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La pregunta de actualidad
¿Dólares o colones y dólares?

Everardo Rivera*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Cada vez que se altera la paridad cambiaria fija, los costos son reales: quiebra, desesperación e impotencia por no poder pagar las deudas.

En los últimos días se ha escuchado constantemente la supuesta necesidad de un bimonetarismo en el país, como una medida que reactivaría la economía salvadoreña:

dada la ley de integración monetaria, que permite la libre circulación de colones y dólares, se plantea hacer resurgir la posibilidad de que el Banco Central emita colones, que estos circulen libremente y, por ende, con la presencia de colones, se influencie el tipo de cambio en el país; al darse esto, el tipo de cambio volvería a ser una variable a observar.

Paul Krugman, un prestigioso economista del MIT de EE.UU., manifiesta que una de las labores de los economistas es ser “contadores de historias”, que permiten hacer el ejercicio de pensar qué sucedería en caso de llevar a cabo una determinada política económica, sin tener que llevarla a cabo en la realidad para ver sus consecuencias.

Por ello, y bajo mi rol de economista, me permito contarles una historia, sencilla, pero reveladora: Imaginemos que nos encontramos en un país no muy lejano, donde no varía el valor del dinero en el tiempo. Es decir, la tasa de interés relevante es igual a 0%. En dicho país circulan libremente dos monedas, pesos y dólares, siendo el tipo de cambio: 1 peso igual a 1 dólar. En dicho país el salario mínimo es igual a 144 dólares o 144 pesos.

¿Qué pasa si un día, dado que el Banco Central de este país tiene la posibilidad de ejercer política monetaria y cambiaria, se ve motivado a alterar el tipo de cambio, y para promover la actividad del sector exportador, sitúa el tipo de cambio en tres pesos por dólar?

Claramente, todos aquellos que tienen ingresos en pesos y están endeudados o deben hacer sus pagos en dólares (alquiler o letra de casa, carro, televisión, etc.) se verían afectados negativamente. Pensemos en alguien que gana el salario mínimo. En nuestro ejemplo, mencionamos que éste era igual a 144 dólares o pesos.

Si la empresa le paga 144 pesos, y la persona posee una deuda de 50 dólares, el costo de la deuda sería prohibitivo; dado el nuevo tipo de cambio, éste sería de 150 pesos (¡y eso que hemos ignorado hasta ahora el valor del dinero en el tiempo! De lo contrario, la tasa de interés, y con ella el total de la deuda, subirían fuertemente).

La persona se declararía en quiebra, aunque quisiera, no podría pagar toda su deuda, dado su ingreso. Y lo mismo ocurriría para muchísimas personas, que aprovechando créditos más atractivos en cuanto a mejores plazos, tasas de interés, etc., habían adquirido deudas en dólares. De allí que preguntas relevantes dado el ejemplo anterior, sean: ¿Quién querría recibir sus ingresos en moneda local? ¿Usted estaría dispuesto a cambiar sus dólares por colones? ¿Qué hacer para obligar a usar la moneda nacional? ¿Un decreto? En el ejemplo anterior, los costos laborales se reducen tremendamente para los empleadores, a costa de los trabajadores.

Hoy en día, El Salvador está exento de un peligro que ha estado omnipresente en casi toda América Latina: El riesgo cambiario (variaciones esperadas en el tipo de cambio futuro respecto al tipo de cambio actual). La perversidad de la circulación de dos monedas (bimonetarismo) es la reaparición del riesgo cambiario, cuyo impacto, sin lugar a dudas, es un alza en las tasas de interés en moneda local, con sus consiguientes efectos negativos en el consumo y la inversión de personas y empresas.

Cada vez que se altera la paridad cambiaria fija, los costos son reales: quiebra, desesperación e impotencia por no poder pagar las deudas, ya sea que la banca nacional esté endeudada en dólares y preste en moneda local (pesos, colones o como quiera llamársele), o bien que la banca esté endeudada en dólares preste en dólares, pero las personas ganen en pesos, y ante cambios al alza en el tipo de cambio fijo (devaluaciones), el endeudado en dólares no pueda pagar.

Un recién casado dijo una vez que, antes de casarse, la persona lo piensa mucho: ¿Me caso o no me caso? Sin embargo, luego de casarse, esa pregunta deja de pensarse (¡por lo menos eso se esperaría!). En el caso de El Salvador, el país ya se casó con el dólar, por tanto, preguntarse hoy si el esquema monetario debe basarse en dólares o colones y dólares no es relevante. Ya se han señalado algunos efectos o riesgos altamente negativos del bimonetarismo.

La pregunta relevante es ¿cómo crecer más?, ¿cómo reactivar la economía? Y la respuesta parte por políticas económicas basadas en estabilidad macro (a lo cual contribuye sin duda alguna la dolarización), mercados libres y competitivos, apertura, perfección de los esquemas regulatorios, así como por la mejora institucional del país: modernización del sector público y mejor provisión de sus servicios, velar por los derechos de propiedad, mejora del orden jurídico en el país, etc.
*Miembro de la Asociación de Ex Alumnos de la Escuela Superior de Economía y Negocios

 

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