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Tema para meditar
Hablemos de democracia
Dentro
de esos valores, claro, se encuentran los cívicos y patrióticos.
Y no hay nada que inventar, porque nuestra bandera misma los proclama:
Dios, Unión, Libertad.
En nuestra empresa, a fin de motivar a todo el personal a realizar
su pleno desarrollo, tenemos un programa que podríamos llamar
de capacitación en valores. Pretendemos con ello
que todos tomemos conciencia de nuestra condición de seres
superiores, libres y racionales, creados a imagen y semejanza de
Dios.
¿Por qué desde un enfoque empresarial?
Porque la empresa, más que ninguna otra institución,
está definida por aquel conocido axioma: Todo conglomerado
vale en relación directa a la calidad de las personas que
lo integran. Y ¿qué empresa, en estos tiempos
de competencia globalizada, no necesita ser la mejor?
¿Cómo serlo, si su personal es mediocre, porque carece
de principios y valores?
Dentro de esos valores, claro, se encuentran los cívicos
y patrióticos. Y no hay nada que inventar, porque nuestra
bandera misma los proclama: Dios, Unión, Libertad.
Unión lo sabemos se refiere a nuestro
eterno anhelo de construir en Centroamérica una patria única.
Sin embargo, en nuestro programa la aplicamos a nuestro ambiente
nacional (siguiente párrafo), tan polarizado, y explica por
qué toma el Ideario para vivir la democracia
como el medio para lograr la unión. Veamos:
Podemos describir la UNIÓN como la necesidad que tenemos
todos los salvadoreños de confiar los unos en los otros;
la necesidad de perdonar y de construir juntos el futuro brillante
que deseamos para nuestra patria.
El camino para hacerlo es la democracia. Compartimos con ustedes
este bello Ideario para vivir la democracia, de nuestro
poeta David Escobar Galindo:
Entrégate a la edificación del destino de la
patria como vía de realización de tu propio destino.
Participa a diario, con las convicciones, actitudes y hechos
de tu vida, en la consolidación del espíritu nacional,
sobre las bases de la moralidad, la libertad y la solidaridad.
Respeta los juicios de la mayoría, distinguiéndola
muy bien de los prejuicios de la multitud.
Haz un cotidiano ejercicio para saber diferenciar entre adversario
y enemigo, entre amigo y cómplice.
Analiza sin contemplaciones, plantea sin claudicación,
enjuicia sin remordimiento. Pero no denigres ni destruyas ni entres
en colusión.
Ayuda, con todas tus potencias, a forjar una sociedad donde
la libertad no se oponga al orden, donde el orden no impida la justicia,
donde la justicia no ahogue la libertad.
Antes de acogerte al alero del Derecho, sé tú
mismo, con tu conducta, pilar de la ley.
Si eres gobernante, nunca uses un poder que no tenga legítima
autoridad, y si eres gobernado, nunca permitas que tu servicio se
vuelva servidumbre.
Contribuye a la educación, educándote para la
integridad; a la paz, apaciguándote para la acción;
a la armonía, conociéndote a ti mismo para beneficio
de la concordia social.
Actúa de tal manera que cada una de tus acciones sea
un aporte a la causa más alta del destino nacional: la construcción
libre y evolutiva de la felicidad de todos.
¡Qué contraste entre la enseñanza de este ideario
verdadero himno a la responsabilidad individual con
la democracia que quieren vendernos! Porque ahora, en
forma malévola, en nombre de esa democracia,
se predica el odio de clases, la irresponsabilidad y la injusticia;
se instiga a la violencia y se atenta directamente contra la libertad.
Es oportuno, pues, que todos meditemos este ideario. ¿No
es, en verdad, un examen de conciencia objetivo y práctico?
¿No nos hemos sonrojado (los que aún tenemos vergüenza)
al leer algunas de estas sentencias? Y principalmente: ¿No
hemos concluido en que, definitivamente, es así como se debe
construir nuestra democracia y lograr la unión de nuestra
polarizada sociedad?
No sé cuándo el doctor Escobar Galindo escribió
su ideario; el recorte de periódico del cual lo tomamos para
el programa de nuestra empresa hace ya varios años
estaba viejo, amarillento y maltratado. Pero sus palabras no pierden
por el contrario, ganan actualidad. ¡Qué
triste que muchos ni siquiera las conocen, desperdiciándose
tanta sabiduría!
Este ideario debería ser de estudio obligado en escuelas
y universidades, en las clases de Gramática (si es que todavía
se imparten; por los horrores que leemos a diario, parecería
que no), de Literatura, Estudios Sociales, Ética, Ciencias
Políticas, etc.
Es necesario que todos principalmente, la juventud lo
conozcamos, para tener después la capacidad de practicarlo.
¡El Salvador lo merece!
*Columnista de El Diario de Hoy.
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