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Escuela fue construida con el apoyo de Japón

Usulután. Recibían clases en galeras por las que se filtraba agua y los rayos del sol. Japón financió los materiales y los padres de familia aportaron la mano de obra para construir cuatro aulas.

Rosa Fuentes
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Los estudiantes cargan las sillas plásticas en las que reciben sus clases. Les hace falta mobiliario. Foto Rosa Fuentes

Cuatro aulas, cada una con capacidad para 50 estudiantes, fueron inauguradas ayer. Su construcción fue posible gracias a un esfuerzo unido de vecinos, autoridades locales y una organización japonesa. Serán favorecidos los 175 alumnos del centro de estudios.

Con la inauguración de la obra culminaron para decenas de padres de familia del caserío La Pampa, cantón El Sitio, en Puerto El Triunfo, cinco meses de trabajar como albañiles, carpinteros o vigilantes de bodega.

Muchos de ellos asistieron al acto de inauguración de las instalaciones. Satisfechos observaban los resultados de su sacrificio y aplaudían a quienes les proporcionaron el dinero para adquirir los materiales necesarios.

Juntos

La ayuda llegó de muy lejos. Desde Kobe, una ciudad japonesa que sufrió un terremoto en 1995 en el que murieron seis mil personas.

Los niños del caserío la Pampa recibían clases en unas galeras por las que se filtraban los rayos solares y la lluvia. Con los terremotos de 2001, la situación empeoró.

Preocupados, padres de familia y docentes gestionaron apoyo para construir un sitio seguro.

La primer respuesta favorable fue de la alcaldía que entregó en comodato por 50 años, un terreno al Ministerio de Educación. Ahí se construirían las ansiadas aulas.

Pero no habían fondos para adquirir materiales de construcción.

En Kobe funciona un comité de ayuda a víctimas de los terremotos de El Salvador. A la entidad pertenece el salvadoreño Camilo Bonilla. Ellos habían visitado la zona luego de los sismos y conocieron el problema de los niños del centro escolar.

Las gestiones iniciaron y en poco tiempo, Bonilla llegó con una propuesta. La organización japonesa brindaría el dinero para comprar los materiales, si los vecinos se encargaban de la mano de obra.

Estos aceptaron y durante cinco meses, se pudo apreciar en el lugar a hombres que, al terminar sus labores agrícolas, preparaban cemento y pegaban ladrillos.

Junto a ellos, había mujeres desarrollando similares trabajos luego de dar de comer a sus familias.

“Trabajamos de noche y los fines de semana, pero valió la pena”, expresó Guadalupe Cruz, una madre de familia

Carmen Quintanilla recuerda los turnos que hacía en la bodega para entregar materiales. Eran de doce horas, de noche. Al salir, se dedicaba a las labores normales de su hogar.

Aún falta

Hoy los niños cuentan con aulas adecuadas, pero no hay mobiliario. Cuando el centro inició, tenían diez sillas. Los padres de familia adquirieron otras plásticas. No hay agua potable ni electricidad.

El Lic. Jorge Esperanza, del Ministerio de Educación, Mined, indicó que entregarán una parte del mobiliario necesario al centro de estudios.

Además anunció que la Unión Europea se ha comprometido a ampliar las instalaciones y proporcionar el equipo necesario.

A su juicio, el ejemplo de la comunidad en el centro escolar, es digno de imitar.

El plantel recibe un bono escolar de parte del Mined, que se usa para la adquisición de material didáctico. Sumado a las nuevas instalaciones, es un considerable aporte para los alumnos.

Sin descanso

El esfuerzo fue determinante para hacer realidad el proyecto. Los padres de familia confían en que igual se logre apoyo para dar mantenimiento a la estructura.

- En el plantel trabajan cuatro docentes en turnos extraordinarios.

- Vacaciones, fines de semana e incluso en las noches, ellos se incorporaron a los trabajos de construcción.
- Muchos adolescentes se unían a sus padres para construir las instalaciones.

- La mayoría de padres de familia no tenía conocimientos de albañilería. Contrataron por cinco mil colones, a un “maestro de obra” que los dirigiera.

 

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