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El Salvador en perspectiva
Opiniones que asustan
El
peligro se extiende mucho más allá de desconocer el
derecho a la propiedad privada.
Un microempresario, don Tulio, me dijo que ya había decidido
votar por el FMLN en las próximas elecciones presidenciales.
Dice que está dispuesto a dar al FMLN la oportunidad de conseguir
lo que las administraciones anteriores no pudieron, ya que el costo
de la vida se ha multiplicado, todo está más caro
y se paga en dólares en vez de colones.
La electricidad, el agua, el teléfono y los impuestos municipales
han subido. El desempleo ha aumentado, la criminalidad ya no se
aguanta y los servicios públicos de salud, educación
y seguridad continúan deficientes.
Don Tulio se dedica a construir y reparar edificaciones y no tiene
más personal que un amigo y un hijo. El dirige el trabajo
e inspecciona la obra terminada. Su inversión es minúscula,
y sus gastos fijos son ínfimos: el teléfono, la energía
eléctrica, el agua y los impuestos municipales. Su oficina
es su casa, y sus archivos son una libreta que lleva en la bolsa.
Confiesa que no le va mal porque trabaja mucho. Es orgulloso de
su independencia y celoso de su reputación de ser cabal y
honrado.
Don Tulio es representativo de los salvadoreños trabajadores,
a quienes poco les interesa la política. No vamos a decir
cuántos van a votar ni sabemos cuántos piensan como
don Tulio, pero sí sabemos que son muchos los que no entienden
la diferencia entre una economía de mercado y una economía
totalitaria o controlada.
Teóricamente, una economía de mercado produce lo que
el mercado puede consumir, y la economía controlada o socialista
obliga a los habitantes a consumir lo que el gobierno ordena que
se produzca. En una economía de mercado, el precio se establece
de acuerdo con el costo de producción, pero en las pocas
economías socialistas el precio se establece arbitrariamente,
y todas están quebradas o intentando transformarse en economías
de mercado.
El peligro para El Salvador es que, en una democracia, la mayoría
manda, y muchos están descontentos por las desgracias naturales
y los disturbios políticos instigados por la oposición
y desean un cambio. Hasta hoy, la única alternativa ha sido
un partido de una ideología obsoleta, contraria a la política
social y económica de los países desarrollados y progresistas
del mundo. Es muy posible que por omisión, la izquierda extrema
encuentre el apoyo que le dé una victoria.
El peligro se extiende mucho más allá de desconocer
el derecho a la propiedad privada. Lo más grave es que el
país se desajuste del mecanismo de la globalización
y se quede sin mercados para su producción y sin poder pagar
por los productos que tiene que importar, que son muchos.
Las tendencias mundiales son abolir los precios artificiales con
aranceles y subsidios de los insumos y productos básicos
del comercio mundial. La situación se debe al exceso de producción
y disparidad en el costo y los precios. Desafortunadamente, el comercio
salvadoreño, que sostiene la economía, consiste precisamente
en productos vulnerables que necesitan protección para ser
competitivos: textiles, granos, azúcar y café.
Ciertamente, el comercio interno del país es impresionante,
pero el consumo excede por mucho la producción y depende,
en parte, del flujo malsano, que no aporta nada al PIB ni a la inversión
nacional y muy poco al sostenimiento del gobierno: que son las remesas
familiares.
La interacción entre la economía y la política
es innegable, y los factores más decisivos son la inconformidad
endémica y la desigualdad económica en el mundo. Por
falta de otro dato, citaremos a ABANSA, la cual calcula que el 47%
de la población vive con menos de dos canastas básicas
al mes, que agregado a los inconformes como don Tulio, que no están
satisfechos aunque tienen ciertas comodidades. Esto da una idea
de la cantidad de simpatizantes que los oportunistas de la extrema
izquierda pretenden manipular a su favor.
Las fuerzas de la derecha de El Salvador ya se están unificando
y estamos seguros de que los salvadoreños responderán
al reto y no permitirán a la izquierda lograr el poder.
*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.
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