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Compay
Segundo
Adiós, leyenda del son
El
mundo artístico cubano amaneció de luto ayer por la
muerte del popular cantautor Compay Segundo, que falleció
la madrugada del pasado lunes en La Habana, a los 95 años,
víctima de una insuficiencia renal que le apartó recientemente
de los escenarios.
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Máximo Francisco
Repilado, conocido en todo el mundo como Compay Segundo,
fue uno de los pocos ejemplos de artistas que lograron batir
récords de ventas y situarse en la cima de la fama
al borde de los 90 años. Foto
EDH / AP
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Máximo Francisco Repilado, conocido en todo el mundo como
Compay Segundo, fue uno de los pocos ejemplos de artistas
que lograron batir récords de ventas y situarse en la cima
de la fama al borde de los 90 años.
Repilado, que nació en Siboney (Santiago de Cuba) el 18 de
noviembre de 1907 en el seno de una familia campesina, adoptó
el seudónimo de Compay Segundo en la década de los
40.
Músico autodidacta, su trabajo como torcedor de tabaco no
le impidió empezar en el mundo de la música desde
muy joven e inventar el "armónico", una mezcla
de la guitarra española y el tres cubano.
Compay se relacionó con los mejores de la música tradicional
cubana, desde Miguel Matamoros a Benny Moré, "el bárbaro
del ritmo", aunque su fama mundial no llegó hasta mediados
de los años 90, cuando trabajó junto a otros grandes
de la trova y el son, en "Buena Vista Social Club", producido
por el guitarrista norteamericano Ry Cooder, que logró un
Grammy en 1997.
A partir de entonces, inició la mejor fase de su vida, con
nueve discos grabados entre 1996 y 2002 en los que incluyó
parte del centenar de composiciones que salieron de su mano a lo
largo de su larga carrera artística.
Compay paseó su buen humor y su figura de dandy -siempre
tocado con su inseparable sombrero, un traje impecable y un gran
puro en la boca- por los mejores escenarios del mundo, desde el
Carnegie Hall de Nueva York al Vaticano, donde actuó ante
el Papa Juan Pablo II.
Aunque en varias ocasiones había expresado su deseo de seguir
actuando hasta el último minuto de su vida, los desajustes
metabólicos que sufría hace meses se complicaron con
una insuficiencia renal que le obligaron a anunciar hace un par
de semanas su retirada de los escenarios.
Desde entonces, Compay descansaba en su residencia de La Habana
rodeado de sus familiares y sus amigos más íntimos.
Su hijo Salvador explicó hoy que Compay falleció esta
madrugada de un paro cardiaco provocado por su enfermedad.
"En los últimos días hablaba de la música,
de que le gustaba mucho el arreglo que hizo la orquesta sinfónica
sobre el tema Las Flores de la Vida. Hablaba de la alegría
de vivir. Murió como un hombre feliz", dijo.
Su cuerpo fue conducido a una conocida funeraria de la capital cubana
para el velatorio previo a su traslado a Santiago de Cuba, donde
será enterrado mañana atendiendo a su última
voluntad.
Cientos
de personas, en su mayoría familiares y amigos, han acudido
a despedir a Compay, que reposa en un ataúd cubierto con
la bandera cubana, un ramo de mariposas -la flor nacional de la
isla- y su inseparable sombrero.
Junto al féretro, su guitarra, fotografías de sus
actuaciones y una colección de las medallas y galardones
que reconocieron su carrera en los últimos años.
Entre las decenas de coronas que han llegado hasta la funeraria
figura la enviada por el presidente cubano con la leyenda "A
Compay Segundo, del comandante en jefe, Fidel Castro".
Omara Portuondo, la diva de "Buena Vista" y amiga personal
de Compay, fue una de las primeras en acudir a despedirse del creador
de "Chan-Chan".
"Indiscutiblemente, éste era un hombre que ha significado
mucho para la cultura de nuestro país y para la trova tradicional.
Por suerte, se pudo saber en el mundo entero lo que este hombre
ha significado. Era lo más auténtico de la música
cubana", dijo entre sollozos la cantante.
Para el pianista cubano Chucho Valdés, director de Irakere
y ganador de cuatro Grammys, Compay "no sólo fue un
gran innovador, sino que descolló como uno de los grandes
músicos populares de todas las épocas".
