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Palabras
Mis maestros invisibles

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Los maestros que tuve de niño fueron, entre otros, mis padres, el jardín y la lluvia. Mis padres me corregían con sus castigos, moldeando en mí un rumbo, aunque después del castigo me abrazaran tiernamente en su pecho.

El jardín me enseñó tantas otras cosas, como aquello que la flor tiene que ser de un día para que el mundo se diga ¡qué hermosa flor ha nacido este día!

La lluvia me enseñó que después de la tormenta viene la calma.

Que dolor en el corazón humano no era gratuito. Tenía su fin divino. Si no, recordemos a Flaubert: “La vida debe ser una constante educación”.

Y, como sabemos, la vida no sólo tiene días claros... También nos educa con su dolor.
Son los maestros del dolor.

Los invisibles maestros de la esperanza y la alegría.

Día a Día

Se viene diciendo que la amenaza sobre el sistema económico del país la constituye la pobreza y no los partidos radicales de izquierda, tesis que olvida la experiencia de naciones como Nicaragua y Cuba, donde la llegada al poder de los comunistas fue el inicio de grandes opresiones y general penuria.

Lo que se plantea es que la pobreza existente en nuestra tierra es consecuencia del bienestar y el desarrollo de determinados sectores, que deben cuanto antes corregir la situación actual, a menos que se resignen a ser arrastrados por una avalancha de indignación y violencia. Inclusive una agrupación fantasma puso fecha al gobierno “para resolver la problemática nacional”.

La tesis implica que, al repartir lo que a unos les “sobra”, se va a mejorar la condición del resto. Y planes para caerle encima a los bienes ajenos abundan, como se vio durante la década perdida con los repartos de tierras y la estatización de los bancos.

Por medio siglo antes, la izquierda, incluyendo los comunistas, enarboló la bandera de la “reforma agraria” y las nacionalizaciones, asegurando que los males del país eran resultado de las “injustas estructuras” en la “tenencia” de la tierra.

Y cuando accedieron al poder por obra y desgracia del ex presidente Carter, de Estados Unidos, procedieron a confiscar lo que pudieron. De haber sido cierta la teoría, los salvadoreños estaríamos en la gloria y no habría pobreza en las zonas rurales.

 

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