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Sentido común
El ejemplo de Cuba

Ricardo Rivas*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Es una lástima que la discusión sobre el modelo cubano juegue un rol protagónico en esta campaña política que se avecina. La culpa la tiene el Frente.

ARENA ha elegido a su candidato presidencial. El ungido es Tony Saca. Su candidatura ha sido ganada a pulso y en buena lid y será, seguramente, el ingrediente que devolverá el norte a ese partido luego de cuatro meses de borrascas e incertidumbres. La campaña agarra fuerza.

Sin embargo, como salvadoreño y con la responsabilidad de ser honesto con lo que pienso y expreso, no puedo dejar de señalar cuánto me preocupa que la discusión política de la precampaña presidencial esté echando tantas raíces alrededor del tema cubano.
Escuchar la defensa y promoción que sobre Cuba, su modelo y su líder hacen algunos personajes en este país ya me resulta tan desagradable como tragarme en ayunas un yogurt “low fat”, natural —es decir insaboro— y tibio.

Enterarse sobre lo que ocurre en Cuba es tan fácil. Hoy la Internet está al alcance de la mayoría. El régimen cubano fenece con la edad de su dictador. No hay país sobre la faz de la tierra dispuesto a emular semejante dictadura. Averigüen, quienes piensen que esos aires caribeños van a venir a refrescar nuestra geografía salvadoreña, de qué se trata la llamada GESTAPO ROJA, de cómo se estructura este cuerpo y de lo que controla.

Husmeen sobre la Tercera Sección, dueña de la vida y milagro de la “cultura” y el “deporte” cubano; de la Cuarta Sección, encargada de las escuchas telefónicas, y de la Octava, que es la que revisa las cartas y correspondencias de los pobres ciudadanos. Busque y lea sobre “los sapos”, sobre los 50,000 hombres de las fuerzas especiales, y sobre la célebre Dirección 5, encargada de “atender” a disidentes u otras personalidades que osen pensar distinto al sanedrín rojo.

Siga “ponchando” la computadora y vaya a la Dirección Nacional de Inteligencia, la que espía adentro y fuera de Cuba. Lea sobre los Comités de Vigilancia de la Revolución. Finalice el lector su “tour” cibernético en los campos de concentración del UMAP, en los que miles de jóvenes dejaron enterrados sus sueños en un mar de estiércol y sangre.

A mí, los totalitarismos de izquierda o derecha me provocan repulsión. Por eso me da lo mismo un Castro que un Chávez. O un Ríos Montt que un Ortega. Todos estos son expertos en quebrar países y patear con las botas la dignidad de las personas. De ahí lo patético que el principal partido de oposición de este país se mire en esos espejos. Agustín no pudo meter las aguas del mar en su balde. Tampoco los gatos tienen tres pies. ¿Cuántos años tiene Fidel de ser presidente? ¿Cuántos partidos hay en esa isla? ¿Y periódicos? ¿Y radios? ¿Y estaciones de televisión?

¡Cuántas columnas como éstas se pueden escribir en Gramma! ¿Cuántos “Frente a Frente” o “Entrevista al Día” hay? Seguir insistiendo en las bondades de un régimen que espía a sus ciudadanos, que les aplica la pena de muerte por pensar distinto, que encarcela disidentes... y tratar de venderlo aquí en el país por compromiso, por convicción, por fanatismo, o por los tres, es un soberano insulto a la inteligencia de la respetable afición.

Además de tanta desgracia política, la economía cubana va a la quiebra. Cuando Castro tomó el poder en 1959, el PIB por habitante era de $ 3,170, el más alto de los 44 países de Iberoamérica y el Caribe, exceptuando Venezuela, Argentina, Chile y Trinidad y Tobago. Su prosperidad iba casi bis a bis con la de España. Luego de ¡44 años! de gobierno castrista, el Producto Interno Bruto cubano únicamente supera a Haití, Honduras y Nicaragua, los países más pobres del hemisferio. Claro, estos datos no los va a encontrar el lector en Cuba.com. Desafortunadamente, tampoco en publicaciones de solvencia probada como las que publica el Banco Mundial o la misma CEPAL, por curioso que parezca.

Es una lástima que la discusión sobre el modelo cubano juegue un rol protagónico en esta campaña política que se avecina. La culpa la tiene el Frente. Cuando el país tenía años de hablar de reconstruir, modernizar, eficientar, institucionalizar y relanzar a El Salvador como el más exitoso ejemplo de un proceso pacificador, los principales líderes efemelenistas han resucitado de las catacumbas de la historia la vieja y desvencijada partitura de un anciano dictador que se precia de gobernar su país en el nombre de la revolución per sécula seculorum.

Claro, cuando un partido tan importante y tan radical como el Frente se arropa con semejantes colchas, de inmediato salta la respuesta de las fuerzas democráticas del país y la discusión se polariza. Y frente al peligro de caer en manos de un totalitarismo a ultranza, se desvía la discusión y se empieza, sin darse cuenta, a dejar otros temas de fondo que le urgen al país.

Ojalá que ahora que Tony Saca encabezará el proyecto arenero, sin dejar de señalar los peligros obvios y latentes que implica un partido que se remira en Cuba para gobernar, logre meter en la discusión nacional las propuestas que el país necesita para volver a soñar. Que le abra un claro a la ilusión de construir nuestro propio futuro. Que despierte, junto a otras fuerzas políticas del país, esa esperanza que la polarización se encarga de apagar.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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