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Tema para meditar
Problemas de comunicación conyugal

Edgar López Bertrand*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Usted no puede cambiarse a sí mismo o a su pareja, pero puede animarlo y ayudarlo a desarrollar ese lado no preferido. He visto suceder esto en la vida de muchos hombres y mujeres.

Si usted está casado con una persona extrovertida-sentimental, escuchará sobre las emociones de su pareja porque ella aparentemente las compartirá. Pero si usted está casado con alguien introvertido-sentimental, usted tiene una pareja que es igual que un extrovertido-sentimental, pero que lo guarda por dentro.

Usted terminará creyendo que es insensible. Y esto no es verdad, sólo necesitará ser más creativo para descubrir lo que hay dentro de ella.

Una de las quejas más comunes que he escuchado en consejería es la cuestión del cónyuge que no se comunica. Y la mayoría de las parejas se ocupa en un ataque directo de frente, el cual no funciona —o los separa con resentimiento— y hace muy poco para estimular a la pareja a franquearse.

Lo que sugiero es algo un poco diferente, pero en lo cual usted no tiene nada que perder, puesto que lo que hace ahora no funciona:

1. Acepte su silencio. Decida en su mente darle permiso para estar callado y para que responda de la manera que lo hace. Esto reducirá la presión y la frustración que usted siente cuando espera una respuesta y no la obtiene. Al aceptar su silencio para sí , usted retendrá un sentido de control sobre la interacción.

2. Evite hacer preguntas que puedan ser contestadas con un sí o un no. Utilice una pregunta indefinida, aquella que requiera una respuesta completa. Por ejemplo, en vez de preguntar: ¿Te gustó la película?, pregunte: ¿Qué te gustó de la película? Otro enfoque indefinido que hará que él salga de sí mismo es: “Estoy interesada en tu percepción sobre este asunto y pienso que tienes algo importante que añadir. Dime lo que estás pensando”.

3. Permítale estar callado. Quizás usted tienda a auxiliarlo. Un esposo callado no está siempre listo para dar más de un sí o un no por respuesta. Una de sus tendencias tal vez sea “auxiliarlo” llenando su molesto silencio con sus propias palabras. No sienta que usted tiene que aliviar la presión elaborando o ilustrando sus preguntas o poniendo palabras en su boca. Usted puede decir: Estoy interesado en lo que tienes que decir, pero puede que necesites pensar un poco. Por mí está bien. Tómate tu tiempo. Cuando estés listo para hablar al respecto, dímelo. Darle permiso para su silencio quitará la presión entre ambos.

4. Trate su silencio con un enfoque directo. Otra forma de invitar a su pareja a interactuar es tratando su silencio directamente. Usted puede decir: “Querido (a) estoy buscando una respuesta tuya y tú pareces estar pensando en algo. Estoy curiosa por lo que significa tu silencio en este momento”. Entonces, espere. O diga: “Puedes estar preocupado (a) por lo que yo responderé si compartes lo que tienes en tu mente. Creo que estoy lista (o) para escucharte”.

Una esposa utilizó un enfoque directo y dijo: “Algunas veces, cuando quiero hablar contigo, pareces preocupado o vacilante. Me pregunto si éste es el tópico o si hay algo que hago que te hace difícil responder. Quizá puedas pensar en esto y decírmelo después. Entonces se paró y quiso abandonar la habitación. Pero su tranquilo esposo dijo: “Vamos a hablar ahora. Estoy listo para comentar tu última afirmación.” El enfoque directo es más exitoso cuando uno invita a su pareja a decirle cómo ha estado haciéndole difícil la interacción.

Pero es muy importante escucharlo y no ponerse a la defensiva, no importa lo que él o ella diga. Lo que comparte puede que no sea acertado a su perspectiva, pero así es como él lo ve. Tenga cuidado de no decir nada que pueda hacerlo retroceder hacia lo profundo de su ser.

Usted no puede cambiarse a sí mismo o a su pareja, pero puede animarlo y ayudarlo a desarrollar ese lado no preferido. He visto suceder esto en la vida de muchos hombres y mujeres. Lo he experimentado en mi propia vida también. ¡Todos podemos aprender y crecer!

He visto ocurrir cambios asombrosos en muchas parejas de todas las edades. Esto puede hacer la diferencia en su relación también. Es extremadamente provechoso que parte del diario vivir la pareja permanezca sin comunicarse, esto anida en el corazón de los cónyuges ideas que pronto serán puestas en la boca de ambos para intercambiarse y fomentar de una manera sólida su vivencia como pareja.

Debemos de tomar en cuenta que en muchas ocasiones las personas necesitan no sólo estar solas, sino también calladas; estos períodos de silencio —involuntarios o con propósito— nos permiten ordenar nuestros pensamientos e ideas, nos permiten reflexionar errores cometidos, en especial en el campo de la dicción, que es el área donde el ser humano comete la mayoría de sus errores y causa mayores heridas a su relación conyugal, por lo que se recomienda como dijimos al principio, que el silencio proporciona hasta cierto punto, el realizar un inventario de cómo están las relaciones entre ambos.

La Biblia, en la Epístola de Santiago, le da una gran importancia a la lengua, por ella: Enamoramos, adquirimos, alabamos, adoramos a Dios, pero por la misma lengua: Deshonramos, denigramos, destruimos, herimos, etc., por eso su Palabra dice: “Bendito aquel que puede dominar su lengua, porque el que tal haga podrá dominar todo su cuerpo”.

*Pastor.

 

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