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Las ciencias empíricas
Ciencia, ciencia,
¡Cuántas tonterías
se dicen en tu nombre!

Lo
primero que hay que saber es que hay más ciencias que las
empíricas. Y también que hay certezas más seguras
que las científicas.
Lástima me sigue dando la gente que emplea la ciencia como
recurso, falso recurso, para desprestigiar la religión. No
era mi intención seguir hoy escribiendo sobre ese tema, ya
tratado anteriormente, pero, buscando otros asuntos en mi archivo,
me encontré con un recorte de un diario salvadoreño,
doloroso ejemplo de burda manipulación de lo científico
contra lo religioso. No diré el nombre del diario ni el del
que lo escribió.
El engendro fue publicado el 3 de febrero pasado. Con qué
intención fue escrito, lo dejo al criterio de los lectores.
Pretende ser una página docente para escolares de Séptimo
Grado, para enseñarles el valor del método científico
y está firmado por un presunto profesor. Para explicar la
validez del método científico, propone comparar las
certezas que se obtienen por las ciencias experimentales con las
leyendas, los mitos y los dogmas de la religión católica.
Estas tres últimas cosas metidas en el mismo saco. En el
texto se comprueba que entiende muy mal, o no quiere entender, lo
que es la religión católica, pues parece insinuar
que es parte de los mitos o supersticiones populares.
Para los maestros propone que sean los alumnos los que pongan algunos
ejemplos de dogmas y creencias populares señalando que: Es
importante que los estudiantes vayan poco a poco adquiriendo la
lógica del método científico como instrumento
de aproximación al análisis de la realidad. La comparación
que se haga con las creencias populares y dogmas debe ser orientada
a resaltar esta lógica.
Veamos ahora la lógica del método científico,
tal como lo presenta este extraño profesor: En contraste
con las leyendas, las creencias populares y los dogmas, se encuentra
el conocimiento científico. Los conocimientos de este tipo
son producto de la aplicación del método científico
que se basa en la formulación de hipótesis y en la
experimentación. Los expertos someten a prueba las tesis
que se plantean para resolver sus dudas acerca de un objeto de estudio
particular, y mediante estas experiencias, las comprueban o las
rechazan. Las leyendas o los mitos populares, incluso los dogmas,
no resisten un análisis de tal envergadura.
Para envergadura lo inadecuado de ese argumento, apto
sólo para ignorantes o para mentalidades fanatizadas contra
el cristianismo, como lo peor de los ilustrados del Siglo XVIII.
¡Oh, ciencia, cuántos crímenes, intelectuales
y morales, se cometen en tu nombre!
Pues bien y ahora me dirijo a los lectores de mentalidad honesta
y en especial a los profesores, maestros y alumnos que me lean,
como médico conozco las limitaciones del método científico.
La historia de la Medicina y de las otras ciencias experimentales
está llena de certezas que se toman como dogmas y que al
cabo del tiempo se desechan porque resultaron erróneas.
He trabajado largos años como especialista en Histopatología,
es decir en algo tan científico y experimental como es la
comprobación de lesiones anatómicas e histológicas.
He realizado múltiples autopsias y muchas más innumerables
biopsias y citologías diagnósticas. Sin embargo, nunca
se me ha ocurrido decir la tontería que dijo Rudolf Virchov
el creador de la Teoría Celular y de importantes avances
en Patología, quenunca había encontrado
el alma en la punta de su bisturí al hacer una autopsia.
Eso, aunque lo dijera un patólogo ilustre es sólo
muestra de una mente soberbia, anclada en un estrecho positivismo,
ciego para el mundo espiritual. Nadie inteligente y de mente sincera
pretende que lo espiritual se compruebe por lo material. Lo espiritual
tiene otro tipo de comprobaciones, muy superiores a las de las ciencias
empíricas. El que ama con amor verdadero, divino o humano,
ya tiene la comprobación en la luz y bondad de lo amado.
Lo primero que hay que saber es que hay más ciencias que
las empíricas. Y también que hay certezas más
seguras que las científicas. La certeza de la religión
católica se basa en motivos que están muy por encima
del método experimental, son motivos y comprobaciones de
alcance espiritual y moral, pero Jesucristo, atendiendo a la debilidad
intelectual y moral de los seres humanos dañados por el pecado,
también aportó datos empíricos si
no me creéis a mí, creed a mis obras tan
contundentes como resucitar muertos, calmar tempestades, multiplicar
panes, cambiar el agua en vino, etc., y resucitar él mismo
su resurrección es, a la vez, un hecho sobrenatural,
de fe, y un hecho histórico acreditado por gente que dará
después su vida al testimoniar que lo vio y que es verdad.
Entre ellos, el apóstol Tomás, partidario del método
científico experimental, que no pensaba creer si no
metía sus dedos en las llagas de las manos y el costado de
Cristo y al que el Señor le reprochó después
su incredulidad.
Pero el profesor de marras insiste proponiendo a los alumnos, además
de investigar en las leyendas populares y hacer una lista de las
supersticiones más comunes en el país, que investiguen
también: En qué consiste el dogma de inmaculada
concepción de María. ¿Crees que puede comprobarse?.
La comprobación es más fácil de lo que cree
ese profesor. El 18 de febrero de 1858, cuando una aldeanita francesa
de 14 años, Bernardette Soubirous, le preguntó a la
bella señora que se le aparecía en la gruta de Massabielle
(Lourdes), cuál era su nombre, la milagrosa señora
le contestó, en el dialecto local (el patois): Soy
la Inmaculada Concepción.
Los milagros, inexplicables desde el punto de vista científico
que ocurrieron y siguen ocurriendo en Lourdes, dan testimonio de
que Bernardette no era una loca ni una embustera como al principio
creyeron muchos, incluyendo el cura y el obispo del lugar.
Hechos milagrosos, inexplicables para la ciencia,
abundan también hoy en el catolicismo véanse
en San Pío de Petralchina o en San Josemaría Escrivá.
Pero ello es algo marginal en las razones para creer. La fe es un
don de Dios que se da a los hombres que lo piden con mente limpia,
sencillez de corazón y buena voluntad.
*Dr. en Medicina y columnista
de El Diario de Hoy.
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