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Breve análisis
La democratización del capitalismo

Robert J. Shiller*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Evidentemente, el seguro del valor de la vivienda no resolverá todos los problemas de riesgo individual, pero resolverá uno muy grave.

El capitalismo es el motor del crecimiento en el mundo. Pero su propio dinamismo —su “destrucción creativa”— suele producir grandes incertidumbres.

Las empresas que fracasan quedan arrumbadas para ceder el paso a otras nuevas y mejores, y las personas que resultan económicamente menos productivas (con frecuencia sin que sea culpa suya) pueden también verse “descartadas” por el mercado, ver interrumpida su carrera profesional y ver reducidas sus inversiones a una fracción de su valor anterior.

A esa incertidumbre se han debido las peticiones de que el Estado intervenga y proteja a las personas contra el carácter despiadado del mercado.

Muchos países han creado un Estado del bienestar “mixto” —desde el sistema de seguridad social de Bismarck en el Siglo XIX hasta las políticas socialdemócratas de la Europa de la posguerra, pasando por el New Deal del decenio de 1930— donde los gobiernos regulan y atenúan las fuerzas del mercado, al brindar una extensa “red de seguridad” a las personas.

Pero muchos creen que, pese a sus logros, el Estado de bienestar resulta demasiado caro, al atenuar el dinamismo económico.

Gracias a la perspectiva que ofrecen las nuevas tecnologías actuales en materia de finanzas e información, algunos de los “fracasos del mercado” que originaron la intervención del Estado en la economía pueden dejar de existir.

De hecho, la “destrucción creativa” que hace correr riesgos inaceptables a las personas ya está en condiciones de brindar los medios para atenuar esos mismos riesgos.

De hecho, el mundo parece estar entrando en una era en la que los principios básicos de las finanzas quedarán integrados en la economía capitalista mundial, y también en nuestra vida, de forma más profunda que nunca.

Con la ayuda de la avanzada tecnología de la información, se democratizarán las instituciones financieras y se las pondrá al alcance de todo el mundo, lo que representará un gran paso hacia la resolución de los problemas actuales de desigualdad en aumento y decadencia económica.

Un ejemplo del progreso reciente ilustra lo que quiero decir. Para la mayoría de las personas de clase media de los países desarrollados, la vivienda de su propiedad es su activo más valioso.

Aunque el auge demográfico de la posguerra y una reglamentación estricta contribuyeron a que en muchos países los precios de la propiedad inmobiliaria aumentaran con mayor frecuencia de lo que descendían, un hundimiento repentino del mercado inmobiliario —como el que se produjo en el Japón hace un decenio— puede reducir con drasticidad el valor de los ahorros de la mayoría de las personas.

Semejante “golpe” financiero puede afectar sus actitudes en materia de consumo, complicar sus planes de jubilación e incluso colocarlas al borde de la indigencia. Aun así, hasta hace poco se podía asegurar la vivienda propia contra incendios u otros daños, pero no contra una pérdida de su valor de mercado.

Eso está cambiando. Dos novedades recientes indican lo que puede suceder en el futuro, aunque a ninguna de las dos se les ha prestado demasiada atención.

En primer lugar, en octubre de 2001, la empresa City Index, dedicada a la especulación diferencial, creó mercados de futuros relativos a los precios de las viviendas en el Reino Unido. En mayo de 2003, el banco de inversiones Goldman Sachs creó mercados de opciones relativos a los precios de las viviendas, en el Reino Unido en general y en el Gran Londres en particular, para su contratación en la Bolsa de Londres.

Teóricamente, los propietarios de viviendas pueden utilizar esos instrumentos para protegerse contra la pérdida de valor de su vivienda. Pero se trata de instrumentos bastante complejos... demasiado complejos, de hecho, para que la mayoría de los propietarios de viviendas recurran a ellos.

En segundo lugar, en julio de 2002, la ciudad de Syracuse (Nueva York), junto con la Neighborhood Reinvestment Corporation, la Escuela de Administración de Empresas de Yale y Realliquidity, LLC, creó un seguro del valor de la vivienda que se cobra, si baja un índice de precios de las viviendas urbanas.

Como el mercado británico de opciones y futuros relativos a los precios de las viviendas, esa novedosa política en materia de seguros es, de momento, una innovación limitada y posibilitada por la nueva tecnología de la información en forma de bases electrónicas de datos relativos a los precios y las características de las viviendas.

Algún día se combinarán esas dos instituciones en un país. Entonces, las compañías de seguros, si se lo permite la reglamentación, podrán ofrecer pólizas contra la pérdida de valor de las viviendas a los particulares y después podrán protegerse contra el riesgo al que las expongan dichas pólizas haciendo contrataciones compensatorias en los mercados de futuros o de opciones.

De ese modo estarán dispuestas a ofrecer dichas pólizas a millones de personas en diferentes localidades.

Evidentemente, el seguro del valor de la vivienda no resolverá todos los problemas de riesgo individual, pero resolverá uno muy grave.

Además, sólo es un ejemplo de la democratización de las finanzas que está en marcha. Le seguirán otros avances en la misma dirección.
Copyright: Project Syndicate.

*Profesor de Economía en la Universidad de Yale.

 

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