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Dos alternativas
Hacer cola o exportar

Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
En las elecciones de 2004 nos tocará asegurar el futuro. El dolor que dejó una guerra tan prolongada se tradujo en la madurez para ceder y aceptar las condiciones que hicieron posibles los Acuerdos de Paz.

Los salvadoreños hemos comenzado a vivir una etapa de conquista y cortejo en que los pretendientes de los partidos políticos ofrecen el oro y el moro para lograr el voto que los llevará al poder. Estamos como novias escuchando las propuestas de los enamorados para decidir a quién conviene otorgar la blanca mano.

Si el asunto no fuera tan trascendente (nos estamos jugando el futuro del país), sería como para reírse al ver el tira y afloja al retractarse de algo que se dijo en forma imprudente, explicar que lo que se habló no era exactamente lo que se quería decir o que en el marco de la entrevista o dentro del contexto de la declaración no se captó el verdadero sentido, cayendo muchas veces en la tontería y en el absurdo.

Los del FMLN han afirmado que como en Cuba, la prosperidad vendrá con inversiones del extranjero gracias a la vuelta del colón, para tener excelentes servicios de salud y educación y lograr ponernos al nivel de Venezuela, cuyas demostraciones callejeras son un ejemplo de amplia participación ciudadana.

El coordinador general ofrece como prueba la huelga de médicos que permitió manifestarse con libertad al gremio durante nueve meses, con los resultados conocidos en beneficio de los más necesitados. La reacción de un sindicalista entusiasmado con las promesas de que “aunque haya que hacer cola, habrá comida para todos”, equivale a creer que habrá colas porque la comida será gratis, para todos los que no tengan ganas de trabajar.

La otra cara de la moneda son las negociaciones del TLC y del ALCA, que el partido rojo sacará totalmente de su agenda, pero que han despertado el entusiasmo de otra clase de salvadoreños.

No los de la cúpula empresarial ni de multinacionales, sino de salvadoreños que con legítimo orgullo confiesan haber comenzado desde muy abajo y que en la actualidad son empresarios emprendedores en el más estricto sentido del término. Con gran emoción hemos conocido historias que son una muestra de fe y confianza en el porvenir a través de esa puerta de oportunidades que se llama el libre comercio.

“Típicos Margoth” incursiona en el mundo complejo de las franquicias, una experiencia novedosa en nuestro medio. El “rey del tamal”, que inició con un pequeño perol en un garaje, con un pedido inicial de 50 cajas de tamales de elote empacados hacia Los Ángeles, hoy embarca cada dos meses tres contenedores con 120,000 tamales a distribuidores de productos latinos en Houston, Boston y New Jersey, dando trabajo a 35 obreras.

La marca “Gálvez” es sinónimo de guitarras de excelente calidad en el mundo de la música, y la empresa con 93 años de experiencia ha alcanzado fama y renombre más allá de nuestras fronteras. El “Tambache típico” comenzó con los antojos de una compatriota que cada vez que venía de vacaciones hacía a su familia dar mil vueltas para poder llevar semita, queso, pupusas y otras cosas destinadas a cubrir “el mercado de la nostalgia”, y luego de una inteligente planeación y alianzas estratégicas con los fabricantes de dichos productos, es hoy un combo que se vende en tiendas y aeropuertos y se exporta para llevar el sabor de la patria (y unas cuantas libras de más), a los miles de compatriotas que viven en Estados Unidos, mercado cautivo que es un filón de oro que el tesón, la inteligencia y la laboriosidad de nuestro pueblo han sabido explotar.

En las elecciones de 2004 nos tocará asegurar el futuro. El dolor que dejó una guerra tan prolongada se tradujo en la madurez para ceder y aceptar las condiciones que hicieron posibles los Acuerdos de Paz. Pero el progreso y el bienestar no se compran enlatados ni vienen listos para repartir ni para producir resultados inmediatos. Como todo lo bueno en la vida, el tiempo para corregir, sanar y construir es largo. Los resultados reales, estables y duraderos se ven únicamente a largo plazo. Los que ofrecen lo contrario mienten porque es fácil prometer lo que no se va a cumplir o asegurar que se puede obtener por medio de la violencia.

La madurez política supone analizar los programas de gobierno, sus planteamientos y promesas. Preguntar cómo se hará, con qué recursos y con qué fines para decidir cuál es la mejor opción: la que ofrece comida para todos haciendo cola, o la que lucha para que El Salvador suba al tren del progreso, compitiendo comercialmente con los países más avanzados del mundo, para beneficio de todos los que son capaces de entonar cada día, con entusiasmo, un himno al trabajo fuerte y honrado.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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