Durante un acto protocolario celebrado hoy, el ministro de Cultura,
Abel Prieto, lamentó la "gran pérdida" que
supone su desaparición y se confesó impresionado por
"esa mezcla muy particular de autenticidad, de sentido del
optimismo, de fe en la vida, una especie de cómo envejecer"
de que hacía gala Compay.
La estrella de buena vista social club
Máximo Francisco Repilado Muñoz nació el 18
de noviembre de 1907 en Siboney (Santiago de Cuba), y adoptó
el seudónimo artístico de Compay Segundo a principios
de los años 40, cuando formó el dúo "Los
Compadres" junto a Lorenzo Hierrezuelo
Compay quedó como abreviatura del "compadre" utilizado
en la región oriental de la isla y Segundo por su tono de
barítono, que le obligaba a actuar acompañando a la
primera voz.
A pesar de su dilatada carrera, Compay no conoció las mieles
del éxito hasta mediados de los 90, cuando participó
en "Buena Vista Social Club", un proyecto del guitarrista
estadounidense Ry Cooder que incluyó a otras figuras de la
música cubana como Elíades Ochoa, Ibrahim Ferrer y
Rubén González, y que logró en 1997 un Premio
Grammy.
Posteriormente, el cineasta alemán Win Wenders hizo un documental
sobre los músicos cubanos que recibió una extraordinaria
acogida y consiguió un galardón en los Premios de
Cine Europeos, abriéndole definitivamente las puertas de
los mercados internacionales.
Hijo de una familia campesina, Compay aprendió los oficios
de torcedor de tabaco y barbero para ayudar en su casa, pero esto
no le impidió empezar a tocar de oído
e inventar su propio instrumento, el armónico,
una combinación de la guitarra española y el tres
cubano.
Saboreó la bohemia santiaguera de los años 20 y desde
muy joven se relacionó con trovadores de la talla de Sindo
Garay, Miguel Matamoros y Ñico Saquito.
Pasó
por pequeñas agrupaciones y estudiantinas en Santiago y apareció
en estaciones radiofónicas comerciales con su armónico
antes de llegar a La Habana, de la mano del Quinteto Cuban Stars.
En 1936 ingresó en la Banda de Bomberos de Regla como clarinetista
y después pasó al Conjunto Matamoros, donde permaneció
durante 12 años y conoció a Benny Moré, el
bárbaro del ritmo.
En 1942, forma Los Compadres, con el propósito
de divulgar la música campesina cubana.
El dúo se rompe en 1955 y deja paso a Compay Segundo
y sus muchachos.
Sin embargo, su carrera se quiebra a partir de 1959 cuando, tras
el triunfo de la revolución cubana, llega el olvido y Compay
empieza a trabajar en la Fábrica de tabacos H.Upman.
Durante casi 20 años compagina su trabajo en la fábrica
con su pasión por la música, hasta que su jubilación,
en 1970, le permite volcarse otra vez en el mundo de la trova y
el son.
Empezar de nuevo no fue fácil para Compay, que llegó
a tocar para los turistas en los hoteles habaneros hasta que en
1989 viajó a Estados Unidos con el Cuarteto Patria, invitado
por el Festival de Culturas Tradicionales Americanas.
En 1994 participa en el Primer Encuentro del Son y el Flamenco en
Sevilla (España) coincidiendo con la edición de una
recopilación de sus éxitos de la mano de Santiago
Auseron (Juan Perro) que le facilita la entrada en el mercado español
primero y europeo después.Las giras internacionales se suceden
y, en 1996, ficha por Dro Music, de la Warner Records de España,
y se hace miembro de la Sociedad de Autores y Editores de ese país.
Tras el Grammy de Buena Vista, Compay entra en la elite
de la música mundial por la puerta grande, con nueve discos
editados entre 1996 y 2002 y actuaciones en los más importantes
escenarios del mundo, desde el Olympia de París hasta el
Carnegie Hall de Nueva York, pasando por la Sala Nervi del Vaticano,
donde actuó ante el Papa Juan Pablo II.
Figuras como Charles Aznavour, Cesaria Evora, Antonio Banderas o
Pablo Milanés han acompañado a Compay en Duets,
uno de sus últimos discos.
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