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La
nota del día
Se puede ahora escapar de la aldea
En una sociedad libre, el consumidor es el rey; sus votos (las compras)
son el elemento decisivo para el crecimiento de las empresas y su
permanencia en el poder económico.
La mayoría de las grandes empresas que hay actualmente
en El Salvador eran pequeñas hace cincuenta años,
o no existían. Y las grandes empresas de entonces han desaparecido
en su mayor parte. Este hecho, que se repite por igual en nuestro
país como en el resto del mundo, comprueba dos decisivas
realidades:
La primera, que el capitalismo es un sistema fundamental y enormemente
dinámico, donde la movilidad social hacia arriba o
hacia abajo es una de sus facetas sobresalientes. Los irreverentes
jóvenes que hace medio siglo iniciaban sus pequeños
negocios tenían como sus activos más importantes excelentes
ideas, enorme creatividad y total dedicación al trabajo.
Lo segundo, que ninguna empresa, fuera de las estatales, goza de
garantías en nada. Se dice, como ejemplo de esto, que hace
cincuenta años había en Estados Unidos, como hoy,
cinco tabacaleras que dominaban el mercado. Pero la más pequeña
de aquel entonces (Phillip Morris) es la principal ahora, mientras
que la más grande hace cincuenta años es la más
pequeña hoy en día. Y nadie puede predecir cómo
estarán estas empresas en el dos mil cincuenta.
El factor que determina el éxito de las empresas es su capacidad
para satisfacer las necesidades del mercado. Y el mercado
somos todos: los que compramos, preferimos y escogemos. En una sociedad
libre, el consumidor es el rey; sus votos (las compras) son el elemento
decisivo para el crecimiento de las empresas y su permanencia en
el poder económico. No hay conjuras, cabildeos o presiones
para conseguir que una fábrica de camisas o un restaurante
se mantenga como preferido del público. Lo que hace la diferencia
es la calidad, el precio, la garantía que ofrece para sus
productos.
Los ven divertirse pero no trabajando
Para los comunistas y por lo general también la izquierda
piensa así, las empresas hacen su dinero explotando
a sus trabajadores y empleados. En vez de ser las preferencias de
los consumidores la clave del éxito, creen que es la
explotación. La trasnochada tesis, sin embargo, choca
de frente contra una contundente realidad: que las empresas más
grandes son las que mejor pagan a su personal. La gente se esfuerza
por emplearse en ellas, ya que no sólo gana más dinero,
sino que tiene mejores oportunidades de progresar, capacitarse,
contar con buenas prestaciones y recibir mejor trato. Las grandes
y medianas empresas son las que más se preocupan por su imagen,
y el nivel de satisfacción que tenga su personal incide en
esto.
No es ningún misterio el porqué hay grandes empresas:
son grandes pues sólo así pueden satisfacer las grandes
necesidades de la población, con un alto grado de calidad
y a buenos precios. Abastecer a un pueblo entero de ropa, refrescos,
periódicos, materiales de construcción, medicinas,
etc., exige de grandes instalaciones y numeroso personal que en
su mayoría es especializado. Lo que además es muy
importante es que en gran parte las ganancias de estas empresas
se reinvierten, pues la competencia tanto interna como externa obliga
a la permanente renovación y reingeniería para no
quedarse atrás y lo más grave, transformarse primero
en pequeña empresa y luego en ex empresa.
La crítica contra la gran empresa surge de la mentalidad
de cantinero: ven a los empresarios divertirse, pero no los ven
trabajar.
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