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La nota del día
Ya se anuncia el final de Castro
Cuba está rápidamente hundiéndose en la miseria,
la persecución policial, la desesperanza y los extremos grotescos
de un esquema, el socialismo, que sacrifica al ser humano
en aras de una utopía irrealizable.
El fin del repugnante régimen de Fidel Castro está
próximo. En declaraciones al gran diario italiano Corriere
della Sera, el Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio
Occidental, Otto Reich, dijo que apostaba a ello. Parecidas
expresiones hizo hace pocos días la Ministra de Relaciones
Exteriores de España, Ana Palacio.
Las señales se van acumulando. Hace unas semanas, el Secretario
de Estado norteamericano, Colin Powell, habló en Chile de
la rápida caída del régimen. Antes el presidente
Bush se dirigió a los cubanos por Radio Martí, en
un gesto sin precedentes. Y unas semanas más tarde, la directora
del Consejo Nacional de Seguridad, Condoleeza Rice, afirmó
que militarmente el régimen castrista no presentaba
ningún problema.
Para que abunde, la Unión Europea, por tradición muy
tolerante con Castro, ha condenado en forma enérgica los
fusilamientos de tres jóvenes cubanos, y la ola de agresiones
y los encarcelamientos de disidentes y periodistas. A ello se suma
el rompimiento con el régimen de un número de intelectuales
comunistas y de izquierda, que siempre apoyaron a Castro.
Reich dijo al Corriere que para Estados Unidos, Cuba y Venezuela
eran los dos grandes problemas en el Hemisferio. Es obvio que el
narcoterrorismo colombiano es también una lacra, como lo
es la amenaza permanente de movimientos y partidos de extrema izquierda
que mantienen estrechos nexos con la internacional del terror.
Cuba está rápidamente hundiéndose en la miseria,
la persecución policial, la desesperanza y los extremos grotescos
de un esquema, el socialismo, que sacrifica al ser humano
en aras de una utopía irrealizable.
En su mayor parte, la gente que visita Cuba habla de la desesperación
de los pobladores, del estado ruinoso de las ciudades, de la carencia
de bienes y servicios, de las exiguas raciones de alimentos con
las que están obligados a subsistir.
Un cubano recibe un par de pantalones y un par de zapatos por año,
de muy mala calidad; su salario nunca supera los treinta dólares
al mes, aun cuando se trate de técnicos, ingenieros y médicos.
Sólo si disponen de dólares es que los cubanos consiguen
artículos como pasta de dientes, ropa y ciertas medicinas.
Y es por los dólares y alguna diversión, que las muchachas
y los muchachos cubanos se prostituyen con los turistas.
El engaño de la seguridad alimentaria
Hasta la toma del poder por Castro, Cuba gozó del más
alto nivel de ingreso per cápita en el Hemisferio, contando
con sistemas de salud, educación, servicios públicos
y desarrollo empresarial y social, que eran la envidia del continente.
Cuba tenía la más pujante industria azucarera, en
un inicio en manos de extranjeros pero que, para los años
cincuenta, pasó en su mayor parte a ser propiedad de cubanos.
Prácticamente, esa floreciente agroindustria ha colapsado,
dando espacio a lo que llaman la seguridad alimentaria.
Por la incapacidad del régimen de continuar produciendo azúcar
con eficiencia, ahora existe una agricultura de subsistencia destinada
a mal abastecer la demanda interna. El rotundo fracaso agrario se
disfraza con el supuesto logro de la seguridad alimentaria.
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