Turismo
 
Inicio del Sitio Sábado 5 de julio
 

 

..NOTICIAS

..SERVICIOS
CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
SUSCRIPCIONES
ESCRIBANOS
CONOZCANOS

..REVISTAS

..OTROS SITIOS
MUJER
DIARIOS:
ORIENTE
OCCIDENTE
GUIA DE OCIO
ELSALVADOR.COM
EN EL MUNDO
 
 

Punto de vista
Privatizar lo “social”

Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
El remedio para las innegables lacras de las sociedades neoliberales no es sólo que lo público se haga privado, o viceversa, sino que lo privado y lo público atemperen su egoísmo.

Desde las últimas elecciones, lo “social” está de moda en este país. Hay muchos que están convencidos de que los resultados de marzo son fruto de un descuido de lo “social”. Y, en buena lógica, para que esos resultados no se vuelvan a repetir, el Estado (es decir, el partido en el gobierno) debería preocuparse por cuidar lo “social”, con vistas a las elecciones del próximo año.

Lo anterior suena lógico, casi matemático; sin embargo, no lo es tanto. Para empezar, habría que analizar con los números en la mano si los resultados de las elecciones reflejan de veras ese presunto descontento de los votantes, pues tengo la impresión de que si se comparan con lo obtenido hace tres años, las cifras no son muy diferentes.

En segundo lugar, faltaría definir qué es lo “social” (precisamente por su ambiguo significado he preferido mantener la palabrita entre comillas). Y en tercer lugar, me parece que sería importante aclararnos si el Estado es el único responsable de lo “social”.

Los dos primeros puntos no pienso tratarlos hoy. Pero me interesa ampliar el tercero. Para el análisis pienso traer a cuento cuatro tesis generales que expone el analista Carlos Llano al respecto:

1. El Estado debería tener preocupación social, pero carece de suficiente eficacia para solucionar los problemas sociales.

2. Las iniciativas privadas cuentan con eficacia, pero no poseen verdadera preocupación social.

3. En los últimos tiempos, se nota una preocupación centrada en inyectar eficacia a las empresas públicas, dada por su supuesta su responsabilidad social.

4. Por tanto, sería ideal suscitar preocupación social en las iniciativas privadas para que, presuponiendo su eficacia, puedan ayudar a solucionar los problemas sociales.

Entonces, las responsabilidades sociales, que los socialistas de todas las tonalidades depositan de forma invariable en el Estado y que los neoliberales netos sencillamente ignoran, deberían ser asumidas por los particulares, por entes privados. ¿Por qué? Por interés, que es un poderoso motor.

Pero, al aparecer, en el discurso, la palabra “interés” podría ser entendida por muchos sólo desde el punto de vista económico, monetario. En realidad, cuando la iniciativa privada tiene a la vista panoramas superiores a los puramente mercantiles, puede orientar su fuerza a “negocios” de solidaridad, que producen dividendos mucho más valiosos que los asentados en partidas contables.

Es paradójico que en la actualidad, cuando en todo el mundo las corrientes burguesas del capitalismo y del liberalismo se han quedado sin contrapeso, y las teorías socialistas parecen haber perdido su papel de platillo en la balanza que equilibraba los intereses económicos y políticos de muchas naciones, sea cuando la empresa privada deba plantearse con seriedad sus responsabilidades frente a grupos de personas necesitadas de ayuda.

Ya lo advertía Peter Drucker hace treinta años: “Ocurre que en la sociedad moderna los gerentes constituyen en ocasiones el único grupo de liderazgo. Si los gerentes de nuestras principales instituciones, y sobre todo,de nuestras empresas, no asumen su responsabilidad por el bien común, nadie podrá o querrá hacerlo”.

Siempre me ha gustado esa cita de Drucker, pues refleja en pocas líneas un asunto crucial: todos somos responsables del bien común (¿lo social?), y quienes más medios tienen para contribuir al mismo, lógicamente, tienen mayor responsabilidad de hacerlo.

Pero ese planteamiento es satanizado por los socialistas, para quienes las iniciativas particulares son el peor enemigo y la causa misma del mal, y visto con recelo por los neoliberales, para quienes todo lo que se escape del interés mercantil es sospechoso.

Quizá por eso es paradójico que cuando se conocen algunas de las grandes empresas de este país, descubre uno con sorpresa que muchas de sus iniciativas se orientan desde hace un buen tiempo a colaborar en el bien común, promoviendo socialmente a tantas personas y creando condiciones para la superación de muchísimas más.

Por supuesto que el Estado tiene una responsabilidad intransferible de contribuir al bien común, pero no es el único responsable. A fin de cuentas, parece ser que el remedio para las innegables lacras de las sociedades neoliberales no es sólo que lo público se haga privado, o viceversa, sino que lo privado y lo público atemperen su egoísmo.

Ya oigo las opiniones que calificarán mi planteamiento de utópico. Y en cierta forma lo es. Sin embargo, si por lo menos alguien se siente llamado a reflexionar y cambia a su alrededor algunas cosas para bien, pienso que habrá valido la pena escribir esta columna, y sólo con ello me daría por bien pagado.

*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de Hoy.

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal