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Los pescadores de Cuevitas

En el municipio de San Antonio Pajonal, Santa Ana, se encuentra el caserío Cuevitas, cuyos habitantes se dedican a la pesca artesanal.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com

La mayoría de los hombres del caserío Cuevitas pareciera estar programada para levantarse a las tres de la madrugada. A esa hora inician su larga jornada de trabajo en las tranquilas aguas del lago Güija.
Fotos EDH / Evelyn Ungo

La mayoría de los hombres del caserío Cuevitas pareciera estar programada para levantarse a las tres de la madrugada. A esa hora inician su larga jornada de trabajo en las tranquilas aguas del lago Güija.

Entre esos hombres se encuentra Carlos Antonio Linares, de 32 años, quien desde niño se ha dedicado a la pesca artesanal.

Cuando las aves aún duermen y la luna todavía engalana el cielo, Calín (como es conocido en el lugar) emprende su acostumbrado viaje por el lago. La oscuridad de la madrugada no es impedimento para remar por las aguas, pues se alumbra con una lámpara de mano.

En su lancha esquiva las ninfas y saca con pericia los trasmallos dejados desde el día anterior. En la quietud del amanecer se escucha el constante aleteo de los peces, quienes en medio de la agonía intentan escapar de los delgados hilos de las redes.

En el Cuzmapa

Con paciencia, Calín extrae los peces del agua y los coloca en la lancha. Ese trabajo lo realiza hasta las 5:00 a.m.

Al llegar a la orilla del lago se apresura a ensartar los pescados en duros bejucos; luego emprende el viaje hasta un punto limítrofe entre El Salvador y Guatemala, donde le compran sus productos.

“Los pescados se los vendo a un señor de Guatemala. Cada ensarta me la pagan a once quetzales”, expresa don Calín, un hombre de estatura mediana y de piel morena tostada por el sol.

Pero con la venta del pescado no termina la faena. Después de hacer sus negocios regresa al lago para limpiar los trasmallos y colocar otros. El área donde sumerge sus redes es en la desembocadura del río Cuzmapa, el que al llegar al lago se convierte en un “brazo” de éste.

Al atardecer revisa las redes o las acomoda para sacarlas hasta el siguiente día.
“A veces pesco con ocho trasmallos; cada uno mide 150 metros. La pesca en este lado del lago no es muy buena. Ahora hay muchos pescadores”, manifiesta Calín.

Fotos EDH / Evelyn Ungo

Lugar aislado

Sin embargo, el trabajo de los habitantes de Cuevitas no sólo es en el agua; ellos realizan tareas agrícolas en los terrenos que le arrendan al gobierno. En el invierno siembran maíz, y en la época seca cultivan escoba, pipianes, pepinos y sandías.

“En verano no se puede sembrar mucho, ya que las tierras son muy resecas”, expresa don Carlos.
Pero a partir del próximo año la resequedad de los terrenos ya no será un problema, ya que la comunidad contará con un sistema de riego, que permitirá sembrar hortalizas.

Este sistema será implementado y donado por Project Concernt International, organismo de ayuda internacional que realiza programas de agricultura y saneamiento ambiental.

Aunque el problema de resequedad de los terrenos será solucionado a mediano plazo, existen otros que parecen no tener solución, como la falta de una vía de acceso directa hasta el lugar.

Y es que las únicas formas para llegar a Cuevitas es a través del agua; para ello hay que embarcarse en el lugar conocido como El Desagüe (cerca del Metapán). También se puede llegar al caserío caminando cinco kilómetros y medio por una accidentada vereda que inicia en la carretera que de Santa Ana conduce a Metapán.
“Nos gustaría explotar el lugar turísticamente, pero no existe una carretera que llegue hasta aquí. Desde hace mucho tiempo le pedimos a las autoridades correspondientes que nos construyan una calle, pero nuestras peticiones no han sido escuchadas”, expresa el señor Virgilio Cruz Pérez, presidente de la Asociación de Desarrollo Comunal de Cuevitas.

Pese a los problemas, los habitantes de esta comunidad trabajan día tras días a orillas del Güija, esforzándose para salir del subdesarrollo en el que viven.

Rodeados de agua
Aunque Cuevitas pertenece al municipio de San Antonio Pajonal, la ayuda que recibe de la municipalidad es poca. Eso es lo que opina la mayoría de sus habitantes.
• Este caserío está formado por 36 viviendas y tiene un aproximado de 200 habitantes.
• Está ubicado en las cercanías de las desembocadura del río Cuzmapa. En sus alrededores hay paisajes impresionantes.
• No cuenta con servicio de agua potable ni de energía eléctrica. Las casas no tienen servicios sanitarios.
• La mayoría de los hogares utiliza energía solar. Para ello han instalado equipos solares (proporcionados por una organización no gubernamental).
• Su mayor problema es la falta de una vía de acceso.


 

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