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Imágenes e ideas

María Teresa de Jovel*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Habría que buscar una mentalidad más sensible, en la que exista un verdadero respeto por la justicia para poder llegar a una paz verdadera.

El mundo que nos rodea y que nuestra percepción verifica y expresa por medio de nuestra inteligencia, de nuestra palabra escrita o hablada y de nuestra imaginación tiene, cada vez más, un horizonte sin límites. Porque los cambios que se producen cada día en el ámbito de las comunicaciones, más que una simple revolución tecnológica, son un mundo de imágenes e ideas que continuamente nos bombardean desde todos los sistemas de comunicación, que cada vez son más variados, más diferentes, más rápidos y más al alcance de todos.

Esta constante comunicación que en su rápida transmisión ofrece imágenes e ideas que van y vienen de un continente a otro, de un país a otro, puede tener consecuencias positivas y negativas sobre el desarrollo psicológico, moral y social de los pueblos, la estructura y el funcionamiento de las sociedades, el intercambio de una cultura con otra, la percepción y la transmisión de los valores, las ideologías y las convicciones.

No se necesitaría de mucha imaginación para ver el mundo como una esfera interconectada en la que las transmisiones electrónicas lo atraviesan y lo inundan, un planeta que está en continua comunicación en el tremendo silencio del espacio. El problema que preocupa es: ¿Todo esto contribuye al auténtico desarrollo humano y ayuda a las personas y a los pueblos a ser fieles a su destino trascendente?

No podemos ser pesimistas; creo que en la mayoría de los casos la respuesta a esta interrogante es afirmativa. Podemos constatar cuando entramos a páginas culturales que los nuevos medios de comunicación electrónica son poderosos instrumentos para la educación y para el enriquecimiento cultural e intelectual, para la actividad comercial, para la participación política, para el diálogo y la comprensión de la gente. Pero es una moneda de dos caras. Esta moneda tiene también su reverso: esos mismos medios mencionados se pueden utilizar también para explotar, manipular, dominar y corromper a las personas, en especial a los niños y los jóvenes.

La Internet es el último y más poderoso medio de comunicación, que durante los últimos años ha eliminado en forma progresiva el tiempo y el espacio y modificado e interferido en las ideas y las imágenes, invadiendo las mentes de una manera cada vez más completa, dominando los obstáculos para la comunicación entre un número inimaginable de personas. Tiene enormes e insospechadas consecuencias para la gente, las naciones y el mundo.

En la actualidad han surgido excelentes ideas para el uso de la Internet e iniciativas innovadoras que pueden ser útiles para su buen uso. Sin embargo, que el uso sea correcto o incorrecto depende del conocimiento de las mismas y de la elección que se haga.
Una buena elección dependerá de la comprobación del compromiso que dichas iniciativas tengan y promuevan a favor de la dignidad de la persona humana y de los valores humanos, sociales y morales.

Como sucede con los otros medios de comunicación, la valoración ética de la Internet depende del fin que se propone. El centro de la valoración ética es la persona y la comunidad de personas, y el desarrollo integral de las mismas y el bien común de los pueblos.
La solidaridad es la virtud que dispone a la gente a proteger y promover el bien común. No debería ser un sentimiento superficial hacia los males de tantas personas.

Tiene que ser una determinación firme y perseverante de empeñarse por lograr el bien común. Es decir, por el bien de todos y cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de todos. Y, debido a las consideraciones anteriores sobre ese medio de comunicación tan poderoso como es la Internet, la solidaridad debe tener ahora una clara y fuerte dimensión internacional. Tendría, entonces, que hablarse de un bien común internacional y debería ser una nueva obligación de todos trabajar por él.

Qué importante es para el hombre de hoy conseguir el bien común internacional, la verdadera virtud de la solidaridad internacional, la correcta revolución en los medios de comunicación social y la tecnología de la información e Internet.
Hasta ahora, todos estos avances tecnológicos tampoco se han distribuido equitativamente. Hay muchos que están excluidos de este proceso.

Hay que buscar un compromiso decidido de practicar la solidaridad también en lo que se refiere a la tecnología. Puede ser un medio para resolver problemas humanos, promover el desarrollo integral de las personas y crear un mundo regido por la justicia y la paz.
Ahora más que nunca, los medios de comunicación tienen la capacidad y la oportunidad de hacer de cualquier persona, en cualquier lugar en que se encuentre, un compañero en los problemas y dificultades que afectan a la humanidad entera.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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