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Palabras
Los frutos dulces del anciano peral
Un
viejo peral plantado alguna vez hace más de trescientos cincuenta
años en Denver, Massachusetts (Estados Unidos), sobrevivió
según los que cuentan su historia a un incendio
en 1641, a un vendaval tormentoso en 1837 y a otra tormenta en 1938.
No obstante, el árbol anciano y abatido por el tiempo
sigue dando peras dulces y frescas. Los trescientos y tantos años
de edad no son para él problema. Sigue vivo, erguido bajo
el sol, bajo la lluvia, la noche y la tormenta. Tal vez porque su
luz aquella que como a los hombres les hace vivir no
se ha apagado aún en el cielo.
El árbol no muere por viejo ni abatido por la tormenta, sino
cuando se apaga en el cielo la estrella que más amó
(en nosotros, el ideal). Aun así seco, erguido en su
muerte, sus ramas se pueblan de trinos cuando vuelve la primavera.
Día a Día
El comandante del FMLN no reveló de dónde saldrán
los centenares o miles de millones de dólares que se requieren
para establecer una nueva empresa de comunicaciones. Con seguridad
piensa emitir bonos del Estado, que los inversionistas extranjeros
y nacionales van a pelear entre sí para comprarlos.
Y cuando esos inversionistas sepan que los bonos están respaldados
por un gobierno que recién estableció relaciones con
Corea del Norte, con Cuba, con China roja y con Vietnam, más
van a disputar esos preciosos y absolutamente seguros valores. ¡Es
que aquí va a venir un diluvio de dinero, de gente embelesada
con los planes del nuevo régimen! Los efemelenistas deben publicar
su Carta a la Nación en los principales diarios
del mundo, pero sobre todo las publicaciones financieras, para que
se formen colas de empresas millonarias frente a nuestros consulados,
averiguando cómo invertir.
En todo caso, si fallara el proyecto, siempre se pueden utilizar los
equipos que se comprarán para grabar conversaciones y espiar
a los salvadoreños. Y en eso el régimen cubano puede
ayudarles muchísimo. |
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