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La nota del día
Bienvenido, presidente Aznar
Que se nos abran puertas, se nos asista en nuestras tragedias y
se nos trate como hermanos y amigos, demanda reciprocidad.
Honra al país la visita del Presidente del Gobierno Español,
don José María Aznar, acompañado de una importante
delegación de funcionarios y empresarios vinculados a la
asistencia española. El presidente Aznar inaugurará
un grande y hermoso complejo deportivo y una clínica en Soyapango,
símbolos de la ayuda otorgada por España a la reconstrucción
y a muchos programas educativos, técnicos y culturales, además
de las numerosas inversiones privadas que se han realizado.
España tiene interés medular en forjar acercamientos
y vínculos económicos con Hispanoamérica en
general y con nuestra región en particular, al mismo tiempo
que nosotros necesitamos a España para avanzar en el proceso
de integración a la economía global. Además,
España es el interlocutor natural de Hispanoamérica
con la Comunidad Europea.
La asistencia para el desarrollo y la reconstrucción encarna
la amistad, o más bien diremos el cariño y aprecio
de la gran nación para con los salvadoreños. Eso se
demostró con toda fuerza en la forma espontánea con
que decenas de miles de españoles contribuyeron personalmente
para ayudarnos a superar la tragedia de los terremotos. Se demostró
ese cariño cuando España era pobre y nos brindaba
becas y acogía a los estudiantes salvadoreños como
hijos suyos, en la época del tan recordado Instituto de Cultura
Hispánica, que en un tiempo dirigió el Duque de Cádiz.
Que se nos abran puertas, se nos asista en nuestras tragedias y
se nos trate como hermanos y amigos, demanda reciprocidad. Y en
esto España participa de la norma y el espíritu europeo
con respecto a la amistad hacia otros pueblos. En sentido universal,
se dice que es hermano el que comparte una igual devoción
por principios morales y normas de convivencia; en este caso, se
trata de vivir en democracia, regirse bajo un Orden de Derecho,
trabajar bajo un esquema de mercado y ceñirse a las grandes
tradiciones libertarias y espirituales de Occidente.
España, como toda Europa, fue victimizada por el totalitarismo,
la agresión comunista, la dictadura y los esquemas enloquecidos
de regimentación humana. De esos sufrimientos y de los tres
mil años de guerras fratricidas es que surgió, después
de la Segunda Guerra Mundial, la idea de formar una comunidad y,
eventualmente, una nación, que recogiera en su seno aspiraciones
comunes.
Un igual acoso a dos pueblos
El ejemplo debe guiarnos a los americanos. Y en el caso de Centroamérica
y de El Salvador, contribuir a que se superen los horrores tan recientes
y nos dirijamos hacia una verdadera democracia. Los salvadoreños
hemos venido caminando durante los últimos treinta años
al borde de un precipicio. El país, como sucedió a
Nicaragua, estuvo a punto de caer en la barbarie durante la Década
de los Ochenta, pero no pudo librarse de la demencia y el populismo.
Al día de hoy acarrea con el pesado lastre de reformas
estructurales que mantienen a la agricultura en la bancarrota.
El ejemplo de España nos ayudará a superar el enorme
desafío que plantea la socavación de las instituciones,
la prédica del odio y el tráfico de ideas muertas.
España mantiene una lucha de varias décadas contra
el terrorismo, que viene cobrando centenares de vidas inocentes;
los salvadoreños estamos siendo embestidos por un movimiento
anímicamente petrificado entre Fidel Castro y Pol Pot. Ambas
formas de fanatismo extremo se entienden y relacionan.
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