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Dos alternativas
Hacer cola o exportar
En
las elecciones de 2004 nos tocará asegurar el futuro. El dolor
que dejó una guerra tan prolongada se tradujo en la madurez
para ceder y aceptar las condiciones que hicieron posibles los Acuerdos
de Paz.
Los salvadoreños hemos comenzado a vivir una etapa de conquista
y cortejo en que los pretendientes de los partidos políticos
ofrecen el oro y el moro para lograr el voto que los llevará
al poder. Estamos como novias escuchando las propuestas de los enamorados
para decidir a quién conviene otorgar la blanca mano.
Si el asunto no fuera tan trascendente (nos estamos jugando el futuro
del país), sería como para reírse al ver el
tira y afloja al retractarse de algo que se dijo en forma imprudente,
explicar que lo que se habló no era exactamente lo que se
quería decir o que en el marco de la entrevista o dentro
del contexto de la declaración no se captó el verdadero
sentido, cayendo muchas veces en la tontería y en el absurdo.
Los del FMLN han afirmado que como en Cuba, la prosperidad vendrá
con inversiones del extranjero gracias a la vuelta del colón,
para tener excelentes servicios de salud y educación y lograr
ponernos al nivel de Venezuela, cuyas demostraciones callejeras
son un ejemplo de amplia participación ciudadana.
El coordinador general ofrece como prueba la huelga de médicos
que permitió manifestarse con libertad al gremio durante
nueve meses, con los resultados conocidos en beneficio de los más
necesitados. La reacción de un sindicalista entusiasmado
con las promesas de que aunque haya que hacer cola, habrá
comida para todos, equivale a creer que habrá colas
porque la comida será gratis, para todos los que no tengan
ganas de trabajar.
La otra cara de la moneda son las negociaciones del TLC y del ALCA,
que el partido rojo sacará totalmente de su agenda, pero
que han despertado el entusiasmo de otra clase de salvadoreños.
No los de la cúpula empresarial ni de multinacionales, sino
de salvadoreños que con legítimo orgullo confiesan
haber comenzado desde muy abajo y que en la actualidad son empresarios
emprendedores en el más estricto sentido del término.
Con gran emoción hemos conocido historias que son una muestra
de fe y confianza en el porvenir a través de esa puerta de
oportunidades que se llama el libre comercio.
Típicos Margoth incursiona en el mundo complejo
de las franquicias, una experiencia novedosa en nuestro medio. El
rey del tamal, que inició con un pequeño
perol en un garaje, con un pedido inicial de 50 cajas de tamales
de elote empacados hacia Los Ángeles, hoy embarca cada dos
meses tres contenedores con 120,000 tamales a distribuidores de
productos latinos en Houston, Boston y New Jersey, dando trabajo
a 35 obreras.
La marca Gálvez es sinónimo de guitarras
de excelente calidad en el mundo de la música, y la empresa
con 93 años de experiencia ha alcanzado fama y renombre más
allá de nuestras fronteras. El Tambache típico
comenzó con los antojos de una compatriota que cada vez que
venía de vacaciones hacía a su familia dar mil vueltas
para poder llevar semita, queso, pupusas y otras cosas destinadas
a cubrir el mercado de la nostalgia, y luego de una
inteligente planeación y alianzas estratégicas con
los fabricantes de dichos productos, es hoy un combo que se vende
en tiendas y aeropuertos y se exporta para llevar el sabor de la
patria (y unas cuantas libras de más), a los miles de compatriotas
que viven en Estados Unidos, mercado cautivo que es un filón
de oro que el tesón, la inteligencia y la laboriosidad de
nuestro pueblo han sabido explotar.
En las elecciones de 2004 nos tocará asegurar el futuro.
El dolor que dejó una guerra tan prolongada se tradujo en
la madurez para ceder y aceptar las condiciones que hicieron posibles
los Acuerdos de Paz. Pero el progreso y el bienestar no se compran
enlatados ni vienen listos para repartir ni para producir resultados
inmediatos. Como todo lo bueno en la vida, el tiempo para corregir,
sanar y construir es largo. Los resultados reales, estables y duraderos
se ven únicamente a largo plazo. Los que ofrecen lo contrario
mienten porque es fácil prometer lo que no se va a cumplir
o asegurar que se puede obtener por medio de la violencia.
La madurez política supone analizar los programas de gobierno,
sus planteamientos y promesas. Preguntar cómo se hará,
con qué recursos y con qué fines para decidir cuál
es la mejor opción: la que ofrece comida para todos haciendo
cola, o la que lucha para que El Salvador suba al tren del progreso,
compitiendo comercialmente con los países más avanzados
del mundo, para beneficio de todos los que son capaces de entonar
cada día, con entusiasmo, un himno al trabajo fuerte y honrado.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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