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Comentando
Cuando la gente buena se va
Siempre
fue admirable y ejemplar ver cómo un hombre tan ocupado en
las cosas materiales del mundo jamás relegó a Dios
a un segundo plano.
Qué bonito es oír al unísono, cuando una persona
buena fallece: Pasó por el mundo haciendo el bien.
En este último año, dos destacadas personalidades
de nuestro entorno, a quienes puede perfectamente identificárseles
con esta frase, se han ido y sin la menor duda se encuentran al
lado del Señor.
El último que nos ha dejado, cuando todavía tenía
una vida por delante, es Archie Baldocchi. Me consta, por experiencia,
que su bondad para hacer el bien trascendía cualquier límite.
En cierta ocasión, una hija mía fue víctima
de una injusticia. Siendo la esposa de Archie, Angelita quien
asimismo posee un enorme corazón, amiga de mi hija,
al enterarse del incidente, y sabiendo que Archie la podía
ayudar, la condujo de inmediato a donde él, quien se encargó
personalmente de solucionar todo.
Siempre fue admirable y ejemplar ver cómo un hombre tan ocupado
en las cosas materiales del mundo que necesitaban de su atención
jamás relegó a Dios a un segundo plano. Verlo asistir
todos los domingos a misa con Angelita con quien, dicho sea
de paso, formó siempre atractivísima pareja,
y en los últimos meses no fallar nunca a su comunión,
era señal de que él sabía que todo poder ese
poder que envanece a las mayorías cuando se posee es
secundario y que es la humildad y amor hacia el Señor lo
importante. Esto es lo que en realidad lo hizo grande.
El sepelio de Archie confirma lo dicho. Éste fue una total
demostración del cariño y reconocimiento a su persona,
a donde lo acompañaran a su última morada, desde el
más sencillo empleado hasta el más encumbrado empresario,
amigos que llegaron de diferentes países y políticos
de derecha e izquierda unidos en el sentimiento. Todos se dieron
cita para darle el último adiós. Pero para los que
como él seguimos a Dios, no es un adiós, sino un hasta
pronto.
En noviembre nos dejó también un insigne abogado,
gran amigo de mi esposo y mío. Él fue el Dr. Jaime
Quesada, otro ser de inagotable bondad, a quien por esto Dios lo
tuvo en la lista de sus escogidos privilegiados.
Hombre poseedor de una brillante inteligencia, y de trayectoria
intachable, su acercamiento a Nuestro Señor fue un tanto
diferente al de Archie.
Él formó un maravilloso hogar con Lolita Pascual,
cuyo fruto fueran sus hijos, quienes siguiendo el sólido
ejemplo de sus padres, se han destacado como excelentes profesionales.
Siendo catedrático forjó el futuro de muchos, ahora
famosos abogados.
Sin embargo, él tenía dudas en cuanto a algunos puntos
cristianos. Debido a mi férrea fe en las cosas de Dios, cuando
en ocasiones con su esposa Lolita nos visitaban, o viceversa, teníamos
fuertes agarrones de los que terminábamos
muertos de risa, acerca de que si al morir resucitaríamos
como nos enseñó Jesucristo y en lo cual se basa nuestra
fe cristiana, o si nos reencarnaríamos como a él le
habían erróneamente hecho creer. Mi posición
era que estas filosofías salen de cerebros humanos, dado
que todo mundo por naturaleza tiene temor a enfrentarse a lo desconocido,
como es para muchos la incertidumbre de cómo será
el más allá. Entonces, es bonito y conveniente pensar
que regresaremos al único mundo que conocemos, en el que
quisiéramos seguir, sin importar que no recordemos nada de
nuestra vida anterior.
Él me aseguraba que en cada reencarnación
vamos purificando nuestras almas y vamos subiendo peldaños
hasta unirnos con la plenitud que es Dios. O sea que eventualmente
nos volveremos Dios. Yo le razonaba que esta idea no tenía
sentido, porque cómo puede ser posible que siendo que en
un principio el mundo estaba literalmente deshabitado y ahora somos
millones ¿de dónde salen tantas almas para tanta gente?
Además, si hemos estado viniendo desde hace millares de años
paleontológicamente hablando, desde que se supone
que existimos, no es bastante raro que este último siglo
hasta la actualidad, lejos de purificarnos, la humanidad está
más perversa que nunca, perdiendo totalmente el rumbo de
la moral y a donde la gente se identifica más con el mal
que con el bien.
Cuando le diagnosticaron un cáncer terminal, y él
sabiamente reconocía su posible final, un día, reforzando
una sugerencia que mi esposo le hiciera acerca de platicar con un
sacerdote de mentalidad tan privilegiada como la de él don
Juan Aznar, yo le dije que haciéndolo, si era él
quien estaba en lo correcto en su teoría, no se perdía
nada y nada pasaría, pero que si yo estaba en lo correcto,
como yo sabía que lo estaba, cuando se presentara frente
al Señor sería demasiado tarde.
A pesar de que su debilidad ya era notoria, dialogó muchísimo
con don Juan. Cuando le llegó la hora de partir, sabemos
que subió al cielo con el Señor. Había encontrado
a Jesús, y ese día hubo fiesta en el cielo para recibirlo.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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