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Tomando la palabra
El dueño de la baraja

Raúl M. Alas*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com 

La tensión que se vive en Jerusalén y en los territorios ocupados de Palestina supone una llamada de atención para los líderes mundiales

La paz en Oriente Medio es un juego de póker a cuatro manos. Los jugadores de esta nueva iniciativa pacificadora son los integrantes del denominado “Cuarteto de Madrid”: Estados Unidos, Unión Europea, ONU y Rusia.

Cada uno cuenta con un “as” bajo la manga para hacer viable este proyecto. Sin embargo, todos necesitan que se mantenga la carta comodín en la baraja, que no es otra cosa que la “hoja de ruta”, la cual precisa de la mutua disposición de palestinos y judíos para alcanzar un acuerdo firme y estable en Tierra Santa. Por ahora, falta ver si el resto de involucrados acepta las reglas del juego.

La permanente tensión que se vive en Jerusalén y en los territorios ocupados de Palestina supone una llamada de atención para quienes ejercen de líderes mundiales. El polvorín sigue explotando ante sus ojos y parece la de nunca acabar. Cada semana figuran nuevos atentados suicidas de palestinos contra población civil en Israel y la respuesta violenta de las fuerzas aéreas israelíes hacia objetivos humanos en Palestina. Eso significa que la confrontación sigue proliferando peligrosamente, y la chispa de la venganza mantiene en vilo el itinerario hacia la paz.

Es cierto que este conflicto no es el único en el mundo, pero sí el que más cobertura informativa ha generado últimamente gracias a la implicación política de las grandes potencias. Además, hay muchos intereses en juego, y esta bomba de tiempo no se les puede ir de las manos, especialmente a Estados Unidos. Quizá por eso observamos un enorme impulso diplomático entre los cuatro grandes actores mencionados y algunos países árabes para reactivar en conjunto el proceso de paz y acelerar la salida negociada al conflicto.

Estados Unidos es el dueño de esta baraja. Desde que terminó la guerra fría, no ha surgido potencia alguna que sirva de contrapeso a la hegemonía política, económica y militar que ejerce la administración norteamericana en todo el mundo. De hecho, las intervenciones armadas en Kuwait, Afganistán y recientemente en Iraq han demostrado su poderío inapelable y creo que por el momento ningún país se atreve a cuestionar abiertamente su autoridad como gendarme del mundo.

No obstante lo anterior, esta actitud dominante como fuerza unilateral es una razón de peso para esperar represalias contra su propia seguridad nacional en el futuro, especialmente por mantener un acusado favoritismo a la causa judía en Oriente Medio. Estoy seguro de que la administración Bush lo sabe, por eso el giro en su política exterior hacia Israel y su interesado acercamiento hacia los países que no apoyaron su guerra particular contra el régimen de Sadam.

Varios países de la Unión Europea están entre ellos y, aunque en el momento álgido de la cuestión se enfriaron las relaciones bilaterales con Estados Unidos, ahora tienen un papel importante en este juego. Plantarle cara a Estados Unidos no ha sido una buena idea, y eso explica la ferviente disposición actual de Francia y Alemania para colaborar en la reconstrucción de Iraq. En efecto, la UE ve esta coyuntura como la oportunidad de oro para volver a figurar políticamente y convertirse en el interlocutor calificado en el diálogo entre palestinos y judíos. Su proximidad geográfica y sus nexos históricos y económicos con los países del área le conceden autoridad para la mediación diplomática.

La ONU va por el mismo camino. Es un imperativo de Kofy Annan involucrar al organismo multilateral en este proceso de paz, en parte para recuperar algo de la credibilidad perdida en estos últimos años y sacudirse el desprestigio que implicó haber sido puesta al margen por Estados Unidos durante la ocupación de Iraq.

Rusia también es un elemento decisivo en esta dinámica, pues su fuerte relación política y económica con los países árabes le otorga protagonismo para figurar en el bloque de apoyo al proceso negociador. Por otra parte, para Estados Unidos es importante tener de su lado a su ex adversario. Nadie hubiera creído este esfuerzo conjunto hace quince años y menos en esta región tan disputada por ambos en el último cuarto de siglo.

Aun con todo este apoyo diplomático, las posibilidades de lograr la paz en el corto plazo son remotas. Los grupos más radicales de ambos bandos se oponen sistemáticamente al cumplimiento fiel y exacto de la “hoja de ruta”. Por un lado, los ultraderechistas colonos judíos siguen asentándose en los territorios en disputa. Mientas que los militantes extremistas palestinos acusan al Primer Ministro palestino de conceder muchas ventajas al gobierno de Ariel Sharon en la lista de compromisos adquiridos.

Sin embargo, la reciente tregua acordada entre la OLP y los líderes de Hamas, Al Fatah y la Yijad islámica es un elemento de esperanza para acercar posiciones con el gobierno israelí, que también está dando pasos en firme para retirar sus tropas de Gaza y Cisjordania.

En realidad, esta hoja de ruta es una primera aproximación hacia la firma de acuerdos definitivos. El éxito de esta propuesta se materializará cuando todos los protagonistas de esta crisis pacten la creación de un Estado palestino, se concedan mutuamente “el respeto al derecho ajeno” y logren convivir por fin en plena armonía. Las cartas están servidas, vamos a ver si con el “comodín” en juego ambos pueblos pueden ganar esta partida con un póker de ases.

*Doctorando en Comunicación Pública de la Universidad de Navarra, España.

 

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