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Palabras
Masada: Un grito en el desierto...

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

En el año 70 de la era cristiana, después de algunos años de rebelión judía contra el imperio romano, el general romano Tito conquistó y saqueó Jerusalén, destruyendo el templo.

El último bastión judío huyó a Masada con sus familias, totalizando unas mil personas. En el año 72, una legión romana de 15,000 hombres cercó Masada.

Eleazar ben Yalr, líder de los judíos, al comprender que el fin se acercaba, pidió a sus adeptos unirse a él con un ideal de morir junto con sus hijos y mujeres, antes de caer en la esclavitud. Atravesaron sus cuerpos con espadas y prendieron fuego al palacio de Masada.

“¡Hemos de morir libres!” fueron las últimas palabras de aquellos héroes. Desde aquel entonces, Masada, una cumbre desolada en el desierto de Judea, ha quedado como un símbolo universal de la libertad del hombre.


Dia a Dia

El alzamiento del 17 de junio de 1953, en Alemania, fue la primera de similares revueltas en todos los países dominados por los comunistas. Todas fueron sofocadas por el terror: la de Hungría, la de Checoeslovaquia, las de Polonia y las menores que sacudieron a Bulgaria, Rumanía y las naciones bálticas. Lo más significativo es que los alzados eran, mayoritariamente, estudiantes y trabajadores. Pese a los muchos años de sufrir lavados del cerebro y ser indoctrinados para crear “al nuevo hombre socialista”, en todos ardía el fuego de la libertad. Como también arde en el corazón de los cubanos, en el pecho de los venezolanos y en el de los chinos, como se pudo ver en los incidentes de Tianamen.

Los alzamientos fueron provocados por la falta de libertades, por la presencia permanente de la policía política, por la censura, por el espionaje a la población, por las sofocantes regulaciones y racionamientos. En esos años de la posgerra, Alemania Oriental no estaba mucho peor que España o Italia en cuanto a conseguir alimentos, empleo o artículos de consumo. La diferencia espantosa era la falta de libertades, la opresión total que caracteriza a las dictaduras comunistas.

 

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