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Sentido común
El ejemplo de Cuba
Es
una lástima que la discusión sobre el modelo cubano
juegue un rol protagónico en esta campaña política
que se avecina. La culpa la tiene el Frente.
ARENA ha elegido a su candidato presidencial. El ungido es Tony
Saca. Su candidatura ha sido ganada a pulso y en buena lid y será,
seguramente, el ingrediente que devolverá el norte a ese
partido luego de cuatro meses de borrascas e incertidumbres. La
campaña agarra fuerza.
Sin embargo, como salvadoreño y con la responsabilidad de
ser honesto con lo que pienso y expreso, no puedo dejar de señalar
cuánto me preocupa que la discusión política
de la precampaña presidencial esté echando tantas
raíces alrededor del tema cubano.
Escuchar la defensa y promoción que sobre Cuba, su modelo
y su líder hacen algunos personajes en este país ya
me resulta tan desagradable como tragarme en ayunas un yogurt low
fat, natural es decir insaboro y tibio.
Enterarse sobre lo que ocurre en Cuba es tan fácil. Hoy la
Internet está al alcance de la mayoría. El régimen
cubano fenece con la edad de su dictador. No hay país sobre
la faz de la tierra dispuesto a emular semejante dictadura. Averigüen,
quienes piensen que esos aires caribeños van a venir a refrescar
nuestra geografía salvadoreña, de qué se trata
la llamada GESTAPO ROJA, de cómo se estructura este cuerpo
y de lo que controla.
Husmeen sobre la Tercera Sección, dueña de la vida
y milagro de la cultura y el deporte cubano;
de la Cuarta Sección, encargada de las escuchas telefónicas,
y de la Octava, que es la que revisa las cartas y correspondencias
de los pobres ciudadanos. Busque y lea sobre los sapos,
sobre los 50,000 hombres de las fuerzas especiales, y sobre la célebre
Dirección 5, encargada de atender a disidentes
u otras personalidades que osen pensar distinto al sanedrín
rojo.
Siga ponchando la computadora y vaya a la Dirección
Nacional de Inteligencia, la que espía adentro y fuera de
Cuba. Lea sobre los Comités de Vigilancia de la Revolución.
Finalice el lector su tour cibernético en los
campos de concentración del UMAP, en los que miles de jóvenes
dejaron enterrados sus sueños en un mar de estiércol
y sangre.
A mí, los totalitarismos de izquierda o derecha me provocan
repulsión. Por eso me da lo mismo un Castro que un Chávez.
O un Ríos Montt que un Ortega. Todos estos son expertos en
quebrar países y patear con las botas la dignidad de las
personas. De ahí lo patético que el principal partido
de oposición de este país se mire en esos espejos.
Agustín no pudo meter las aguas del mar en su balde. Tampoco
los gatos tienen tres pies. ¿Cuántos años tiene
Fidel de ser presidente? ¿Cuántos partidos hay en
esa isla? ¿Y periódicos? ¿Y radios? ¿Y
estaciones de televisión?
¡Cuántas columnas como éstas se pueden escribir
en Gramma! ¿Cuántos Frente a Frente o
Entrevista al Día hay? Seguir insistiendo en
las bondades de un régimen que espía a sus ciudadanos,
que les aplica la pena de muerte por pensar distinto, que encarcela
disidentes... y tratar de venderlo aquí en el país
por compromiso, por convicción, por fanatismo, o por los
tres, es un soberano insulto a la inteligencia de la respetable
afición.
Además de tanta desgracia política, la economía
cubana va a la quiebra. Cuando Castro tomó el poder en 1959,
el PIB por habitante era de $ 3,170, el más alto de los 44
países de Iberoamérica y el Caribe, exceptuando Venezuela,
Argentina, Chile y Trinidad y Tobago. Su prosperidad iba casi bis
a bis con la de España. Luego de ¡44 años! de
gobierno castrista, el Producto Interno Bruto cubano únicamente
supera a Haití, Honduras y Nicaragua, los países más
pobres del hemisferio. Claro, estos datos no los va a encontrar
el lector en Cuba.com. Desafortunadamente, tampoco en publicaciones
de solvencia probada como las que publica el Banco Mundial o la
misma CEPAL, por curioso que parezca.
Es una lástima que la discusión sobre el modelo cubano
juegue un rol protagónico en esta campaña política
que se avecina. La culpa la tiene el Frente. Cuando el país
tenía años de hablar de reconstruir, modernizar, eficientar,
institucionalizar y relanzar a El Salvador como el más exitoso
ejemplo de un proceso pacificador, los principales líderes
efemelenistas han resucitado de las catacumbas de la historia la
vieja y desvencijada partitura de un anciano dictador que se precia
de gobernar su país en el nombre de la revolución
per sécula seculorum.
Claro, cuando un partido tan importante y tan radical como el Frente
se arropa con semejantes colchas, de inmediato salta la respuesta
de las fuerzas democráticas del país y la discusión
se polariza. Y frente al peligro de caer en manos de un totalitarismo
a ultranza, se desvía la discusión y se empieza, sin
darse cuenta, a dejar otros temas de fondo que le urgen al país.
Ojalá que ahora que Tony Saca encabezará el proyecto
arenero, sin dejar de señalar los peligros obvios y latentes
que implica un partido que se remira en Cuba para gobernar, logre
meter en la discusión nacional las propuestas que el país
necesita para volver a soñar. Que le abra un claro a la ilusión
de construir nuestro propio futuro. Que despierte, junto a otras
fuerzas políticas del país, esa esperanza que la polarización
se encarga de apagar.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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