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Rizos y enredos de juventud
Lo bueno de lo malo
Supongamos
que un día, un marinero te invita a cruzar el Océano
Atlántico en su lujoso yate. Piscina, buena comida, aire
acondicionado, cama doble, televisión satelital e Internet
son sólo algunas de las cosas que podrás disfrutar
en ese viajecito.
Pero antes de zarpar, te surge una curiosidad y le preguntás
a tu amigo, el marinero, dónde obtuvo su diploma que lo acredita
como un experto marítimo. El se ríe nerviosamente
y te responde: En el Lago de Coatepeque
¿Quién califica a un buen marinero?
Un buen marinero no se hace en lagos, sólo los mares embravecidos
pueden
capacitarlos. Las grandes olas y tempestades son los mejores aliados
de
cualquier hombre que desee convertirse en un excelente capitán
de navegación marítima. No importa que tan segura
es la nave como que tan calificados son los marineros que la conducen.
Antes de navegar en cualquier mar, todo
hombre desearía haber pasado, por lo menos, la experiencia
de haber navegado cerca de la playa a través de una buena
tormenta.
Adversidad: ¿amiga o enemiga?
Así como los buenos marineros no se hacen en aguas tranquilas,
los hombres ganadores no se hacen en circunstancias favorables.
La adversidad es un excelente aliado que nos acompañará
toda la vida. Ayudará a forjar nuestro carácter, constancia
y personalidad. Ningún individuo que la desprecia o la
rechaza puede llegar a convertirse en un excelente marinero llamado
a navegar a través de las tormentas que la vida diaria presenta.
Aprendamos a sacar lo bueno de lo malo (Santiago 1:2-4), sabiendo
que luego que la prueba termine, estaremos capacitados para ayudar
a otros a navegar con éxito por el mismo mar.
Iglesia SEGUIDORES. Tel 263-7073
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