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Comentario de la semana
Problemas en Iraq

EDUARDO TORRES*
El Diario de Hoy
eduardo@elsalvador.com

La oportunidad que durante los últimos cincuenta años hemos venido buscando, como región, se encuentra ya a meses plazo.

Intensa polémica se ha desatado en Estados Unidos luego que la Casa Blanca admitiera el lunes que fue “incorrecta” la afirmación del presidente estadounidense, George W. Bush, durante un importante discurso a principios de año, en el cual aseveró que Sadam Hussein intentaba comprar materiales en África para la fabricación de armas de destrucción masiva, específicamente uranio de Nigeria.

El vocero presidencial, Ari Fleischer, dijo que tal aseveración “no debió haber sido llevada al nivel de discurso presidencial”, mucho menos, cae por su propio peso, al estelar discurso del “Estado de la nación”.

Líderes de la bancada demócrata, en minoría en ambas cámaras del Congreso, no dejaron pasar la oportunidad y demandaron una investigación en el Capitolio sobre el uso y manejo de la información de inteligencia realizada por la administración Bush antes de la guerra en Iraq.

El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, saltó de inmediato a la contienda de opinión pública y, en una comparecencia ante un Comité del Senado, dijo que encontraron, en su momento, “dramática nueva evidencia” de que Iraq buscaba contar con armas de destrucción masiva y que habían actuado a partir de la información recibida, y “de la experiencia sufrida el 11 de septiembre (9-11)”.

Tanto Bush como su asesora de Seguridad Nacional, Condoleeza Rice, dijeron ayer en Uganda, en el cuarto día de su gira por África, que el texto del discurso fue aprobado por los “servicios de seguridad de inteligencia”, es decir, por la CIA.

Dos días antes había dicho Bush en Sudáfrica: “No cabe duda en mi mente de que Sadam Hussein era una amenaza para la paz mundial. Tampoco dudo de que Estados Unidos, junto con aliados y amigos, actuó correctamente para removerlo del poder”.

Terry M. Neal, columnista de “The Washington Post”, lo puso en la siguiente forma: “Si la administración Bush hubiese argumentado ir a la guerra con Iraq por razones de índole estrictamente humanitario, lo habría logrado, ya que Sadam Hussein era uno de los verdaderos tiranos en el mundo, bestial líder que aterrorizaba a su propia gente”.

Por razones de índole interna, según Neal para no irritar a la base conservadora que mantiene que Estados Unidos debe evitar actuar como institución policiaca del mundo, imperó el argumento de la seguridad nacional. No pudiendo ahora demostrar su tesis —añade el columnista— vuelven ahora al argumento humanitario.

Los demócratas contraatacan políticamente en Washington.

Grupos leales a Sadam Hussein asesinan soldados estadounidenses y buscan reimplantan el terror entre quienes colaboran con las fuerzas de la coalición.

La misión humanitaria

Por 48 votos aprobó la Asamblea legislativa este pasado jueves el envío del Batallón Cuscatlán a la lejana Iraq. Se unirán a tropas de Honduras, Nicaragua y República Dominicana, bajo la coordinación de España y la supervisión de Polonia.

Con los inherentes riesgos, se vuelve ello un suceso en extremo significativo. En primer lugar, porque estamos rompiendo ciclo; lejos de llegar tropas a El Salvador, a nuestra región, en misiones de paz, de apoyo a la reconstrucción, somos nosotros quienes enviamos voluntarios a realizar tales labores en tierra ajena.

En segundo lugar, porque va a ser una insuperable vivencia para los miembros del Batallón Cuscatlán, familiares y amigos, y para el país entero: de la preciada aldea hacia la dimensión global.

En tercer lugar, y ya llegando a los asuntos de mayor relevancia, porque es en cumplimiento de una resolución de Naciones Unidas, producto de nuestra política de inserción al mundo.

Llama poderosamente la atención que sean Polonia, cuna de hombres valientes; España, que luce cada vez más briosa, y las peyorativamente “pequeñas naciones centroamericanas” quienes tomemos la iniciativa para ayudar a la pacificación y la reconstrucción de Iraq.

Ciertamente, hay problemas en ese lejano país.

Pero fuerte es la convicción de quienes como nosotros envían a sus hijos en labor humanitaria, en el contexto de la guerra global contra el terrorismo.

Las convicciones, el compromiso con causas como el combate al terrorismo, se defienden y se apoyan tanto en las buenas como en las malas. El Salvador entero debe apoyar a nuestros soldados.

*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista de El Diario de Hoy.

 

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