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Palabras
El frío corazón de la humanidad...
Yo
comparo amigo lector este frío corazón
del quirófano del Instituto de Nauheim con el corazón
de nuestra humanidad actual.
Tan frío. Tan indolente, tan materializado. Vacío.
Sin muchas pasiones que le hagan latir, que le hagan estremecer,
vivir, amar.
¡Tengo miedo de quedarme con mi dolor a solas!,
escribía Becquer en sus rimas. Es el mismo miedo que siente
el hombre del frío corazón, al cual no calienta ningún
fuego, ningún sentimiento de esperanza.
Cada vez más va quedando a solas la humanidad con su corazón
de hielo sin poder amar, sin poder perdonar, muriendo de ilusiones,
muriéndose en su fe.
El hombre del corazón frío es aquel que no se conduele
ante el hambre, el dolor y la miseria de sus hermanos. Es el mismo
que, sediento de riquezas y de falsos poderes, crea guerras y vuelve
a las ciudades antros de concreto, hierro, máquinas y soledad.
Día a Día
Los cabecillas efemelenistas harían bien en visitar las
tierras cooperativizadas y comparar su triste y ruinoso
estado actual con lo que eran cuando las trabajaban sus dueños,
antes de las reformas socializantes.
La brutal colectivización de la agricultura en Rusia, China
continental y cuanta nación ha caído en el comunismo,
provocó las grandes hambrunas del Siglo XX. Cerca de treinta
millones de campesinos rusos y kulaks (los pequeños propietarios)
murieron a causa de las colectivizaciones; por el contrario, donde
rige un sistema económico liberal, de mercado, la regla es
la abundancia y el establecimiento de agroindustrias, lo que a su
vez eleva el nivel de vida del poblador rural.
Volvamos de nuevo al tema de las tierras en abandono
de que hablan los comunistas salvadoreños. El ejemplo más
palpable es el de la hacienda La Carrera, en una época la
mayor productora de algodón en El Salvador, que ahora está
en buena parte abandonada mientras en el resto se siembran milpas.
Y lo mismo ocurre en haciendas como Tierra Blanca, la isla del Espíritu
Santo, las propiedades del oriente de la República, y las
haciendas de Chalatenango: en el desastre por la reforma agraria.
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