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El Salvador en perspectiva
La decadencia de las virtudes
Lo
que nos hizo pensar en este tema han sido los cadáveres decapitados
y mutilados de mujeres y hombres que se han encontrado tirados en
las calles, a veces muy separados.
Usamos la palabra virtudes en el título, en
su sentido de recto y justo al calificar las actuaciones de los
seres humanos dentro de la familia, el barrio, en sus relaciones
con las demás personas con quienes tienen contacto.
También se puede aplicar al comportamiento de los hombres
como parte de los conjuntos que conocemos como sociedad, gremio,
pueblo, ciudad y Estado, que actúan como grupos, influidos
y casi siempre manipulados por dirigentes que los dominan.
Todo esto se incluye grosso modo en lo que llamamos
civilización, es decir, el proceso mediante el cual los seres
humanos someten y limitan sus instintos animales a reglas o costumbres
de conducta para el bien de todos, lo que les facilita compartir
la vida con otros.
Lo que pretendíamos al principio era especular si esas relaciones
entre los hombres y entre los conjuntos de los hombres ha- bían
llegado alguna vez, en algún tiempo o en algún lugar,
al ápice de la perfección de la civilización
en toda la historia oral o escrita de la humanidad.
Pero ante la magnitud de la materia que contemplábamos, aunque
minúscula en comparación con la vastedad del universo
en que vivimos, decidimos limitarnos a especular si se respeta lo
recto y lo justo más o menos en el mundo de hoy que en el
mundo de ayer y enfocando en forma específica a El Salvador
que es donde vivimos. En otras palabras, meditar un poco si la vida
en El Salvador ha mejorado o está peor.
Lo que nos hizo pensar en este tema han sido los cadáveres
decapitados y mutilados de mujeres y hombres que se han encontrado
tirados en las calles, a veces muy separados. Estos crímenes
son síntomas de un mal que padece nuestro grado de civilización
y denuncian a gritos que lo recto y lo justo no se respetan entre
nosotros.
Los criminales que cometieron esos horrores no se inmunizaron a
la natural repugnancia que debe provocar el cortar un cuerpo humano,
sino que se ha ido formando tolerancia a hechos inhumanos a través
de muchas experiencias.
La indiferencia a la vida humana de que somos testigos casi a diario
viene de muy lejos. Es adquirido en la primera niñez. El
asesino con las manos sangrientas es producto de los errores de
la cultura en que se ha formado.
Fotografías de varios cadáveres tirados sobre una
carretera, después de un accidente de tránsito causado
por un motorista borracho, que se fuga para evitar responsabilidades,
ya no causan ni repugnancia ni indignación.
Desde este punto de vista se puede sostener que hay menos respeto
a lo recto y lo justo y tolerancia del mal hoy en día que
en tiempos pasados. No obstante, un historiador puede saltar y objetar
que no debemos olvidar los sacrificios humanos en que los aztecas
descuartizaban las ofrendas humanas, que no obstante no tener pruebas
de que los pipiles y otras tribus practicaban sacrificios humanos,
sabemos que influenciaron mucho la vida en el antiguo Cuscatlán.
¿Qué podemos concluir? Que la tolerancia de la decadencia
de los principios civilizados, como los abusos sexuales o los asesinatos
de pasajeros de autobuses, decapitación de escolares, corrupción
en el manejo de los bienes públicos, condonación de
hechos criminales, incumplimiento de obligaciones civiles, explotación
laboral y sindical y otros hechos contra la sociedad, contribuyen
y siembran la decadencia de las virtudes en que nuestra civilización
está fundada.
*Escritor y columnista de El Diario
de Hoy.
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