cerniendo sigilosamente sobre nuestro país.
Faltan varios meses para que empiece de forma oficial la campaña
proselitista y el termómetro ya registra un subidón
que hace prever una acalorada contienda. Este período es,
a todas luces, la antesala de un duelo ideológico desde la
opinión pública. Los partidos están a punto
de definir a su candidato presidencial y la competencia interpartidista
se anuncia feroz con los actores en juego. El recelo político
también es protagonista en esta ocasión y vale la
pena reflexionar al respecto.
Una de las causas de este temor la encontramos en los resultados
de las pasadas elecciones, que han hecho abrigar esperanzas al principal
partido de oposición de llevarse el premio mayor
en las presidenciales. Sin embargo, el detonante de esta crispación
ha sido el cuestionado discurso del polémico Schafik Handal,
durante la toma de posesión de la actual junta directiva
de la Asamblea Legislativa, cuyas oscuras intenciones han significado
una llamada de atención para propios y extraños.
Las primeras en poner el grito en el cielo han sido las tribunas
de opinión de los medios de comunicación, que se resisten
a la idea de un eventual gobierno que transforme al país
en un satélite de la dictadura cubana. La empresa privada
también ha dejado entrever su inquietud ante ese discurso,
que supone poner en riesgo alianzas estratégicas con socios
internacionales y vulnera elementales principios de libertad empresarial.
Incluso, un alto funcionario norteamericano ha manifestado su preocupación
ante las reiteradas declaraciones anti-americanas de la dirigencia
del FMLN.
En esta tesitura, el partido ARENA obtiene ventaja de esta coyuntura
provocada a partir del programa político de la izquierda
radical. De momento y aunque el flamante candidato presidencial
sea Tony Saca, el mejor candidato que tiene ARENA para ganar las
elecciones es el mismísimo Schafik.
La explicación es sencilla. Todos sabemos que la personalidad
explosiva de Handal genera anticuerpos en varios sectores de la
sociedad salvadoreña, en especial por sus exabruptos verbales
y su actitud visceral al encarar cualquier debate y, por lo tanto,
su imagen colérica y su arraigada militancia comunista le
harían presa fácil durante la campaña electoral.
De seguro, recobrará vigencia el conocido eslogan arenero
de patria sí, comunismo no, que, dadas las circunstancias,
equivale al discurso bipolar de siempre.
A mi juicio, ante un panorama tan polarizante como el que se vislumbra,
obtener la victoria en las elecciones no le resultará tan
complicado a ARENA. Sin embargo, ganar no lo es todo, pues no resuelve
el problema de fondo que es reinventarse como partido y evolucionar
acorde a la situación actual del país. Si no procede
con audacia, más temprano que tarde, la alternancia será
una realidad e inevitablemente llegarán al poder contendientes
de peligrosa calaña. Las razones sobran: cansancio popular,
curiosidad por lo desconocido y, ante todo, el desgaste natural
de varios gobiernos consecutivos del mismo partido.
No nos engañemos, aunque el FMLN pierda el próximo
año, no se puede ocultar que su actual dirigencia ha purgado
a los elementos renovadores del propio partido y hábilmente
ha introducido sus propias piezas dentro de la estructura social
y política del país: salud, educación, justicia,
Asamblea Legislativa y alcaldías. Esto significa que, aún
sin tener el poder Ejecutivo en sus manos, ya gobiernan a su manera
parte de los entresijos que pueden mover o estancar a nuestra sociedad.
En cierta forma, también el PCN se ha convertido en un elemento
incómodo para las aspiraciones de un posible cuarto período
de ARENA. De hecho, sus controvertidas posiciones han hecho temer
lo peor a sus habituales socios políticos. El viejo partido
de derecha se cotiza alto en este año electoral,
porque cuenta con un crédito que ha conseguido a fuerza de
bailar al mejor son y de hacer política en perjuicio de sus
propios principios ideológicos. Quizá por eso es fácil
advertir que este partido sabe quién es el mejor postor,
y no es precisamente el FMLN.
No cabe duda de que este nuevo proceso electoral constituye una
prueba de fuego para El Salvador. El problema no es la alternancia,
al contrario, ésta se presupone en una democracia consolidada.
El meollo del asunto es el temor al cambio radical de un sistema
económico, social y político, que aun con sus imperfecciones
y desigualdades sigue siendo potencialmente funcional para el país.
Si el actual partido de gobierno quiere seguir subsistiendo como
opción, debe distinguir en el centro político al rival
adecuado con el que pueda competir sin poner en peligro los incipientes
valores democráticos de la nación.
Por eso es oportuno que surja pronto una iniciativa política
que aglutine a múltiples colectivos de la sociedad salvadoreña,
defienda propuestas sensatas y tome el relevo a ARENA en futuros
comicios. El poder político, al fin y al cabo, no debe servir
para apabullar al rival, sino para buscar equilibrios que garanticen
una transición sin miedos y sin traumas.
*Doctorando en Comunicación Pública
de la Universidad de Navarra, España.
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