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Un ejemplo a seguir
CHINA

Como
los tambores de guerra electoral ya empezaron a sonar,
mi apelación es a que no nos engañemos, El Salvador
tiene que ver hacia adelante y formar parte de la comunidad internacional.
Hace cinco años necesité una mesa de trabajo para
un grupo de ocho personas, que también debiera ser útil
para comer. Las sillas debían ser cómodas para trabajar
y además, bonitas para adornar la sala. Visité varias
tiendas de muebles y encontré unos que me gustaron desde
que los vi. Rápidamente llegamos a un acuerdo con el vendedor,
pues reconozco que soy mal regateador y valoro más las cosas
por el servicio que me prestarán que por el precio.
La entregaron y armaron un día que yo no estaba en casa y
cuando regresé me encontré la flamante mesa con sus
ocho sillas. Aún me siento bien con estos muebles, pues además
del diseño muy bonito, son prácticos y fuertes. Sigo
convencido que hice una buena compra.
Como tres años después, recogiendo unos papeles que
una ráfaga de viento tiró al suelo, vi una etiqueta
en la parte inferior de la mesa que me hizo pensar, decía:
Made in China. Mi primer pensamiento fue: ¿cómo
es posible que al precio que compré estos muebles, que por
lo menos han pasado por tres intermediarios con márgenes
del quince o veinte por ciento, más los costos de transporte,
son aquí competitivos con los fabricados en Centro América?
Instintivamente, empecé a buscarles algunos fallos, pues
se me ocurrió que quizás eran de mala calidad, y no
les he encontrado hasta la fecha nada que no me guste en su relación
precio-calidad.
Automáticamente recordé otro momento en el que necesitaba
unos zapatos para andar en el monte, y después de vacilar
si comprar unos hechos en la región centroamericana o en
China, me decidí por los de China, porque eran un 12% más
económicos
El año pasado me obsequiaron un estuche
de cuero para mi teléfono, comprado en Estados Unidos, con
un diseño muy bonito y una marca muy conocida, que en el
interior tiene una viñeta de tela con la frasecita Made
in China, perfectamente bordada.
Si usted quiere, pare de leer este artículo y durante unos
quince minutos dé una vuelta por su casa y examine las últimas
diez cosas o utensilios para uso diario que ha comprado. Revise
bien las viñetas que a veces están un poco escondidas
entre teléfono celular, reproductores de música, televisores,
camisas, pantalones, artículos de plástico, artículos
de cuero, auriculares, computadoras, baterías, telas, impresoras,
muebles, juguetes, utensilios para la cocina, adornos para la casa
y otras cosas.
¿Qué encontró? De las últimas diez cosas
que compró, siete o más están hechas en China,
o bien en alguna de sus partes o componentes, si la busca, encontrará
la marquita Made in China.
Si las continúa examinando, se dará cuenta de que
la relación precio calidad es buena y por eso las compró,
y si piensa un poco más sobre el diseño y cómo
han sido fabricadas, se dará cuenta de que son productos
que bien podrían haber sido fabricados en nuestro país.
¿Qué pasa?, se preguntará. ¿Por qué
estos productos no los fabricamos aquí?
Recientemente hice una visita a las tiendas de muebles de hogar
que se encuentran cerca del parque Bolívar y examiné
la calidad de su acabado. Al pasar la mano por un borde del marco
de una cuna, me di cuenta de que no le habían desbastado
las aristas y que podían ser cortantes para un niño
en caso de un pequeño golpe en un mal movimiento. Pregunté
por el precio a la señora que atendía el negocio,
por cierto abarrotado de muebles, en el que para enseñar
uno tiene que mover cuatro. A mi respuesta de que me parecían
un poco caros, pues para regatear ya les dije que soy malo, un poco
tímida ella me contestó con toda tranquilidad: Sí,
ese es el precio para que ofrezca. Le ofrecí 40% menos
y me los dejó al final por 25% menos del precio que me indicó
al principio.
Con esa referencia entré en la sección de muebles
de una tienda de departamentos y por el mismo precio encontré
un mueble para el mismo uso hecho en Taiwan, y además con
un excelente acabado y barnizado. De nuevo me pregunto: ¿Por
qué no trabajamos aquí con la misma o por lo menos
una calidad parecida? Y, además, ¿cómo es posible
que, con por lo menos tres intermediarios entre los fabricantes
y los puestos finales de venta, los precios son más bajos
y todos ganan? La respuesta es muy sencilla: Calidad y rentabilidad.
China es uno de los países donde más crece el número
de empresas que implantan programas de mejora de la calidad y la
rentabilidad.
Y si ustedes se preguntan hacia adónde están dirigidas
las grandes inversiones americanas y europeas e incluso las asiáticas
en estos momentos, la respuesta es que el cincuenta por ciento o
quizás más hacia China.
¿Y qué es lo que hay en China? La gente responde espontáneamente:
¿Mano de obra barata? Por cierto, lo mismo que decían
de Japón en los setenta.
Pues no señores, pongan mucha atención a los reportajes
serios en los que se muestra a una China que se occidentaliza
e internacionaliza cada día más y verán
ciudades limpias, transportes ordenados, gente trabajando con calidad,
discotecas, gente bien vestida, restaurantes llenos, grandes aeropuertos
y muchas otras cosas que ya quisiéramos tener aquí.
Mi intención, como siempre constructiva, es que pensemos
que en nuestra condición de país pequeño no
podemos aislarnos, es decir, apartarnos del comercio mundial, cerrando
las fronteras y menos pensar en desinternacionalizar
nuestra economía.
Como los tambores de guerra electoral ya empezaron a
sonar, mi apelación es a que no nos engañemos, El
Salvador tiene que ver hacia adelante y formar parte de la comunidad
internacional, pero no sólo como receptor de ayudas, sino
como país libre, democrático, donde continuemos aprendiendo
a trabajar con calidad, respetando la iniciativa privada y todas
las libertades que otorga la Constitución.
*Ingeniero y columnista de El
Diario de Hoy.
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