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Una mirada de fe
Cristo de Esquipulas y Virgen de Guadalupe en El Salvador

Oscar Rodríguez Blanco s, d, b*.
El Diario de Hoy
osrobla@hotmail.com

Vivimos en medio de una sociedad que se profesa cristiana, porque la mayoría ha sido bautizada, pero la verdad es que muchos viven en la indiferencia religiosa, al margen de la vida cristiana.

La iglesia Católica de Centro América celebra en cada una de sus diócesis el Año Santo Misionero como preparación al Congreso Americano Misionero (CAM2), que tendrá lugar en la Villa Misionera, de la Ciudad de Guatemala, del 25 al 30 de noviembre de este año. Será un acontecimiento de gracia y de misericordia que hay que saber acoger con espíritu cristiano.

El Papa Juan Pablo II, en sus diversas intervenciones, ha vislumbrado una gran primavera cristiana para la Iglesia, y no hay duda de que en las 53 circunscripciones eclesiásticas de Centro América tendremos una verdadera primavera espiritual, pues ya se constatan los frutos que está dando el año misionero.

El lema adoptado para el congreso: “Iglesia en América, tu vida es misión” ha sido muy bien acogido por los laicos que, muy conscientes de su protagonismo eclesial, han tomado con verdadero entusiasmo el mandato de Cristo: “Vayan por todo el mundo y anuncien la buena nueva a toda la creación” (Mc.16, 15).

Como signo del paso de Dios por nuestras vidas y nuestras tierras se realiza por toda Centro América una peregrinación, con las réplicas de las imágenes del Santo Cristo de Esquipulas y de la Virgen de Guadalupe, la Emperatriz de América. Este gesto tan significativo es una señal de hermandad y unidad que une a todas nuestras iglesias locales, para proclamar juntos que la salvación nos viene por Jesucristo, el Hijo Único de Dios, nacido de la Virgen María.

 La sagrada imagen del Cristo que se venera en Esquipulas, Guatemala, fue tallada por el escultor portugués Quirio Cataño, entre 1594 y 1595, con una estatura de 1.65 metros. Es una imagen que inspira amor e invita a la conversión. La historia de la Virgen de Guadalupe se remonta a la aparición a Juan Diego en México, donde miles de peregrinos de todas partes del mundo visitan la sagrada imagen.

En El Salvador tendremos la oportunidad de recibir estas imágenes como un signo de la visita de Dios y de su Santa Madre a esta tierra que le aclama como su Divino Salvador. El 2 de agosto llegará a la parroquia de San Sebastián, en Cojutepeque; el 3, a San Martín y Polideportivo de Soyapango; el 4, a la Basílica del Sagrado Corazón; el 5, a la Catedral; el 7, a Aguilares, y el 9, a Chalatenango. La peregrinación no es lo más importante pero sí es un signo de auténtica hermandad entre nuestros pueblos cristianos, que nos invita a abrir de par en par nuestro corazón a Dios, para comunicarlo a los demás.

El Papa Juan Pablo II nos ha dicho en muchas ocasiones que la misión renueva a la Iglesia, nos ayuda a abrir fronteras, a descubrir nuevos horizontes, a conocer nuevas culturas, a intercambiar metodologías pastorales, a contemplar la presencia de Dios desde experiencias vividas, celebradas y compartidas y, sobre todo, a romper con la rutina y la mediocridad.

Vivimos en medio de una sociedad que se profesa cristiana, porque la mayoría ha sido bautizada, pero la verdad es que muchos viven en la indiferencia religiosa, al margen de la vida cristiana. Son miles los que han sido bautizados pero no han sido evangelizados, y es lógico que con una fe tan débil sean presa de la agresión proselitista de sectas y movimientos religiosos.

El cristiano evangelizado e instruido en su fe sabe que Jesucristo es la buena nueva de salvación que se comunica a los hombres de todos los tiempos y que todo lo que se proyecte en el campo de la Iglesia debe partir de Cristo y de su mensaje evangélico. El Papa nos ha transmitido una dolorosa constatación: “La misión ad gentes está todavía en los comienzos” (RM, 40), es decir, la gran mayoría de la humanidad no conoce a Jesucristo y es por lo tanto una realidad que nos desafía a todos y constituye un reto para nuestras acciones pastorales en la Iglesia.

El paso de las imágenes del Cristo de Esquipulas y de la Virgen de Guadalupe por nuestras tierras nos ayudará a promover los valores del Reino de Dios en nuestra sociedad salvadoreña.
*Párroco de la iglesia de María Auxiliadora (Don Rúa)

 

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