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Tomando la palabra
El dueño de la baraja
La
tensión que se vive en Jerusalén y en los territorios
ocupados de Palestina supone una llamada de atención para
los líderes mundiales
La paz en Oriente Medio es un juego de póker a cuatro
manos. Los jugadores de esta nueva iniciativa pacificadora son los
integrantes del denominado Cuarteto de Madrid: Estados
Unidos, Unión Europea, ONU y Rusia.
Cada uno cuenta con un as bajo la manga para hacer viable
este proyecto. Sin embargo, todos necesitan que se mantenga la carta
comodín en la baraja, que no es otra cosa que la hoja
de ruta, la cual precisa de la mutua disposición de
palestinos y judíos para alcanzar un acuerdo firme y estable
en Tierra Santa. Por ahora, falta ver si el resto de involucrados
acepta las reglas del juego.
La permanente tensión que se vive en Jerusalén y en
los territorios ocupados de Palestina supone una llamada de atención
para quienes ejercen de líderes mundiales. El polvorín
sigue explotando ante sus ojos y parece la de nunca acabar. Cada
semana figuran nuevos atentados suicidas de palestinos contra población
civil en Israel y la respuesta violenta de las fuerzas aéreas
israelíes hacia objetivos humanos en Palestina. Eso significa
que la confrontación sigue proliferando peligrosamente, y
la chispa de la venganza mantiene en vilo el itinerario hacia la
paz.
Es cierto que este conflicto no es el único en el mundo,
pero sí el que más cobertura informativa ha generado
últimamente gracias a la implicación política
de las grandes potencias. Además, hay muchos intereses en
juego, y esta bomba de tiempo no se les puede ir de las manos, especialmente
a Estados Unidos. Quizá por eso observamos un enorme impulso
diplomático entre los cuatro grandes actores mencionados
y algunos países árabes para reactivar en conjunto
el proceso de paz y acelerar la salida negociada al conflicto.
Estados Unidos es el dueño de esta baraja. Desde que terminó
la guerra fría, no ha surgido potencia alguna que sirva de
contrapeso a la hegemonía política, económica
y militar que ejerce la administración norteamericana en
todo el mundo. De hecho, las intervenciones armadas en Kuwait, Afganistán
y recientemente en Iraq han demostrado su poderío inapelable
y creo que por el momento ningún país se atreve a
cuestionar abiertamente su autoridad como gendarme del mundo.
No obstante lo anterior, esta actitud dominante como fuerza unilateral
es una razón de peso para esperar represalias contra su propia
seguridad nacional en el futuro, especialmente por mantener un acusado
favoritismo a la causa judía en Oriente Medio. Estoy seguro
de que la administración Bush lo sabe, por eso el giro en
su política exterior hacia Israel y su interesado acercamiento
hacia los países que no apoyaron su guerra particular contra
el régimen de Sadam.
Varios países de la Unión Europea están entre
ellos y, aunque en el momento álgido de la cuestión
se enfriaron las relaciones bilaterales con Estados Unidos, ahora
tienen un papel importante en este juego. Plantarle cara a Estados
Unidos no ha sido una buena idea, y eso explica la ferviente disposición
actual de Francia y Alemania para colaborar en la reconstrucción
de Iraq. En efecto, la UE ve esta coyuntura como la oportunidad
de oro para volver a figurar políticamente y convertirse
en el interlocutor calificado en el diálogo entre palestinos
y judíos. Su proximidad geográfica y sus nexos históricos
y económicos con los países del área le conceden
autoridad para la mediación diplomática.
La ONU va por el mismo camino. Es un imperativo de Kofy Annan involucrar
al organismo multilateral en este proceso de paz, en parte para
recuperar algo de la credibilidad perdida en estos últimos
años y sacudirse el desprestigio que implicó haber
sido puesta al margen por Estados Unidos durante la ocupación
de Iraq.
Rusia también es un elemento decisivo en esta dinámica,
pues su fuerte relación política y económica
con los países árabes le otorga protagonismo para
figurar en el bloque de apoyo al proceso negociador. Por otra parte,
para Estados Unidos es importante tener de su lado a su ex adversario.
Nadie hubiera creído este esfuerzo conjunto hace quince años
y menos en esta región tan disputada por ambos en el último
cuarto de siglo.
Aun con todo este apoyo diplomático, las posibilidades de
lograr la paz en el corto plazo son remotas. Los grupos más
radicales de ambos bandos se oponen sistemáticamente al cumplimiento
fiel y exacto de la hoja de ruta. Por un lado, los ultraderechistas
colonos judíos siguen asentándose en los territorios
en disputa. Mientas que los militantes extremistas palestinos acusan
al Primer Ministro palestino de conceder muchas ventajas al gobierno
de Ariel Sharon en la lista de compromisos adquiridos.
Sin embargo, la reciente tregua acordada entre la OLP y los líderes
de Hamas, Al Fatah y la Yijad islámica es un elemento de
esperanza para acercar posiciones con el gobierno israelí,
que también está dando pasos en firme para retirar
sus tropas de Gaza y Cisjordania.
En realidad, esta hoja de ruta es una primera aproximación
hacia la firma de acuerdos definitivos. El éxito de esta
propuesta se materializará cuando todos los protagonistas
de esta crisis pacten la creación de un Estado palestino,
se concedan mutuamente el respeto al derecho ajeno y
logren convivir por fin en plena armonía. Las cartas están
servidas, vamos a ver si con el comodín en juego
ambos pueblos pueden ganar esta partida con un póker de ases.
*Doctorando en Comunicación Pública
de la Universidad de Navarra, España.
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