| |

Familiares
y amigos despiden a víctimas
Demandarán a cohetero por dos muertes
Los
Bomberos dicen que el establecimiento no cumplía con los
requisitos de seguridad y salud
 |
|
Las calles hacia el cementerio
general de Mejicanos se llenaron ayer de luto y llanto de
decenas de amigos y familiares que dieron el último
adiós a Jéssica Lisset Castillo, de 13 años,
y Karen Eunice .
Foto EDH
|
El propietario de una cohetería de Ciudad Delgado, que estalló
el sábado, será demandado por la muerte de dos jóvenes,
dijeron familiares de las víctimas.
La situación del señalado, identificado por los ofendidos
como Sixto Antonio Mejía, se agrava con el reporte preliminar
de autoridades.
El jefe de operaciones del Cuerpo de Bomberos, mayor Abner Hurtado,
dijo que no se ha determinado la causa del siniestro, pero entre
las hipótesis figuran el descuido en el proceso de remachado
de los petardos voladores, llamados silbadores, uno de los pasos
más peligroso en el proceso.
Una segunda posibilidad es que en el lugar se haya activado algún
interruptor eléctrico, lo cual pudo provocar el estallido.
Hurtado aseguró que la cohetería, irónicamente
llamada Nochebuena, no cumplía con los requisitos de seguridad,
salud y municipal.
Las calles hacia el cementerio general de Mejicanos se llenaron
ayer de luto y llanto de decenas de amigos y familiares que dieron
el último adiós a Jéssica Lisset Castillo,
de 13 años, y Karen Eunice
Ayala, de 16.
Las jóvenes elaboraban silbadores en la cohetería
por la mañana y estudiaban en el centro escolar Colonia San
Simón, por la tarde.
La noche de la tragedia debían entregar un pedido a la cohetería
El Tucán, según manifestó la madre
de Karen Eunice, Viviana Ayala.
La señora Ayala dijo que ya había advertido a sus
hijos del peligro que corrían.
Yo le prohibía que fuera y ella no quería salirse
de allí, hasta había profetizado esto... pero ella
estaba muy entusiasmada con el trabajo, aseguró la
mujer.
Serios problemas económicos en la familia llevaron a la joven
a tomar el trabajo desde hace un tiempo.
Igual condición enfrentaba Jéssica Lisset, quien
cursaba sexto grado y cuyos profesores y compañeros de escuela
la recuerdan como una estudiante dedicada que no faltaba a clases.
Una compañera de estudios, identificada sólo como
Esmeralda, lanzaba flores al ataúd de su amiga mientras relataba
cómo le gustaba a Jéssica comprar parte de sus pertenencias.
Le gustaba comprar y tener sus propias cosas, dijo.
Lo que ganaban en la elaboración de los silbadores apenas
llegaba a los 300 colones quincenales. Se les pagaba a 2.75
de colón por cada caja de silbadores. A veces se les pedía
entregar entre 50 y 60 cajas, dijo Ana Julia Hernández,
tía de Karen Eunice.
Los ofendidos se quejaron de que el propietario del negocio ha desaparecido.
EL DIARIO DE HOY intentó localizarlo ayer, pero fue infructuoso.
En este año por los menos seis coheterías se han incendiado,
según Bomberos.
|
|