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El Salvador en perspectiva
Opiniones que asustan

Mario Rosenthal*
El Diario de Hoy
e-mail: mrelsalv@navegante.com.sv

El peligro se extiende mucho más allá de desconocer el derecho a la propiedad privada.

Un microempresario, don Tulio, me dijo que ya había decidido votar por el FMLN en las próximas elecciones presidenciales. Dice que está dispuesto a dar al FMLN la oportunidad de conseguir lo que las administraciones anteriores no pudieron, ya que el costo de la vida se ha multiplicado, todo está más caro y se paga en dólares en vez de colones.
La electricidad, el agua, el teléfono y los impuestos municipales han subido. El desempleo ha aumentado, la criminalidad ya no se aguanta y los servicios públicos de salud, educación y seguridad continúan deficientes.

Don Tulio se dedica a construir y reparar edificaciones y no tiene más personal que un amigo y un hijo. El dirige el trabajo e inspecciona la obra terminada. Su inversión es minúscula, y sus gastos fijos son ínfimos: el teléfono, la energía eléctrica, el agua y los impuestos municipales. Su oficina es su casa, y sus archivos son una libreta que lleva en la bolsa.
Confiesa que no le va mal porque trabaja mucho. Es orgulloso de su independencia y celoso de su reputación de ser cabal y honrado.

Don Tulio es representativo de los salvadoreños trabajadores, a quienes poco les interesa la política. No vamos a decir cuántos van a votar ni sabemos cuántos piensan como don Tulio, pero sí sabemos que son muchos los que no entienden la diferencia entre una economía de mercado y una economía totalitaria o controlada.

Teóricamente, una economía de mercado produce lo que el mercado puede consumir, y la economía controlada o socialista obliga a los habitantes a consumir lo que el gobierno ordena que se produzca. En una economía de mercado, el precio se establece de acuerdo con el costo de producción, pero en las pocas economías socialistas el precio se establece arbitrariamente, y todas están quebradas o intentando transformarse en economías de mercado.

El peligro para El Salvador es que, en una democracia, la mayoría manda, y muchos están descontentos por las desgracias naturales y los disturbios políticos instigados por la oposición y desean un cambio. Hasta hoy, la única alternativa ha sido un partido de una ideología obsoleta, contraria a la política social y económica de los países desarrollados y progresistas del mundo. Es muy posible que por omisión, la izquierda extrema encuentre el apoyo que le dé una victoria.

El peligro se extiende mucho más allá de desconocer el derecho a la propiedad privada. Lo más grave es que el país se desajuste del mecanismo de la globalización y se quede sin mercados para su producción y sin poder pagar por los productos que tiene que importar, que son muchos.

Las tendencias mundiales son abolir los precios artificiales con aranceles y subsidios de los insumos y productos básicos del comercio mundial. La situación se debe al exceso de producción y disparidad en el costo y los precios. Desafortunadamente, el comercio salvadoreño, que sostiene la economía, consiste precisamente en productos vulnerables que necesitan protección para ser competitivos: textiles, granos, azúcar y café.

Ciertamente, el comercio interno del país es impresionante, pero el consumo excede por mucho la producción y depende, en parte, del flujo malsano, que no aporta nada al PIB ni a la inversión nacional y muy poco al sostenimiento del gobierno: que son las remesas familiares.

La interacción entre la economía y la política es innegable, y los factores más decisivos son la inconformidad endémica y la desigualdad económica en el mundo. Por falta de otro dato, citaremos a ABANSA, la cual calcula que el 47% de la población vive con menos de dos canastas básicas al mes, que agregado a los inconformes como don Tulio, que no están satisfechos aunque tienen ciertas comodidades. Esto da una idea de la cantidad de simpatizantes que los oportunistas de la extrema izquierda pretenden manipular a su favor.
Las fuerzas de la derecha de El Salvador ya se están unificando y estamos seguros de que los salvadoreños responderán al reto y no permitirán a la izquierda lograr el poder.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.


 

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