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Opinando
Que sean ustedes un pueblo de esperanza
De
tal manera que ahora con sus actuaciones devastadoras, se han colocado
en realidad en la línea anarquista
Palabras de Juan Pablo II, pronunciadas el 8 de junio pasado en
Croacia. Pareciera que fueron dichas para El Salvador, que se encuentra
asediado por la amenaza comunista, con la intención de apoderarse
de la libertad y de todo lo que significa bienes y riquezas de este
país, cuyo único defecto es no ser materialista ni
ateo; somos espectadores del triste espectáculo ofrecido
por los extremistas.
Qué otra cosa pueden ser los que dirigían la marcha
en que celebraban el asesinato de miles de inocentes el 11 de septiembre,
al destruir las Torres Gemelas de Nueva York. Qué otra cosa
pueden ser los miembros de la directiva del partido político
que hicieron su causa apoyando y solidarizándose con la huelga
de los hospitales, donde los desvalidos clamaban y suplicaban a
los médicos, o pedían medicinas que no po- dían
comprar y les fueron negadas.
No preocupándoles el sufrimiento de los más necesitados,
los únicos a quienes se perjudicaba. Cosa que no les importó
a los radicales de izquierda, cuya ambición de poder no se
detiene ante nada.
Pues ahora en su proyectado gobierno lo que tratan es
destruir, anular, deshacer lo bueno que se ha hecho, con la única
razón de que no es su obra y porque se opone a su ideología
de violencia. De tal manera que ahora con sus actuaciones devastadoras,
se han colocado en realidad en la línea anarquista. Pues
anarquismo es lo que hacen hoy en día los ortodoxos del partido
a que nos referimos, o sea, propugnar por "la acción
violenta en vez de la crítica pasiva contra la sociedad y
el Estado."
Díganlo las promesas de terminar con la pobreza, lo cual
es una falacia, pues ellos están conscientes y todos sabemos
de que eso es imposible. Otra cosa sería ofrecer disminuirla
por medio de medidas sensatas, creando fuentes de trabajo, mejorando
el estándar de vida del pueblo, con viviendas confortables,
sistemas de salud óptimos, centros de instrucción
para todos los niveles.
Por otra parte, somos espectadores de la mezcla explosiva de religión
con política. Aludimos al dirigente de una iglesia, quien
se supone cree en la existencia de un Ser Supremo y misericordioso,
cuya distinción es el amor, vemos con sorpresa el apoyo que
da a los que sostienen y pregonan que la religión es
el opio de los pueblos. Y que tiene como una de sus finalidades
terminar, excluir y combatir todo principio religioso.
Tal forma de proceder no se explica, pues recordemos que cuando
el monje agustino Martín Lutero mandó las famosas
noventa y cinco tesis con una carta a su arzobispo y después
al obispo de Brandenburgo, el 31 de octubre de 1517, comienza diciendo:
Gracia y misericordia de Dios, a quien debo todo lo que soy
y puedo. Padre reverendísimo en Cristo
. Es decir,
nunca hubiera él apoyado a los ateos, sin embargo vemos que
un reverendo, a saber por qué motivos, respalda
a los materialistas, con el pretexto de razones humanitarias, como
si el cristianismo no tuviera en forma óptima
los mismos principios.
A fuerza de ver todo, se termina por soportar todo, y a fuerza
de soportar todo, se termina por admitir todo.
*Lic. en Filosofía y Dr. en
Derecho.
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