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Palabras
Nueva Orleáns, fiesta en el barrio de todos

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Se dice que Nueva Orleáns nunca duerme, jazz, jazz y jazz por todas partes. Como cuando el siglo empezaba a erguirse y el mundo se volvió un instante más romántico.

Ante una época demarcada por las dos guerras mundiales. Por cierto en el año en que nací, el fulgor atómico en Hiroshima dio inicio a la edad del futuro incierto, al que nos aproximamos cada vez más.

En un bar de barrio en Nueva Orleáns, un letrero en la pared dice: “El chiste de vivir es gozar cada momento”.
Tiempo hubo en que unos filósofos llamados “hedonistas” presentaban al placer como el fin último y primero de la vida. Fue Epicuro, discípulo de Jenócrates, en Atenas, quien predicaba que el placer era el fin supremo del hombre y que hacia ello debían tender nuestros esfuerzos.

A causa de la falsa interpretación que suelen dar a su doctrina, se ha tomado como un libertino a aquel filósofo de ejemplar continencia. Lejos de poner el placer en los goces materialistas de los sentidos y la práctica de la virtud.


Dia a Dia

En repetidas ocasiones, los cabecillas del partido comunista se refieren en términos muy despectivos a la gran empresa, la que ofrecen garantizar “en la medida que cumpla objetivos de justicia social”. Pero si amenazan la existencia de las grandes empresas, que disponen de muchos recursos para defenderse, que Dios guarde a las pequeñas empresas, las que, llegado el momento, los comunistas eliminan de un plumazo. En Cuba no hay ni grandes ni pequeñas ni micro ni medianas empresas, fuera de las relacionadas con hotelería y turismo, el sector económico que sostiene a la dictadura de Fidel Castro.

Hay en Cuba grandes y privadas empresas, hoteles y servicios turísticos, a los que también se suman las microempresas, o “negocios personales”, en este caso las pobres cubanas, que deben vender sus cuerpos por las miserias que el castrismo las hace pasar. Nadie, es evidente, quiere esa clase de destino para las mujeres salvadoreñas, las hijas, esposas, amigas y conocidas de cada uno de nosotros.
 

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